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La primera tienda 'online' española vendía coches desde Valencia en los años 80

En 1985, Ford instalaba en su fábrica de Almussafes (Valencia) un sistema de e-commerce pionero en España. Desarrollado en 1979 por el inglés Michael Aldrich, utilizaba la tecnología videotext, antecesora de internet, para permitir a los más de 200 concesionarios de la marca conectarse a una gran base de datos con todos los coches disponibles y adquirirlos según los iban demandando sus clientes.

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Adam Warm, jefe de informática de Ford en Inglaterra, utilizando el sistema instalado en Valencia

Adam Warm, jefe de informática de Ford en Inglaterra, utilizando el sistema instalado en Valencia

Verano de 1979.  Michael Aldrich, hoy conocido como el padre del comercio electrónico, paseaba tranquilamente con su mujer y su perro por el bosque cerca de su casa en Colgate, al sureste de Inglaterra, cuando recordó con fastidio que debían ir al supermercado a hacer la compra semanal. En aquel preciso instante, a Aldrich le vino una idea a la cabeza.

Meses antes había recibido en su oficina de la empresa de ordenadores The Rediffusion Group (hoy ROCC Computers) un prototipo de una televisión que pretendía llegar a los hogares británicos para ofrecer información y servicios en tiempo real. Era un adelanto de lo que más tarde se iba a conocer como Prestel, la rudimentaria internet que comenzó a implantar la empresa de Correos británica aquel mismo año.

Aldrich, enfrascado en la creación de ordenadores, había ignorado entonces aquel dispositivo y se había limitado a mantener una charla superficial con un colega ingeniero. Ahora, todo aquello podría serle útil para realizar su compra semanal sin salir de su salón. Así que Aldrich regresó a su casa y comenzó con los experimentos.

Conectó, mediante su línea de teléfono doméstica, una televisión ligeramente modificada con un servicio de teletexto a un ordenador que podría procesar transacciones. De este modo, creó un sistema que conectaba terminales de manera bidireccional y en tiempo real y les permitía realizar gestiones entre ellos.

Su primera idea era que sirviera para hacer la compra online desde casa, como hizo la  británica Jane Snowball por primera vez en la historia en 1984. Sin embargo, este nuevo sistema, al que Aldrich bautizó como Videotext para diferenciarlo de Prestel, abría todo un mundo de posibilidades de comercio electrónico.

En 1982 la marca Ford lo integró en su planta de Brentwood,  al sureste de Inglaterra, y tres años más tarde lo trajo hasta la fábrica española de Almussafes, en Valencia. Gracias a esta tecnología, se creó una gran base de datos a la que cualquiera de los 220 concesionarios oficiales de Ford en España (equipados con unos terminales específicos) podía conectarse para  consultar los vehículos disponibles para su venta en ese preciso momento.

Revisando la información facilitada por videotexto en uno de los concesionarios de Inglaterra

Revisando la información facilitada por videotexto en uno de los concesionarios de Inglaterra

"Era algo que no estaba visto", explica a  HojaDeRouter.com Vicente Meneu Casalta, quien en enero de 1987 entró en la compañía como ingeniero de mantenimiento de telecomunicaciones y se encargaba de revisar que el sistema estuviera operativo para recibir las conexiones de los concesionarios.

Esto no solo les permitía localizar un vehículo con unas características determinadas entre los stocks de todos los concesionarios españoles, sino también cumplimentar todo el papeleo del traspaso del coche a distancia. "Era una tienda online", rememora Meneu, actual gerente de tecnología informática (IT) de Ford. "Lo que hoy llamamos el comercio electrónico business to business (B2B)", puntualiza, y recuerda que entonces no había internet en la mayoría de las oficinas ni en los hogares españoles. Para eso habría que esperar hasta los años 90.

Aquel sistema se estandarizó y, en 1994, comercializado por Telefónica con el nombre de  Ibertext, ya daba acceso a la red a 400.000 españoles. Se anunciaba como la tecnología del futuro.

Sin embargo, para muchos, como los empleados de Ford, siguió llamándose Viewdata, un nombre que se había utilizado tanto para hablar de los sistemas de videotexto como de su pariente cercano, el teletexto, que solo era capaz de enviar datos en una dirección y no necesitaba nada más que un televisor para ello.

Una herramienta de ventas única

Antes de la aparición de este sistema de videotexto, los concesionarios solo podían ofrecer los vehículos que tenían en su propio  stock. "Cada concesionario hacía los pedidos dependiendo de su visión y experiencia de lo que solían demandar los clientes", detalla Meneu. Como es lógico, no siempre se acertaba. Así que muchas veces, si un cliente llegaba pidiendo un coche que no estaba disponible, la única alternativa era realizar un pedido específico para que en la fábrica se produjera.

La llegada de este sistema lo cambió todo. "Era una herramienta de venta para facilitarle el vehículo con las características que quería el cliente con mayor rapidez que no tenerlo que encargar y esperar a que lo fabriquen", precisa Meneu.

Además, era muy sencillo de utilizar. "Por ejemplo, si buscabas un vehículo y todos los requerimientos de búsqueda coincidían, te lo ponía en verde; si había algún requerimiento que no coincidía pero la mayoría sí, en amarillo; y si encontraba uno que coincidía pero que el concesionario no lo quería transferir, te lo marcaba en rojo", detalla Meneu.

Este ingeniero no solo se encargó de revisar que todo estuviera a punto para que los concesionarios se conectarán al Videotext, sino que también aprovechó sus funcionalidades. "Cuando yo me compré el  Ford Escort XR3, lo estuve buscando por el sistema y lo encontré en un concesionario de A Coruña", recuerda Meneu.

Además de buscar modelos específicos introduciendo parámetros como el color, el motor o la transmisión, este localizador también permitía encontrar vehículos en una área delimitada por el usuario. Además, servía para llevar un control pormenorizado de las ventas por zonas, regiones y país, lo que también hacía posible realizar acciones de marketing y ventas específicas. Incluso ayudaba a que los concesionarios disminuyeran la inversión sobre su stock particular y así pudieran reducir también su coste financiero.

El inventor de este sistema y precursor del actual comercio electrónico Michael Aldrich falleció en mayo de 2014

El inventor de este sistema y precursor del actual comercio electrónico Michael Aldrich falleció en 2014

Aunque hoy en día estamos más que familiarizados con todas estas funcionalidades, entonces era algo novedoso. Como recuerda Meneu, a principios de los 80 había otras empresas como General Motors que utilizaban el videotexto para sus buscadores internos, pero ninguna contaba con un sistema tan sofisticado como el de Ford.

Así se recoge también en la revista Information Management, creada por el propio Michael Aldrich,  fallecido en mayo de 2014, y actualmente parte de sus archivos. En esta publicación, Alan Warm, jefe de sistemas informáticos de Ford en Brentwood, decía en 1985: "La mayoría de los sistemas de localización de vehículos son simplemente eso, con pocas o ninguna función adicional". Y añadía:  "Nuestro localizador de vehículos es probablemente el mejor del sector".

Warn se refería sobre todo a las ventajas que ofrecía en lo que a burocracia se refiere. Si un concesionario decidía adquirir un vehículo disponible en otro, el sistema le facilitaba la documentación de la transferencia y del automóvil, así como las facturas necesarias para completar la operación en un solo proceso automatizado.

Así funcionaba el pionero sistema

Al haber sido un sistema que estaba en funcionamiento (y con gran éxito) en Inglaterra, la puesta en marcha en España fue más sencilla que si hubieran partido desde cero. Se instalaron en la sede de Valencia dos ordenadores centrales de la marca ROCC. Cada uno de estos terminales estaban conectado a una batería de módems de Telefónica a través de la línea telefónica normal y soportaban hasta 32 conexiones simultáneas desde los concesionarios. Su interfaz era similar a la que hoy podemos ver en el teletexto, con colores muy llamativos y gráficos muy básicos. 

"Eran 75 bytes por segundo de subida y 1.200 bytes por segundo de bajada", detalla Meneu. Velocidades más que suficientes por aquel entonces. Por ejemplo, las conexiones de subida (que transmitían desde los terminales de los concesionarios a los ordenadores centrales) solo debían soportar la carga de caracteres alfanuméricos, así que "75 estaba muy bien para alguien que estuviera escribiendo en un teclado a la velocidad de mecanógrafo", explica el ingeniero. También ajustada estaba la velocidad de bajada (desde los ordenadores centrales a los terminales), que era algo superior porque debía soportar gráficos (aunque muy básicos). 

Su estética era similar a la del teletexto de las televisiones

Su estética era similar a la del teletexto de las televisiones

En todo este proceso, el mantenimiento del que se encargaba Meneu era clave.  Cada mañana revisaba cuántas conexiones se habían realizado. Esto le permitía diagnosticar si había algún fallo, ya fuera en alguno de los 32 canales con los que contaba cada ordenador o en el módem, y en caso de que así fuera repararlo. "Realizábamos unas pruebas de conectividad utilizando un terminal como si fuéramos un concesionario", recuerda.

A principios de los 90 este sistema se sustituyó por otro más moderno con ordenadores IBM. "Seguía ofreciendo una funcionalidad similar, pero mucho más rápido, y se podía acceder desde un ordenador personal desde cada concesionario", explica Meneu.

Aunque fueron pioneros en su aplicación al comercio electrónico, el Videotext no llegó a España solo de la mano de Ford. En 1982 se utilizó para informar sobre el Mundial de fútbol y, un año más tarde, para mostrar los resultados de las elecciones locales y autonómicas. No obstante,  en ninguno de esos casos buscaba realizar las funciones de tienda online que había concebido su creador, Michael Aldrich, un día de verano mientras paseaba por el bosque con su esposa. 

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Las imágenes son propiedad, por orden de aparición, de  The Michael Aldrich Archive PippaJane/Wikimedi y  Bernard Marti/Wikimedia

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