La médica Candela busca urgentemente piso en Formentera: “Como no encuentre nada, me tengo que ir. Y no quiero”
Candela es una médica de urgencias que, como muchas especialistas de la Medicina, recala en el archipiélago balear después de haber aprobado el MIR con el objetivo de ganar experiencia. Graduada en Enfermería y Medicina, hizo la residencia como médica de familia en el Hospital Universitario Ramón y Cajal de Madrid, que terminó en julio de 2025. Los contratos que le empezaron a ofrecer en los hospitales públicos de la Comunidad de Madrid son precarios y temporales, por lo que la sanitaria se planteó emprender el rumbo hacia un lugar que estuviera más cerca de Denia, su ciudad natal. Fue así cómo terminó en Formentera.
“Hablé con el gerente del hospital [de Formentera] y justo tenía contratos disponibles”, explica la urgencióloga. Se topó, como muchas otras trabajadoras públicas, con un mercado del alquiler devorado por la especulación en torno a la vivienda. Le han llegado a ofrecer “compartir ya no un piso, sino una habitación”. Es otra vuelta de tuerca más al trilerismo inmobiliario que padece una isla que solo se lee en clave mercantil. En uno de los portales digitales más conocidos solo se alquila un piso por debajo de 1.200 euros. En realidad, es un estudio de 38 metros cuadrados situado en Es Pujols. Lo siguiente que se puede alquilar por menos de 2.000 euros: un piso de 30 metros cuadrados al lado del puerto de La Savina, con una habitación. Tiene una pequeña terraza y zona ajardinada. Se alquila por temporada. 1.900 euros al mes.
“Alquilar en Madrid es difícil también, pero hay más posibilidades para elegir, para poner tus condiciones”, asegura Candela. La médica lamenta que en Balears “no tienes opción de elegir”. En el caso de Formentera, “hay lo que hay: tienes seis o siete opciones para elegir, pero no puedes valorar ni el presupuesto ni las condiciones”. En su caso, necesita encontrar habitación o vivienda para entrar en abril porque a finales de mes tiene que abandonar el piso en el que está ahora. Una persona a la que conoce se lo alquila entero por 400 euros. Un precio imposible de encontrar no ya en Formentera sino en todo el archipiélago balear.
El hospital ofrece camas
Debido al grave problema estructural que hay en Balears con la falta de sanitarios, el Área de Salud de Eivissa y Formentera ofrece una alternativa habitacional a aquellos que llegan de la península u otras partes del país. “Te ofrecen una habitación en el hospital hasta que encuentres alojamiento”, comenta. Cuando llegó ella, en temporada alta, fue imposible encontrar nada en el mercado privado, por lo que optó por la opción temporal del hospital. Su caso es muy particular. Igual trabaja cinco o seis días al mes porque solo hace guardias en urgencias. Por tanto, podría vivir fuera de Formentera. Incluso en Denia. Y acudir el día antes en barco a Eivissa primero y la Pitiüsa del sur después. El hospital facilita la habitación, pero no deja de ser una solución precaria.
Para buscar piso, detalla, lo que funciona más es el “boca a boca”. “Te van conociendo, se lo dices a la gente y se corre la voz”. Formentera es una isla que no llega a los 12.000 habitantes, con una superficie de 83 kilómetros cuadrados. Todo el mundo se conoce. Cuando empezó de nuevo su búsqueda en octubre, vio que la mayoría de las opciones que había disponibles eran alquileres de temporada. Es decir, hasta marzo o abril. “Quienes alquilan en verano a temporeros [por un precio superior], en invierno se lo alquilan a quienes vivimos todo el año”, afirma Candela. Los sanitarios, así como los trabajadores del sector educativo, u otros empleados públicos, tienen la ventaja de tener una seguridad económica. Lo utilizan como reclamo a través de las redes sociales para encontrar una vivienda. “Como son trabajos que aportan estabilidad económica, te dicen que digas tu profesión en redes para que el casero sepa que no vas a tener problemas”, reconoce.
Formentera es una isla que no llega a los 12.000 habitantes, con una superficie de 83 kilómetros cuadrados. Todo el mundo se conoce. La mayoría son alquileres de temporada
Entre otoño e invierno, se alquilan los pisos en unas horquillas que se mueven entre los 1.600 y los 1.800 euros. Dos habitaciones, si llega. Sin embargo, entre la primavera y el verano, el aumento es muy elevado. “Si es un piso de dos habitaciones, las hacen dobles y meten a cuatro personas en total, dos en cada una”, lamenta. “Me ofrecieron una casa de nueva construcción: un alquiler de larga duración que ofrecían a profesores o sanitarios”, detalla. Era una casa con dos habitaciones, dos baños y una terraza. “Espectacular, todo estupendo”. Hasta que supo cuáles eran las condiciones. El piso entero se alquilaba por 1.800 euros, lo cual le pareció un precio razonable. “Su idea era que conviviésemos cuatro personas. Cada habitación tenía dos camas de 90”, lamenta.
“Me pareció un insulto”, afirma con indignación. “No comparto habitación con mi hermana desde que tengo 13 años”, añade. Candela, por cierto, tiene 35. “Quieren [sacar] la mayor rentabilidad al menor espacio posible”, afirma. “Es verdad que hay gente que se toma ese trabajo de temporada como un campamento de verano: trabajan más de 12 horas al día y solo vuelven al piso para dormir. Trabajan, ganan dinero y se van”, añade. Sin embargo, hay gente que quiere “echar raíces en un sitio porque le gusta su trabajo”.
“No nos cuidan”, insiste Candela, que recuerda que luego, la población local, pretende “llegar a las dos de la mañana al hospital y que haya un médico”. Pone como ejemplo que, cuando hay temporal y mala mar, los médicos que se desplazan desde Eivissa a veces no pueden llegar a su destino porque los barcos no salen. “Quien se queda trabajando es quien ha hecho la guardia del día anterior”, puntualiza la médica. “Están buscando la máxima rentabilidad a costa de quienes vivimos aquí todo el año y no accedemos a condiciones dignas”.
Los ciudadanos quieren llegar a las dos de la mañana al hospital y que haya un médico. Quien se queda trabajando es quien ha hecho la guardia del día anterior. Están buscando la máxima rentabilidad a costa de quienes vivimos aquí todo el año y no accedemos a condiciones dignas
“Hay poco y es caro”
A la especulación inmobiliaria se le une una escasez de pisos. “Hay poco y lo que hay es caro”, explicó recientemente José Miguel Artieda, presidente del Colegio de Agentes de la Propiedad Inmobiliaria de Balears, en declaraciones para Europa Press. Entre las razones, destacan la reducción de la construcción en los últimos años; el crecimiento demográfico; el elevado número de viviendas vacías “que por diversas razones no salen al mercado” y el auge del alquiler de temporada. Este sector asegura que hay un progresivo descenso en la oferta de viviendas para alquiler de larga duración que comenzó tras la pandemia de coronavirus.
Según Artieda, fue durante la pandemia cuando algunas inmobiliarias que se dedicaban solo a la venta pasaron a trabajar también los alquileres. En estos momentos, sin embargo, hay poca disponibilidad. “A lo mejor tienen de uno a cinco alquileres al mes, pero las otras [inmobiliarias] pueden estar meses sin tocar un alquiler”, destacó. De hecho, el precio de la vivienda se ha vuelto a disparar en el archipiélago balear: un 13,4% de media durante el 2025, según datos del Índice de Precios de Vivienda (IPV) del Instituto Nacional de Estadística (INE), publicados el 6 de marzo.
El precio de la vivienda se ha vuelto a disparar en el archipiélago balear: un 13,4% de media durante el 2025
Candela lamenta que la turistificación también está detrás del incremento de precios. Recuerda que ella ha veraneado durante muchos años en Formentera, por lo que ha sido una testigo privilegiada de la evolución especulativa que ha padecido la isla. “Antes pagabas 3.000 o 4.000 euros por una semana de alojamiento”, mientras que ahora son 10.000 euros de media, asegura. Así, opina que se debería poner coto a los pisos y apartamentos turísticos para que haya más oferta para la población local y residente.
“No voy a pagar 1.800 euros por un piso”
Candela insiste en que le gusta mucho su trabajo y que le gustaría seguir en Formentera, pero que no lo va a hacer a cualquier precio. Reconoce que el problema de la vivienda podría ser una razón para abandonar la isla. “No voy a pagar 1.600 o 1.800 euros por un piso que no lo vale. No trabajo para pagar un alquiler, trabajo para vivir”, defiende. La búsqueda, confiesa, va “fatal” porque ahora empiezan “los alquileres de temporada”.
Tal vez pueda irse a vivir temporalmente a una casa pequeña del hermano de un compañero de trabajo del hospital, que forma parte de la finca rústica en la que vive. Y que se lo podría alquilar a un precio asequible, hasta que ella encontrara una opción más estable. “Como no encuentre nada, me tengo que ir. Y no quiero”, concluye.
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