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¿Qué fue del plan para convertir a Canadá en “miembro asociado de la UE”? La idea se diluye ante el rechazo de varios países

El primer ministro de Canadá, Mark Carney, da un discurso en el Parlamento Europeo ante la presidenta de la Comisión Europea, Ursula Von der Leyen.

Rodrigo Ponce de León

Corresponsal en Bruselas —
28 de octubre de 2026 23:40 h

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La gran apuesta política de la presidenta de la Comisión Europea, Ursula Von der Leyen, con el ofrecimiento a Canadá para ser el “primer miembro asociado de la UE” se ha diluido ante la oposición de países como Alemania, Francia, Italia o Grecia. La Unión Europea y Canadá celebran este jueves y viernes una cumbre en Montreal para afianzar las relaciones ante los envites del presidente de EEUU, Donald Trump, sin que se haya conseguido llegar a un acuerdo sobre lo que realmente se le quiere ofrecer al país norteamericano. A pesar del dislate sobre la fórmula de acuerdo, la UE se ha planteado esta cumbre como una de las más importantes con la participación de diez miembros de la Comisión Europea: cuatro vicepresidentes ejecutivos y seis comisarios, más Von der Leyen y el presidente del Consejo Europeo, António Costa.

Von der Leyen dio la sorpresa el pasado 15 de septiembre cuando en la Eurocámara, en presencia del primer ministro de Canadá, Mark Carney, le ofreció ser el “primer miembro asociado de la UE”. El desconcierto fue mayúsculo. En las capitales europeas se inició una revuelta diplomática ante la aparición de un nuevo término que no estaba recogido en los tratados de la UE y se volvió a acusar a la presidenta de la Comisión de abordar políticas en el ámbito de Exteriores sin tener en cuenta la posición de los países miembros.

Fabian Zuleeg, director ejecutivo del European Policy Centre, explica que “la propuesta de Von der Leyen de conceder a Canadá un estatus de miembro asociado ha suscitado inquietud. Los canadienses temen por su soberanía. Los Estados miembros de la UE se preguntan qué implica este estatus, aun sin definir, para la toma de decisiones. Los países candidatos a la adhesión temen que surja una nueva categoría que pueda retrasar sus aspiraciones de ingresar en la Unión. Por su parte, el concepto de cooperación entre potencias medias que defiende Mark Carney encaja con dificultad en una UE que no se considera a sí misma una potencia de ese tipo”.

Von der Leyen lanzó su propuesta mientras Donald Trump jugueteaba con la idea de que Canadá se convirtiera en el estado 51 de EEUU. Incluso llama a sus primeros ministros, de forma despectiva, “gobernadores”, como si estuvieran al frente de un territorio como California, Texas o Minnesota. El presidente de EEUU lleva desde que ganó las elecciones, en noviembre de 2024, acosando a Canadá política, territorial y comercialmente, lo que provocó un estallido diplomático entre ambos vecinos. “Si te atacan, estás en guerra”, llegó a decir Carney en referencia a Trump.

Confusión con la ensalada de términos

Esta semana, tras dos reuniones de los diplomáticos de los 27 países de la UE, se ha terminado por descartar el concepto de “miembro asociado de la UE” y parece que se imponía una redacción menos ambiciosa, con el objetivo de conseguir “una asociación cada vez más estrecha”. Para añadir más confusión a la ensalada de términos, el Consejo Europeo propuso “una nueva alianza de futuro” para definir la consolidación de las relaciones bilaterales.

Solo el concepto de “miembro” obligaría a transformar los tratados de la UE. Grégoire Roos, investigador de Chatham House, recordaba que “el artículo 217 del Tratado de Funcionamiento de la UE permite celebrar acuerdos con terceros países para establecer una asociación basada en derechos y obligaciones recíprocos, acciones comunes y procedimientos específicos. Estos acuerdos de asociación requieren la unanimidad del Consejo y el consentimiento del Parlamento Europeo sin emprender el largo y laborioso proceso de revisión de los tratados”.

“Sustituir la adhesión por ambición y visión compartidas”

Ante la cantidad de problemas que se han creado alrededor de la definición de la relación entre la UE y Canadá, un alto funcionario de la UE apuntaba que “se trata de construir una asociación que se acerque más a la condición de miembro de la UE que cualquier otra fórmula que hayamos puesto en marcha hasta ahora. Está claro que hablamos de asociación sin adhesión, pero creo que, en cierto modo, podemos sustituir la idea de adhesión por la de una ambición y una visión compartidas”.

Otro funcionario con cargos en la dirección de la UE resalta que “han pasado diez años desde la firma del acuerdo de asociación estratégica y los líderes de la UE y Canadá”, conocido como CETA, por lo que en esta cumbre se pretende “hacer balance de los avances logrados hasta ahora y acordar los próximos pasos”. La realidad es que el acuerdo CETA de asociación tiene una valoración bastante deficitaria. Aunque se firmó en 2017, todavía hay diez países de la UE que no lo han ratificado, entre los que se encuentran Francia, Italia, Polonia o Bélgica.

“Se pretende profundizar en nuestra asociación, especialmente en ámbitos como el comercio digital, las inversiones, las materias primas fundamentales y la energía. También abordaremos grandes cuestiones que forman parte de la agenda interna de la UE, como la competitividad, la seguridad económica y las cadenas de suministro. Otro de los ejes será seguir aplicando la asociación en materia de seguridad y defensa, firmada el año pasado, y profundizar en la cooperación entre nuestras industrias de defensa”, explica un directivo de la Unión Europea sobre el objetivo de la cumbre.

Sobre las bondades de consolidar las relaciones no hay duda. Ilke Toygür, directora del Global Policy Center en IE, subraya que “las ambiciones de la UE en materia de lucha contra el cambio climático, soberanía digital y defensa requieren un suministro seguro de materias primas fundamentales, energía y capacidad industrial. La UE considera a Canadá una fuente de muchos de estos recursos esenciales. A su vez, Europa puede ofrecer inversiones, capacidad de transformación y fabricación, redes de investigación y acceso a un mercado de gran dimensión”.

El director ejecutivo del European Policy Centre va más allá y propone que el acuerdo sea la base para alcanzar llegar a alianzas más amplias ante la política de bloques que ha desarrollado Donald Trump: “La cumbre de Montreal debe dar lugar a una hoja de ruta ambiciosa y concreta, con objetivos claros, compromisos y mecanismos de gobernanza eficaces. De lo contrario, corre el riesgo de reforzar la conocida ilusión de progreso europea: confundir los anuncios con los logros y no cumplir lo que se necesita con la escala, el alcance y la rapidez que exigen los desafíos actuales”.

Zuleeg añade que la cumbre debe ser el inicio “de una Alianza de Seguridad Económica más amplia, que reúna a otros socios con ideas afines para reforzar la resiliencia colectiva, contrarrestar la coerción económica y proteger los intereses comunes. El Reino Unido, Noruega, Australia, Corea del Sur y Japón deben formar parte de ella. La ambición debe ir más allá de la cooperación bilateral: construir una alianza de países con ideas afines para el futuro”.

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