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Un aliado incómodo: el dilema de la extrema derecha de Francia ante Trump y la galaxia MAGA

Amado Herrero

París —
15 de febrero de 2026 22:11 h

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Steve Bannon cree que hay tres elementos que conseguirán destruir la Unión Europea. “El primero es el Brexit, en el que me impliqué al lado de Nigel Farage; el segundo, la elección de Donald Trump y sus políticas nacionalistas-populistas; y, por último, el tercer elemento será la elección de Marine Le Pen y el partido Agrupación Nacional en Francia”.

El antiguo asesor de Donald Trump durante su primer mandato (2017-2021) expuso esta visión en una reciente entrevista concedida al programa de la televisión pública francesa Complément d’enquête, en la que también aprovechó para ajustar cuentas con Jordan Bardella. “Yo le llamo el niño. Es un peso pluma. Es incapaz de sacar a Francia de la crisis. Por eso digo que es un chiquillo”.

El origen del desprecio de Bannon por Bardella se remonta a febrero de 2025, semanas después del regreso de Donald Trump a la Casa Blanca. El joven presidente de Agrupación Nacional (antiguo Frente Nacional) acudió a la reunión del CPAC en Washington, cumbre conservadora que ese año celebraba el regreso al poder de Trump, en el que Bardella debía pronunciar un discurso. Sin embargo, este decidió cancelar su participación minutos después de que Bannon hiciera un saludo nazi en el mismo escenario.

Desde entonces, el joven presidente del partido lepenista parece haber asumido una cierta distancia con la actual Administración estadounidense y con la galaxia MAGA (Make America Great Again) en la que se apoya. Aunque no siempre fue así. En el mismo viaje a EEUU de 2025, Bardella consideró en una entrevista con la cadena de televisión Newsmax que la reelección de Donald Trump era “un mensaje extremadamente positivo para todo el mundo occidental” y afirmó estar de acuerdo con el polémico discurso contra Europa pronunciado por el vicepresidente JD Vance en Múnich el año pasado.

Sin embargo, escaldado por el incidente de CPAC, Bardella parece haber abandonado la idea de un acercamiento directo y ha adoptado una postura más similar a la de su mentora, Marine Le Pen. Así, en el Parlamento Europeo, Bardella pronunció recientemente un discurso de “firmeza frente al chantaje de Donald Trump”, en relación a sus amenazas sobre Groenlandia.

La línea histórica del partido, especialmente desde que Marine Le Pen asumiera el control en 2014, está centrada en una visión soberanista basada en la acción a nivel nacional, tanto frente a las organizaciones supranacionales (OTAN, ONU, UE) como a injerencias extranjeras (con la notable excepción de la anexión rusa de Crimea). Criticada durante mucho tiempo por sus vínculos con Vladímir Putin —que hoy niega—, la actividad internacional de Marine Le Pen se limita desde hace años a los encuentros con otros grupos de extrema derecha europea.

Distancia prudencial

En relación con Donald Trump, Le Pen siempre ha mantenido una línea de prudencia, consciente de que los excesos y la imprevisibilidad del presidente estadounidense pueden comprometer la estrategia de normalización de su partido. Especialmente, a poco más de un año de las elecciones presidenciales de 2027 en las que la formación ultra aspira a llegar al Elíseo, ya sea con Bardella o —si la Justicia francesa lo permite— con Le Pen.

Así, Marine Le Pen fue una de las primeras en Francia en condenar la captura de Nicolás Maduro por parte del Ejército estadounidense. “Existe una razón fundamental para oponerse al cambio de régimen que Estados Unidos acaba de provocar en Venezuela. La soberanía de los Estados nunca es negociable, independientemente de su tamaño, su poder o el continente al que pertenezcan. Es inviolable y sagrada”, afirmó en X la diputada francesa.

Las encuestas ilustran el dilema de los líderes de la extrema derecha francesa ante Trump. Según el barómetro anual de la consultora Verian, publicado por Le Mondeel presidente estadounidense es muy impopular entre una mayoría de los franceses (74%). Sin embargo, un 40% de los simpatizantes de RN tienen una buena opinión de él. 

En ese contexto, los líderes del partido lepenista tratan de asociarse a elementos clave del discurso MAGA, pero sin que eso los conecte directamente con Trump. “Siempre hemos dicho que queremos ser una voz independiente, que no estamos afiliados ni a unos ni a otros”, aseguró el vicepresidente de RN, Louis Aliot, a la agencia de noticias AFP. Aliot, que también es alcalde de Perpignan, asistió en representación del partido tanto a la investidura de Donald Trump como al homenaje a Charlie Kirk en Colorado, tras su asesinato en septiembre.

Algunas de las convergencias ideológicas son obvias: a ambos lados del Atlántico, la inmigración procedente de otros continentes se describe como una amenaza a la supuesta identidad occidental; asimismo, se denuncian supuestos ataques a la libertad de expresión por un sistema “globalista y woke”; se rechaza el papel regulador del Estado (y más aún de la UE) y se opone la voluntad popular con el funcionamiento del Estado de derecho.

“Podemos encontrar puntos en común en temas como la lucha contra la inmigración y la protección de las fronteras o la denuncia del wokismo”, confirmó Aliot, quien no obstante quiso señalar diferencias. “Ellos tienen una dinámica que mezcla el patriotismo y, en cierto modo, la religión, algo que nos es totalmente ajeno”.

Posibles injerencias

Más allá de esas convergencias ideológicas, una información aparecida hace unas semanas en el diario alemán Der Spiegel volvió a relacionar a Marine Le Pen con el actual Gobierno de EEUU. Unos días antes de la apertura del juicio en apelación (cuya sentencia se conocerá el 7 de julio), Der Spiegel afirmaba que la Administración Trump consideró imponer sanciones a los jueces que condenaron a Le Pen en primera instancia en marzo del año pasado.

Aunque la información fue desmentida en los días posteriores por el Departamento de Estado de EEUU, el reciente testimonio de la secretaria general de la Comisión Nacional francesa Consultiva de Derechos Humanos, Magali Lafourcade, acredita la tesis de un interés particular de Washington por el juicio de Marine Le Pen.

Lafourcade explicó haber aceptado una reunión con “dos emisarios de la Administración Trump, a petición de la Embajada estadounidense en París”, en principio, para hablar sobre derechos humanos. “Muy pronto la conversación pasó a girar en torno a la situación judicial de la señora Le Pen, con la idea de buscar elementos que pudieran acreditar la idea de que se trataba de un proceso puramente político para impedirle ser candidata”. Un movimiento que, a ojos de Lafourcade, tenía como claro objetivo “recabar elementos con fines de injerencia”.

Mientras, el resto de la extrema derecha francesa ha abrazado sin demasiados complejos el trumpismo y la ideología MAGA. En particular el partido Reconquête!, cuyo candidato, Éric Zemmour obtuvo el 7% de los votos en las elecciones presidenciales de 2022.

De cara a 2027, la prensa francesa especula con la posibilidad de que Zemmour pase el testigo a la eurodiputada Sarah Knafo, una de las representantes de una nueva generación en la extrema derecha francesa, que últimamente cuenta con los favores de los medios de comunicación de Vincent Bolloré. Knafo asume que el universo MAGA “es un laboratorio de lo que funciona y lo que no funciona”, según ha declarado. De momento intentará aplicar esa fórmula en la campaña para la alcaldía de París, a la que se presenta el próximo mes de marzo.

Otras voces que esperan tener peso en las próximas citas electorales francesas, como Louis Sarkozy o Marion Maréchal, también muestran su fascinación por Trump.

La nieta de Jean-Marie Le Pen, que ha presentado un libro en los principales medios franceses, no duda en enumerar “luchas comunes” que le unen al presidente estadounidense. “La lucha contra la inmigración, la inseguridad, la lucha contra el narcotráfico, el wokismo, entre otras cosas”, explicó a la radio pública France Inter. “Hoy, Donald Trump está haciendo algo muy interesante desde el punto de vista político, está explicando que la voluntad política puede volver a imponerse sobre la tecnoburocracia, sobre el gobierno de los jueces que nos incapacita”.