Nueve hombres, cero mujeres: ¿es hora de que el mundo elija a la primera secretaria general de la ONU?
“Nosotros los pueblos de las Naciones Unidas, resueltos a preservar a las generaciones venideras del flagelo de la guerra (…) a reafirmar la fe en (...) la igualdad de derechos de hombres y mujeres”. Estas fueron, y no otras, las palabras elegidas en San Francisco en 1945 para el preámbulo del tratado fundacional de la ONU. Pero no se incluyeron porque sí: fueron fruto del empeño de un puñado de mujeres delegadas del hemisferio sur como la brasileña Bertha Lutz que se aseguraron de que aquel texto no olvidara la igualdad de género.
Aquella declaración de intenciones de una comunidad internacional traumatizada por la Segunda Guerra Mundial, que también consagró en un artículo de la Carta que las mujeres y los hombres serían igualmente elegibles para participar en todos los órganos de Naciones Unidas, choca con la práctica 80 años después. Desde que la ONU es ONU, su puesto de liderazgo más importante, la Secretaría General, solo ha estado ocupado por hombres. En concreto, lo han ostentado nueve hombres, del noruego Trygve Lie al portugués António Guterres.
Para GWL Voices, una organización de mujeres líderes que lucha por un sistema multilateral más igualitario, esta histórica ausencia es un “evidente anacronismo” con el que ya es hora de acabar. Sobre esta idea orbita su último informe presentado este jueves en Madrid, en el inicio de un año atravesado por la carrera por la sucesión de Guterres. Para encabezar la organización a partir de 2027, se “busca a una persona diplomática ”excepcional’ con ‘liderazgo probado’ y ‘sólidas capacidades de gestión“, según explica el portal de noticias de la ONU.
“Necesitamos una secretaria general, pero no porque sea ‘el momento’ para que una mujer ocupe el cargo, por una deuda histórica y ni siquiera por un asunto de justicia. Se trata de lo que la ONU necesita: una nueva perspectiva para afrontar los desafíos globales a los que nos enfrentamos”, dice a elDiario.es María Fernanda Espinosa, exministra de Ecuador que hizo historia al convertirse en la primera mujer de América Latina que presidió la Asamblea General de Naciones Unidas. “La Secretaría General no es solo un cargo administrativo o diplomático, es la encarnación política y moral del multilateralismo”, añade la también directora ejecutiva de GWL Voices.
Siete de ocho candidatas compitieron en 2016
La organización, que también está detrás de la campaña Madam Secretary-General, ha analizado cada candidatura para el cargo desde 1945. El resultado es una panorámica de ocho décadas “de infrarrepresentación”: de las 48 candidaturas para este puesto, solo ocho fueron de mujeres.
Su inclusión fue lenta, “a pesar de haber estado cualificadas para liderar la organización”. El informe expone detalladamente cómo, durante las primeras siete elecciones, ningún gobierno nombró a una mujer aspirante y los 28 contendientes fueron hombres. No fue hasta 2006 cuando, en una carrera dominada por ellos, irrumpió la primera mujer candidata, Vaira Vīķe-Freiberga –pero el elegido acabó siendo Ban Ki-moon–. El documento explica que diez años después, en 2016, la ONU “instauró un proceso de selección más transparente” y, por primera vez en la historia hubo más mujeres (siete) que hombres (seis) en las candidaturas, entre las que figuraban varias aspirantes que vivieron este desequilibrio en primera persona y acabaron fundando GWL, como Helen Clark, Susana Malcorra e Irina Bokova –en aquellas elecciones se impuso Guterres–.
Ocho mujeres en ochenta años para la Secretaría General
Cronología desde 1945 hasta 2016 de los candidatos y elegidos para la Secretaría General de la ONU, donde constan solo ocho mujeres. Datos actualizados hasta septiembre de 2025
Fuente: GWL Voices
La presidenta de la Asamblea General y el presidente del Consejo de Seguridad dieron el pistoletazo de salida al proceso de elección de un nuevo líder a finales del pasado noviembre. Y en una carta, pidieron a los países que “consideren seriamente la posibilidad de proponer candidaturas de mujeres” tras observar “con pesar que ninguna mujer ha ocupado el cargo de Secretaria General, y en el convencimiento de que es necesario garantizar la igualdad de oportunidades de mujeres y hombres para acceder a cargos superiores con funciones decisorias”.
¿Cómo funciona el proceso? Las candidaturas deben ser presentadas por uno o varios Estados miembros. Se espera que el principal centro de poder dentro de la ONU, el Consejo de Seguridad, inicie su proceso de selección a finales de julio de este año y, cuando sus miembros lleguen a un acuerdo, recomendarán una persona a la Asamblea General, que la nombrará formalmente. Los cinco miembros permanentes del Consejo (EEUU, Rusia, China, Francia y Reino Unido) pueden vetar las candidaturas, lo que GWL Voices considera “un gran obstáculo” para quienes se postulan, puesto que “da igual el apoyo que tengan a nivel global”.
Ya suenan algunos nombres posibles para el relevo de Guterres, que termina su mandato este año. Hasta ahora, solo un Estado ha postulado a su candidato: el Gobierno argentino ha presentado oficialmente a Rafael Grossi, el jefe del Organismo Internacional de la Energía Atómica (OIEA). El presidente de Chile, Gabriel Boric, anunció que presentará a la exmandataria Michelle Bachelet, quien ha estado presente este jueves en la presentación del informe en Madrid, aunque está por ver qué apoyo recibirá del ultraderechista José Antonio Kast, quien aterrizará en La Moneda el próximo marzo. Costa Rica también ha dicho que propondrá a Rebeca Grynspan, la actual jefa de la Agencia de la ONU para el Comercio y el Desarrollo (UNCTAD, por sus siglas en inglés). Otros nombres que circulan son el de la argentina Virginia Gamba y el boliviano David Choquehuanca.
La elección de una mujer como secretaria general no es un gesto simbólico ni una distracción, es una señal política potente de renovación, credibilidad y coherencia
Existe una regla no escrita según la cual el cargo de secretario general debe ser rotatorio entre los grupos regionales. Ahora, sería el turno de América. “La rotación regional ha operado históricamente como una práctica política, no como una norma formal, y muchas veces se ha aplicado de manera selectiva. Lo que está claro es que América Latina y el Caribe ha demostrado una larga tradición de liderazgo multilateral, compromiso con el derecho internacional y capacidad de mediación”, dice Espinosa, que prefiere no dar ningún nombre –el suyo ha sonado como una opción–. “Más allá de los nombres, que siempre deben surgir de procesos abiertos y transparentes, la región cuenta con mujeres con trayectoria, legitimidad y visión global más que suficientes para asumir esa responsabilidad. Lo fundamental no es personalizar el debate, sino garantizar que cuando llegue ese momento, las mujeres estén realmente en la mesa de decisiones y no solo en el discurso. El talento está ahí. El momento es ahora”.
Remar a favor de romper el techo de cristal de las organizaciones internacionales no parece una tarea fácil en un momento en el que la apuesta por el multilateralismo se hace trizas, con graves crisis de derechos humanos, críticas a la parálisis de la ONU y dirigentes como Donald Trump que embisten los cimientos del orden internacional construido sobre las cenizas de la Segunda Guerra Mundial.
“Cuando se dice que hay ‘problemas más urgentes’, lo que se está sugiriendo es que la igualdad puede esperar. Pero la crisis del multilateralismo no es ajena a la forma en que se ejerce el poder dentro de las instituciones. La elección de una mujer no es un gesto simbólico ni una distracción, es una señal política potente de renovación, credibilidad y coherencia”, dice la expresidenta de la Asamblea General. “En un momento de desafección ciudadana y de cuestionamiento del orden internacional, demostrar que la ONU es capaz de romper sus propios techos de cristal enviaría un mensaje claro: que la organización es capaz de reformarse desde dentro y de reflejar la diversidad del mundo al que sirve”.
El mensaje de Espinosa es claro: en un mundo “atravesado por crisis simultáneas, conflictos armados, emergencia climática, desigualdades crecientes, desconfianza institucional, es insostenible que la máxima autoridad de la ONU continúe respondiendo a un modelo de liderazgo del siglo pasado, sobre todo porque lo que está en juego es su credibilidad”. “Una mujer al frente de las Naciones Unidas demostraría que el sistema está listo para hacer lo que tanto le demanda la ciudadanía: renovarse. Inyectar una forma distinta de liderazgo en el núcleo del sistema multilateral, en la Secretaría General de la ONU, es crucial”, agrega.
El techo de cristal en las instituciones
Aunque es paradigmática, la ausencia de mujeres en la cúspide de la ONU no es una anomalía. Como cada año, el informe pone la lupa en la composición de género de los puestos directivos y de liderazgo de organismos especializados, fondos, programas, departamentos y oficinas de Naciones Unidas, así como los bancos regionales de desarrollo y organizaciones como la UE, la OCDE o la OEA. En la versión de 2025, han analizado un total de 62 instituciones multilaterales.
Y aunque notan un progreso, recalcan que es frágil: la cantidad de organizaciones lideradas por una mujer a día de hoy es de un 46%, rozando la paridad, pero 21 instituciones nunca han tenido a una mujer al frente –entre ellas el Banco Mundial, la Organización Internacional del Trabajo (OIT), el Organismo Internacional de Energía Atómica o la FAO, la agencia de Naciones Unidas que tiene como misión poner fin al hambre– y en 20 solo lo han estado una vez.
Más de 20 organizaciones no han tenido una mujer líder
Cada cuadrado muestra si el liderazgo lo encabeza una mujer o un hombre
Fuente: GWL VOICES
Si se observan los representantes permanentes de los Estados ante la ONU, continúa siendo un mundo masculinizado: ellas representan apenas el 23% de los embajadores acreditados en la actualidad y decenas de países –un total de 72, España entre ellos– nunca han enviado a una mujer para representarlos en Nueva York. De más de 2.800 representantes, solo 219 han sido mujeres y 20 Asambleas Generales, el gran foro de la ONU, se han celebrado sin diplomáticas.
GWL Voices también escudriña los equipos directivos –los cuatro niveles superiores de personal sin contar con la dirección– en 48 organizaciones. Actualmente, las mujeres ocupan una media de un 46% de estos puestos, aunque sigue habiendo brechas, según el análisis. Un total de 15 entidades tienen más de un 50% de mujeres en sus equipos directivos, 31 tienen entre un 25% y un 50% y tan solo una tiene menos de un 25%, la Organización de las Naciones Unidas para el Desarrollo Industrial (ONUDI).
Mucho peor parados salen los órganos de gobierno de las organizaciones, es decir, aquellos donde los gobiernos de los países las supervisan y definen sus prioridades – por lo que refleja decisiones de los Estados miembros, no de las organizaciones–. Según GWL Voices, estos siguen siendo “los más resistentes al cambio”. De 32 órganos analizados, las mujeres representan de media un 29% de las personas que los integran.
Más de una tercera parte de las instituciones (12 en total) tienen menos de un 25% de mujeres en estos puestos, entre ellos varios bancos regionales como el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) y el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD). Solo dos han sobrepasado la paridad: ONU Mujeres y la Unión Interparlamentaria. “Este patrón enfatiza cómo, aunque muchas instituciones multilaterales avanzan internamente en cuestión de género, los Estados miembros siguen nombrando a hombres de manera abrumadora para representarlos en los foros de toma de decisión”, señala el texto.
“El informe confirma algo que quienes hemos trabajado dentro del sistema conocemos bien pero que rara vez se expone con datos tan claros y sostenidos en el tiempo: la exclusión de las mujeres del máximo nivel de liderazgo de las instituciones multilaterales no es una anomalía puntual, es un patrón estructural”, dice Espinosa.
“Ocho décadas sin una mujer al frente de la Secretaría General no pueden explicarse por falta de talento, experiencia o legitimidad política. Tampoco que la Asamblea General haya tenido apenas cinco mujeres presidentas frente a más de 70 presidentes. El informe demuestra que hay mujeres que han liderado Estados, organismos multilaterales, procesos de paz y negociaciones complejas, y aun así el techo de cristal persiste precisamente en el espacio donde se concentra mayor poder simbólico y real. Esa brecha habla menos de las mujeres y más de un sistema que sigue reproduciendo los mismos patrones de poder”, concluye.
2