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El verano destapa multitud de pazos que celebran bodas de manera irregular y sin licencia en Galicia

Pazo de Brexo

Miguel Pardo

El problema, denuncian fuentes del sector, es ya “común y habitual” en Galicia y no solo va a peor sino que puede tener graves consecuencias, tanto en lo económico como, sobre todo, en las responsabilidades que tendrán que asumir sus organizadores en caso de cualquier problema. Docenas de fincas y pazos están siendo empleados para la celebración de bodas y banquetes, especialmente en verano, sin tener licencia para hacerlo o haciéndolo de manera irregular.

La denuncia surgió hace tiempo de Ascega (Asociación Profesional de Autónomos, Emprendedores y Empresarios de Galicia), que intensifica sus demandas de solución ante la proliferación de casos y las quejas de hosteleros y responsables de pazos y casas rurales que sí cumplen con los requerimientos. Según sus cálculos, “más del 50%” del sector incumple la legalidad, al menos en la provincia de A Coruña, aunque el cálculo se eleva todavía más en otros territorios. “Los espacios que celebran bodas sin licencia supera el 60%”, añade otra fuente experta.

La falta de un listado oficial, los datos de portales especializados en estos eventos indican que en Galicia hay unos 140 espacios al margen de salones de bodas, restaurantes y hoteles que celebran casamientos y los consiguientes banquetes. La mayoría de ellos son pazos y fincas, pero también algún castillo, bodega o espacio singular. Tirando por lo bajo los cálculos de Ascega, más de 70 de ellos carecerían de los permisos requeridos.

Ascega ha advertido ya a varios ayuntamientos sobre las irregularidades y “muchos de ellos están actuando, aunque otros siguen sin contestar”. Desde el de Bergondo, a pocos kilómetros de A Coruña, se ha prohibido a tres pazos celebrar bodas ya en el pasado mes de julio. Otro, el de Cambre, ordenó ya el pasado mes de abril a la empresa de catering Josmaga que dejase de realizar este tipo de eventos en el pazo de Brexo, al carecer de licencia para estas celebraciones. Pero los eventos han seguido celebrándose allí, también en junio, tal y como ha comprobado la policía local. Se le cortó la electricidad al inmueble y se le impuso una multa de 1.000 euros a la compañía. No funcionó.

Han continuado las fiestas y la administración local ha advertido de que pondría en conocimiento de la Fiscalía los reiterados incumplimientos. Incluso así, las celebraciones siguieron en los meses de junio y julio, por lo que el Ayuntamiento emitió una resolución en la que ordenó el precinto de las instalaciones el pasado 1 de agosto. Al día siguiente, la policía local coloca el precinto en el lugar y levanta acta, pero el día 3 el pazo acoge otra boda. El Ayuntamiento registra el incumplimiento y amenaza con 10.000 euros de multa, pero el siguiente fin de semana, el día 10, tuvo lugar otro casamiento con banquete incluido. “Hubo luz y agua”, advierte Ascega. La sanción fue confirmada y la administración local advierte de que la siguiente sería de 30.000. “Les compensa”, advierten fuentes de servicios de catering.

“Si esto no se detiene, va a continuar el efecto llamada”, explica Alfonso Salazar, presidente de Ascega, que advierte de que “el problema lo tienen los que organizan el evento, que son los novios”. “Es una irresponsabilidad”, añade, tras alertar de que la mayoría de las parejas “no saben del problema en el que se meten”. En buena parte, se queja, porque las administraciones no están informando lo suficiente de que “muy buena parte de este sector actúa de forma ilegal”.

Hace ya meses, Ascega también se puso en contacto con la Xunta, advirtiéndole de más de una docena de casos de pazos que celebraban estos eventos irregularmente. Preguntada por este diario, la Consellería de Cultura y Turismo dice estar recopilando datos sobre las denuncias y casos conocidos que podrían suponer irregularidades.

La Agencia de Protección de la Legalidad Urbanística (APLU) puso hace tiempo en marcha una investigación sobre cinco establecimientos en la provincia de A Coruña tras las denuncias de Ascega, que asegura que, de ampliarse las pesquisas la otras provincias, la situación de muchos pazos y casas singulares arrojará luz sobre la cantidad de irregularidades.

En la mayoría de los casos, denuncian la asociación y fuentes del sector, las parejas que organizan los eventos son informados de la licencia de casa de turismo rural o de restaurante del espacio contratado. No obstante, la necesaria es la específica de bodas y banquetes y que, según las denuncias, más de la mitad de las empresas no tienen. “En el momento en el que ocurre algo, los seguros no se hacen responsables porque se carece de los permisos idóneos”, recuerdan.

Ya ha habido casos, fuera y dentro de Galicia, donde los novios han tenido que asumir las consecuencias económicas como responsables de intoxicaciones alimentarias o accidentes. “¿Y si hay un incendio porque la carpa no guarda la distancia necesaria con un monte? ¿Y si no hay un dispositivo contra el fuego idóneo? ¿Y si no hay salidas de emergencias?”, se pregunta el dueño de un pazo que sí cuenta con todos los permisos y licencias necesarios, obtenidos tras la adecuación de la finca. En ella se incluyen el cumplimiento de la accesibilidad, inspecciones de Patrimonio, instalaciones eléctricas adecuadas, mantenimiento de la cadena de frío... En el caso de Cambre, el Ayuntamiento tuvo que ordenar la demolición de una construcción irregular anexa a un pazo que funcionaba como cocina.

“La inversión en una adecuación total puede superar los 600.000 euros, los mismos que se ahorra quien no la hace y que, además, no está sometido a ningún tipo de control ni inspección. Lo más grave no es la competencia desleal, sino el riesgo que corren las parejas y, muchas veces, sin saber de los riesgos ni a lo que se exponen”, explica otra fuente del sector.

“No son clandestinos, son ilegales”

“No son clandestinos, son ilegales pero se publicitan como legales”, insisten las mismas fuentes advirtiendo de las publicaciones en redes sociales o de la propaganda de lugares que continúan celebrando eventos sin permiso para hacerlo. “Es como cuando tienes seguro en el coche pero no tienes pasada la ITV; si no pasas la inspección, es como si no tuvieses seguro”, explica.

“Hay un permiso específico que exige una serie de equipamientos a las empresas. Si no hay permiso, no hay seguro. En esa situación, cualquier problema sería responsabilidad de los organizadores, que son quienes contratan el evento”, añade Ascega, que recuerda que la ley de espectáculos públicos determina que se el dueño del local se declara insolvente, son los novios los que deben responder al 100% y enfrentarse a multas de hasta 600.000 euros de haber denuncia y no tener la licencia idónea o de hasta 30.000 sólo por incumplir el aforo o el horario.

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