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Freddie Mercury en la isla del exceso: “Fue la persona más grande que he conocido en mi vida”

Freddie Mercury de fiesta en el Pikes.

Nicolás Ribas

5 de febrero de 2026 22:32 h

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En la primavera de 1986, Freddie Mercury ya era uno de los mejores vocalistas de la historia del rock. Había publicado once discos de estudio con Queen, la banda británica que contaba con tantos estilos musicales distintos que resulta imposible clasificarla en un solo género. Entre sus influencias se cita a Elvis Presley, The Beach Boys, Jimi Hendrix, The Beatles, The Rolling Stones, David Bowie, Pink Floyd o Led Zeppelin. Pero tal vez fuera su ópera prima, A night at the opera (1975), el álbum de estudio por el que alcanzaron la cima musical. En la primavera de 1986, cuando solo quedaban unos meses para publicar A Kind of Magic, Freddie Mercury estaba de vacaciones en Eivissa, donde visitó por primera vez el mítico hotel Pikes.

–Me llamo Freddie Mercury.

–Me alegro, amigo –le respondió Tony Pike–.

–¿Esto es un hotel?

–Bueno, lo será, si tengo la oportunidad de terminarlo.

–¿Cuándo será un lugar en el que pueda alojarme y grabar música?

–Jesús, danos un respiro.

El hotel Pikes, que en ese momento estaba en obras, es una antigua finca reconvertida en hotel en los años 80 al calor del boom turístico por Tony Pike. Se trata de un empresario británico que fue definido como “el maestro de ceremonias durante 30 años de libertinaje de celebridades” por el periódico The Guardian. Está situado en una zona rústica del municipio de Sant Antoni de Portmany, en el centro oeste de la isla. Desde su fundación, se convirtió en un lugar de descanso y desenfreno para todo tipo de artistas, famosos y personalidades excéntricas, como se recoge en el libro Mr. Pikes: The Story behind the Ibiza legend (MT Ink, 2017), escrito por el propio Tony Pike en colaboración con Matt Trollope.

En el capítulo dedicado a Mercury, con quien Pike tuvo una relación muy estrecha, cuenta la anécdota de que no le conocía, pese a que hacía mucho tiempo que Queen era una de las bandas de rock más importantes del momento (y más tarde, de la historia).

–Me llamo Freddie Mercury.

–Eso ya me lo has dicho.

“Todavía puedo ver la expresión de su cara, y ahora me río, porque claramente no podía creer que yo no hubiera oído hablar de él”, explica Pike, quien se justificaba diciendo que era un hombre que se pasaba el día trabajando. “En los años 80 no tenía tiempo para estudiar a los famosos. Estaba demasiado ocupado desarrollando el hotel”, argumentaba. 

El dueño del hotel, Tony Pike, no reconoció a Freddie Mercury porque, según él, se pasaba todo el día trabajando: 'Todavía puedo ver la expresión de su cara, y ahora me río, porque claramente no podía creer que yo no hubiera oído hablar de él'

Tony Pike con Freddie Mercury y amigos en común, en el Pikes.

El hotel de los VIP

Eivissa en aquella época era diferente. Las estrellas del rock, del cine, la gente famosa o de la farándula pasaba mucho más desapercibida. Encontraban un cierto anonimato que no tenían en otros lugares. “Muchas veces solo me daba cuenta de que alguien era famoso porque me lo presentaban o porque pasaba tiempo con él. (...) A muchas celebridades les gusta el hecho de que yo no sepa quiénes son”, cuenta Pike.

Hasta el punto de no saber quién era Freddie Mercury, uno de los músicos más importantes de la historia. El primer día de Mercury en el hotel, Pike se lo llevó de fiesta a la sala VIP de la mítica discoteca Ku –ahora UNVRS, del imperio Matutes–. El club tenía el techo abierto, lo que era una molestia constante para los vecinos de la zona. “La dirección, el personal, todo el mundo allí sabía perfectamente quién era Freddie Mercury y nos trataron como a reyes”, reconoce Pike. “Le encantó el sitio y la hospitalidad que recibió”.

Mercury, como es conocido, era un hombre dominado por los excesos –especialmente, por el consumo de cocaína–, que eran directamente proporcionales a su personalidad carismática y arrolladora. Don’t stop me now, del álbum Jazz, tal vez sea el tema que mejor ejemplifica el hedonismo de esta leyenda del rock. “Freddie era genial, un tipo maravilloso, alguien a quien adoraba por completo. A menudo nos tumbábamos en la cama durante horas, hablando, esnifando líneas. El consumo de cocaína de Freddie a veces era totalmente desmesurado”, narra su amigo. Las juergas que se corrían en ese hotel ya son historia. Son parte del mito y éxito de Eivissa, pero también de su oscuridad y decadencia. Una isla en la que el exceso turístico ha engullido el bienestar de los vecinos.

Tony Pike con Freddie Mercury jugando a tenis.

Otro de los habituales del hotel era Kenny Everett, el humorista británico fallecido a los 50 años, como su amigo Mercury, como consecuencia del sida. Cuenta Pike que solía aparecer durante la primavera pidiendo una habitación de hotel, sin reservar.

 –Kenny, no has vuelto a reservar.

Y él contestaba:

–Oh, no pasa nada, conozco al jefe.

–Yo soy el puto jefe, pedazo de idiota.

–Oh, perdona, Tony, no te había reconocido.

Los clientes estaban encantados de que una estrella de la televisión como él se hospedara en el Pikes. Solía pasear por los alrededores de la piscina del hotel hablando con la gente o sentándose en el bar. Como le pasaba a su amigo Freddie, también era un hombre dominado por los excesos, en una década en la que mucha gente murió como consecuencia del caballo.

Drogas con Kenny Everett

En una de esas noches de desenfreno, mientras cenaban en un restaurante italiano de lujo que estaba al lado de Amnesia –la discoteca fundada por Antonio Escohotado– y enfrente del Ku, Kenny se pasó con el ácido hasta el punto de perder el conocimiento. “Le gustaba y lo tomaba constantemente”, comenta Pike. “Los viajes solían venir en papel secante, divididos en cuatro cuadraditos, y aquella noche en concreto Kenny se pasó tres pueblos y se tomó tres tandas de cuatro”, explica. Diez o quince minutos después, los ‘tripis’ empezaron a hacer efecto.

Los brazos se le empezaron a poner de forma muy recta, extendida y rígida. Tenía los puños apretados. Apenas podía hablar de lo colocado que estaba. Ni siquiera en el VIP del Ku le permitieron permanecer en ese estado.

–Tony, vas a tener que llevarte a tu amigo a casa, le dijo uno de los dueños del Ku.

Pike intentó convencerle de que se quedara con él, sin éxito.

–Mira, Tony, no soy tonto. Sé que eso no es alcohol, son drogas… y no puedo tenerlo ahí sentado así en el club. Da mala imagen para el negocio. Por favor, sácalo de aquí.

Era cerca de la una de la madrugada, así que Tony se llevó a Kenny a dormir, aunque no sabía a dónde. No se lo podía llevar al hotel porque son unos quince minutos en coche y Pike quería volver al Ku, donde había conocido a una chica. Después de llamar a la puerta de varios vecinos de la zona, sin éxito, un hombre accedió a acoger a Kenny. “Le expliqué que era famoso, que no se encontraba bien y que necesitaba un lugar donde descansar”.

–Ah, claro, Kenny Everett, tráelo.

Sacaron una sábana, le tumbaron en el sofá y le dejaron durmiendo hasta el día siguiente. Pike volvió a la fiesta, aunque cuatro horas después se despidió de la chica con la que estaba para volver a por su amigo.

 –Cariño, me tengo que ir.

–¿Ah, sí? —dijo ella.

–Es una historia larga, tengo unos invitados famosos a los que cuidar… pero quedamos otro día. Lo siento, es complicado.

Cuando volvió a por él, Kenny seguía igual. Tirado en el sofá con los brazos en ángulo recto. Tony cargó con él y se lo llevó con el coche de vuelta al hotel. Eran las siete de la mañana. Desvistió a su amigo y lo acostó en su habitación. Cuando Kenny se despertó, no se disculpó con su amigo. Tony cree que la razón es que Kenny no se acordaba de nada. “Y, de todos modos, estoy seguro de que todavía estaba colocado”, asumía.

Tony Pike tomando el sol en su barco.

Montserrat Caballé quiso alojarse en el hotel

Un año después, en mayo de 1987, Mercury cantó Barcelona por primera vez en el bar trasero del Pikes, un espacio que con los años mutó en la Suite Marrakech. Aquella noche, en realidad, estaba practicando para su actuación con Montserrat Caballé en Ku, dentro del festival Ibiza 92, organizado para celebrar la designación de Barcelona como sede de los Juegos Olímpicos. Faltaban todavía seis meses para que se lanzara la canción.

Caballé quiso alojarse en el Pikes, pero no había habitaciones disponibles. “Tengo que estar con Freddie, vamos a cantar una canción”, dijo. Tony Pike le preguntó cuál. “Nuestro nuevo disco, Barcelona”. No pudo ser. Si ambos se hubieran quedado, probablemente la habrían cantado juntos. Mercury la interpretó solo. “Fue un momento increíble”, recuerda Pike, “aunque hubo muchos momentos increíbles durante esa época”.

Aquella noche, además, la princesa Smilja Mihailovitch de Yugoslavia –la fundadora de la marca de moda ibicenca Adlib– organizó una gran fiesta en Ku. Pike la describe como “una auténtica snob”. Presenciaron la actuación de Mercury y Caballé desde la zona VIP de la discoteca. Para Pike fue una imagen “inolvidable”. Según cuenta, Pino Sagliocco, promotor musical, fue clave para que Barcelona acabara convertida en himno olímpico. Pike y él eran inseparables en los años ochenta. “Éramos uña y carne”, escribe. “Le debo mucho a Pino, me presentó a muchos artistas (...) que se alojaron en el hotel gracias a él”, reconoce.

Vista aérea del hotel Pikes en los 90.

El gran cumpleaños

A finales del verano de 1987, Mercury volvió al Pikes con su gente. Su cumpleaños se acercaba y quería celebrarlo allí. “Pero quiero que sea extravagante”. “Lo tendrás. Freddie, lo que quieras, lo tendrás”, le respondió Pike. Puso dos condiciones: empezar a las siete de la tarde y recibir a todos los invitados “con champán francés”. Su amigo se reía.

–Freddie, si es champán, será francés. Todo el champán es francés.

–¿Por qué?

–Porque proviene de las uvas de la región francesa de Champaña.

–Pues no lo sabía.

–Eres un ignorante, pero quédate por aquí y quizá aprendas un par de cosas.

–Vale, Pike, cabrón.

Freddie, si es champán, será francés. Todo el champán es francés porque proviene de las uvas de la región francesa de Champaña. Eres un ignorante, pero quédate por aquí y quizá aprendas un par de cosas

Tony Pikes Dueño del hotel

Pike aceptó. Hablaron incluso de compartir la fiesta con Elton John, una idea que acabó descartada tras las fricciones entre los mánager de Queen y Elton John. “Olvídate de Elton y haz la fiesta tú solo”, le dijo Pike. Mercury estuvo de acuerdo. “Quiero una fiesta que pase a la historia de Ibiza y de la que se hable en todo el mundo”. Tony, con presupuesto, iba a hacer lo que Mercury quisiera, decía. “Siempre he pensado que era la estrella más grande”.

El sábado 5 de septiembre de 1987, sin invitaciones formales y con la consigna de correr la voz “a la gente adecuada”, unas 700 personas pasaron por el Pikes. Hubo que tirar un muro de la cocina para poder servir la cena. Se buscó a personal de forma improvisada para trabajar aquella noche. Se llenó la entrada de globos negros y dorados, rellenos de helio. A última hora, un incendio provocado por un globo de helio estuvo a punto de arruinarlo todo. Las llamas, que se apagaron a tiempo, se encendieron porque uno de los invitados apagó un cigarrillo en uno de los globos.

Todo alrededor de Mercury era exagerado y excesivo. Tanto es así que se trajo una tarta, con la forma de la Sagrada Familia, en jet privado. Llegó destrozada desde Barcelona tras un aterrizaje complicado. Hubo que improvisar otra. También acabó mal: alguien lanzó a la secretaria de Pike dentro del pastel. La fiesta siguió hasta el día siguiente por todo lo alto. Y el coste ascendió a 52.000 libras de la época.

Mercury hizo traer una tarta, con la forma de la Sagrada Familia, en jet privado. Llegó destrozada desde Barcelona tras un aterrizaje complicado

En la historia del Pikes hubo muchas estrellas y muchas noches memorables, pero, para Tony Pike, ninguna resume mejor el espíritu del lugar que Freddie Mercury. “Fue la persona más grande que he conocido en mi vida”. Mercury llamaba al Pikes “un hogar lejos de casa”. Para Pike, no hubo elogio mayor, viniendo de “una estrella tan grande y de alguien que había recorrido el mundo entero”.

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