Rodrigo Chaves, nuevo presidente de Costa Rica: economista, 'outsider' y señalado por acoso sexual

El 6 de febrero se produjo algo inusual en las elecciones presidenciales de Costa Rica. El economista conservador Rodrigo Chaves, un candidato con escasa experiencia política y bajo las siglas del joven Partido Progreso Social Democrático (PPSD), de corte conservador, logró pasar a la segunda ronda de los comicios con apenas el 16,8% de los votos y un histórico abstencionismo del 43%, el mayor en seis décadas.

Tras una campaña en la que prometió resolver problemas como el desempleo, la pobreza y la corrupción, Chaves se impuso en el balotaje del 3 de abril sobre su rival, el exmandatario José María Figueres, del tradicional Partido Liberación Nacional, al conseguir el 52,9% de los apoyos. Cuando el pasado 8 de mayo asumió el cargo, se convirtió en el presidente número 49 de Costa Rica. 

Chaves, de 60 años y oriundo de San José, obtuvo un doctorado en Economía en Estados Unidos y trabajó en el Banco Mundial durante casi tres décadas en diferentes países. En 2019 renunció a su cargo de director en Indonesia y regresó a Costa Rica, donde asumió el puesto de ministro de Hacienda en el gobierno de Carlos Alvarado. Tan solo 6 meses después presentó su dimisión debido a “diferencias de estilos en la manera de trabajar” con el entonces presidente. 

Fue el pasado mes de julio cuando se anunció como candidato del conservador PPSD, una formación política fundada en 2018 desde la que prometió reordenar el presupuesto público, un sistema único de pensiones y el control de gastos, entre otras medidas. 

Acoso sexual

La propuesta de Chaves de aplicar reformas de Estado por la vía del referendo y su discurso antisistema pesaron más entre los votantes costarricenses que las denuncias de acoso sexual que pesan en su contra por parte de dos jóvenes funcionarias subalternas cuando trabajaba para el Banco Mundial, que le sancionó por “insinuaciones sexuales” y un “patrón de comportamiento inapropiado no deseado” entre 2008 y 2013. Las trabajadoras, que entonces tenían 22 y 24 años, denunciaron los hechos en 2018, pero no fue hasta 2019 cuando Chaves recibió esa sanción e inmediatamente después renunció a su puesto de director en Indonesia. 

En la denuncia, que fue validada por un tribunal disciplinario del organismo multilateral y corroborada por otros colaboradores del Banco Mundial, las víctimas afirmaron que Chaves les hacía comentarios sexuales, intentó besarlas e invitarlas a hoteles, entre otros hechos, según publica la prensa local. Durante la campaña, el economista negó que se tratara de acoso sexual y calificó los señalamientos de “chistes” y “malentendidos”. El ahora presidente dijo que las denuncias venían probablemente de “diferencias culturales y comportamientos que, para otra gente, no serían ofensivos”.

“Aunque hubo colectivos feministas que se manifestaron en contra, al final ha sido un tema irrelevante para un sector conservador que no consideró importantes estas denuncias. Chaves no ha aceptado que fueron casos de acoso sexual y que le llevaron a la renuncia, ha utilizado eufemismos y ha dicho que fueron bromas y errores por los que ha pedido disculpas”, explica a elDiario.es Ilka Treminio, profesora e investigadora de la Escuela de Ciencias Políticas de la Universidad de Costa Rica, si bien el Banco Mundial “tampoco hizo una aclaración de cómo debían interpretarse los dos informes que se hicieron públicos”.

El voto de las zonas costeras

En realidad, el ascenso al poder de este outsider se debe a una mezcla de factores. Por un lado, indica Treminio, “tiene que ver con la pérdida de confianza de la ciudadanía en el sistema de partidos tradicionales y con que Chaves se suma a este discurso del cambio”, mientras que por otro lado, también “influye el apoyo brindado por un grupo de personas con poder económico que lo acompañan en este proceso, que colocaron recursos y le permitieron movilizarse en diferentes territorios del país”.

De hecho, Chaves, a diferencia de lo que venía sucediendo en anteriores citas electorales con los candidatos de partidos tradicionales, logra pasar a la segunda vuelta gracias al voto de las provincias costeras, las más humildes del país y las cuales se sienten olvidadas. 

Otra característica de la dinámica política costarricense que ha estado muy presente en estas últimas elecciones, señala la socióloga Carolina Ovares, es el personalismo. “Se está votando por figuras políticas más que por partidos y, en este caso, al electorado le ha gustado que sea una figura tecnócrata, un experto en Economía” tal y como el propio Chaves se describe, añade Ovares, integrante de la Red de Politólogas. 

Desafíos para los próximos cuatro años

A pesar de que “esos rasgos populistas y antisistema” hayan beneficiado al flamante presidente, no son pocos los retos a los que deberá enfrentarse durante los próximos cuatro años, recuerda Ovares, pues a pesar de que el país cuenta con una sólida democracia y mejores indicadores en salud, educación y desarrollo que sus vecinos centroamericanos, tiene un nivel de desempleo del 14% y un índice de pobreza que alcanza el 23%. 

La pandemia, además, ha golpeado duramente a Costa Rica, cuya economía depende en gran parte del turismo, y ha supuesto un deterioro importante en los servicios públicos. “Hay un grave problema de desigualdad”, indica Ovares, y así lo refleja el índice de Gini per cápita, que ha alcanzado el valor más alto desde 2010 con un 0,524 puntos en 2021 (siendo cero la perfecta igualdad y uno, la perfecta desigualdad). “La pobreza no baja del 20% desde hace décadas y son muchas las personas que pasan hambre en Costa Rica, por lo que el mandatario deberá asumir numerosos retos sociales”.

Además, Chaves y su emergente partido carecen de una mayoría en la Asamblea Legislativa, ya que solo obtuvo 10 diputados del total de 57 que integran el Parlamento. Es el mismo número de diputados que logró el presidente saliente Carlos Alvarado, pero con la diferencia de que su formación política, el Partido Acción Ciudadana, “tenía una estructura y logró que se mantuvieran bastante unidos”, explica Treminio, quien insiste en que otro de los desafíos del mandatario será crear mecanismos de lealtad y de disciplina en su partido.

La estrategia de Chaves a la hora de nombrar el gabinete “se basó en una designación más tecnocrática, teniendo en cuenta los currículums de personas que estuvieron durante la campaña, y por tanto no tiene una estrategia de gobernabilidad que se refleje en el Parlamento y eso es delicado”, asegura la también directora de la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (Flacso) en Costa Rica e integrante de la Red de Politólogas. 

El reto de gobernabilidad, añade por su parte Ovares, no solo será frente al Congreso, sino también frente a una ciudadanía “que quiere un cambio porque votó por una fuerza política no tradicional y está impaciente”.

A pesar de que una de las banderas de Chaves durante la campaña fue la lucha anticorrupción, paradójicamente su partido está siendo investigado por la Fiscalía por un presunto financiamiento ilegal durante la campaña electoral.

Bajo ese contexto, queda por ver si los “cambios profundos y positivos” prometidos por el nuevo presidente se hacen realidad en Costa Rica.

El 6 de febrero se produjo algo inusual en las elecciones presidenciales de Costa Rica. El economista conservador Rodrigo Chaves, un candidato con escasa experiencia política y bajo las siglas del joven Partido Progreso Social Democrático (PPSD), de corte conservador, logró pasar a la segunda ronda de los comicios con apenas el 16,8% de los votos y un histórico abstencionismo del 43%, el mayor en seis décadas.

Tras una campaña en la que prometió resolver problemas como el desempleo, la pobreza y la corrupción, Chaves se impuso en el balotaje del 3 de abril sobre su rival, el exmandatario José María Figueres, del tradicional Partido Liberación Nacional, al conseguir el 52,9% de los apoyos. Cuando el pasado 8 de mayo asumió el cargo, se convirtió en el presidente número 49 de Costa Rica. 

Chaves, de 60 años y oriundo de San José, obtuvo un doctorado en Economía en Estados Unidos y trabajó en el Banco Mundial durante casi tres décadas en diferentes países. En 2019 renunció a su cargo de director en Indonesia y regresó a Costa Rica, donde asumió el puesto de ministro de Hacienda en el gobierno de Carlos Alvarado. Tan solo 6 meses después presentó su dimisión debido a “diferencias de estilos en la manera de trabajar” con el entonces presidente. 

Fue el pasado mes de julio cuando se anunció como candidato del conservador PPSD, una formación política fundada en 2018 desde la que prometió reordenar el presupuesto público, un sistema único de pensiones y el control de gastos, entre otras medidas. 

Acoso sexual

La propuesta de Chaves de aplicar reformas de Estado por la vía del referendo y su discurso antisistema pesaron más entre los votantes costarricenses que las denuncias de acoso sexual que pesan en su contra por parte de dos jóvenes funcionarias subalternas cuando trabajaba para el Banco Mundial, que le sancionó por “insinuaciones sexuales” y un “patrón de comportamiento inapropiado no deseado” entre 2008 y 2013. Las trabajadoras, que entonces tenían 22 y 24 años, denunciaron los hechos en 2018, pero no fue hasta 2019 cuando Chaves recibió esa sanción e inmediatamente después renunció a su puesto de director en Indonesia. 

En la denuncia, que fue validada por un tribunal disciplinario del organismo multilateral y corroborada por otros colaboradores del Banco Mundial, las víctimas afirmaron que Chaves les hacía comentarios sexuales, intentó besarlas e invitarlas a hoteles, entre otros hechos, según publica la prensa local. Durante la campaña, el economista negó que se tratara de acoso sexual y calificó los señalamientos de “chistes” y “malentendidos”. El ahora presidente dijo que las denuncias venían probablemente de “diferencias culturales y comportamientos que, para otra gente, no serían ofensivos”.

“Aunque hubo colectivos feministas que se manifestaron en contra, al final ha sido un tema irrelevante para un sector conservador que no consideró importantes estas denuncias. Chaves no ha aceptado que fueron casos de acoso sexual y que le llevaron a la renuncia, ha utilizado eufemismos y ha dicho que fueron bromas y errores por los que ha pedido disculpas”, explica a elDiario.es Ilka Treminio, profesora e investigadora de la Escuela de Ciencias Políticas de la Universidad de Costa Rica, si bien el Banco Mundial “tampoco hizo una aclaración de cómo debían interpretarse los dos informes que se hicieron públicos”.

El voto de las zonas costeras

En realidad, el ascenso al poder de este outsider se debe a una mezcla de factores. Por un lado, indica Treminio, “tiene que ver con la pérdida de confianza de la ciudadanía en el sistema de partidos tradicionales y con que Chaves se suma a este discurso del cambio”, mientras que por otro lado, también “influye el apoyo brindado por un grupo de personas con poder económico que lo acompañan en este proceso, que colocaron recursos y le permitieron movilizarse en diferentes territorios del país”.

De hecho, Chaves, a diferencia de lo que venía sucediendo en anteriores citas electorales con los candidatos de partidos tradicionales, logra pasar a la segunda vuelta gracias al voto de las provincias costeras, las más humildes del país y las cuales se sienten olvidadas. 

Otra característica de la dinámica política costarricense que ha estado muy presente en estas últimas elecciones, señala la socióloga Carolina Ovares, es el personalismo. “Se está votando por figuras políticas más que por partidos y, en este caso, al electorado le ha gustado que sea una figura tecnócrata, un experto en Economía” tal y como el propio Chaves se describe, añade Ovares, integrante de la Red de Politólogas. 

Desafíos para los próximos cuatro años

A pesar de que “esos rasgos populistas y antisistema” hayan beneficiado al flamante presidente, no son pocos los retos a los que deberá enfrentarse durante los próximos cuatro años, recuerda Ovares, pues a pesar de que el país cuenta con una sólida democracia y mejores indicadores en salud, educación y desarrollo que sus vecinos centroamericanos, tiene un nivel de desempleo del 14% y un índice de pobreza que alcanza el 23%. 

La pandemia, además, ha golpeado duramente a Costa Rica, cuya economía depende en gran parte del turismo, y ha supuesto un deterioro importante en los servicios públicos. “Hay un grave problema de desigualdad”, indica Ovares, y así lo refleja el índice de Gini per cápita, que ha alcanzado el valor más alto desde 2010 con un 0,524 puntos en 2021 (siendo cero la perfecta igualdad y uno, la perfecta desigualdad). “La pobreza no baja del 20% desde hace décadas y son muchas las personas que pasan hambre en Costa Rica, por lo que el mandatario deberá asumir numerosos retos sociales”.

Además, Chaves y su emergente partido carecen de una mayoría en la Asamblea Legislativa, ya que solo obtuvo 10 diputados del total de 57 que integran el Parlamento. Es el mismo número de diputados que logró el presidente saliente Carlos Alvarado, pero con la diferencia de que su formación política, el Partido Acción Ciudadana, “tenía una estructura y logró que se mantuvieran bastante unidos”, explica Treminio, quien insiste en que otro de los desafíos del mandatario será crear mecanismos de lealtad y de disciplina en su partido.

La estrategia de Chaves a la hora de nombrar el gabinete “se basó en una designación más tecnocrática, teniendo en cuenta los currículums de personas que estuvieron durante la campaña, y por tanto no tiene una estrategia de gobernabilidad que se refleje en el Parlamento y eso es delicado”, asegura la también directora de la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (Flacso) en Costa Rica e integrante de la Red de Politólogas. 

El reto de gobernabilidad, añade por su parte Ovares, no solo será frente al Congreso, sino también frente a una ciudadanía “que quiere un cambio porque votó por una fuerza política no tradicional y está impaciente”.

A pesar de que una de las banderas de Chaves durante la campaña fue la lucha anticorrupción, paradójicamente su partido está siendo investigado por la Fiscalía por un presunto financiamiento ilegal durante la campaña electoral.

Bajo ese contexto, queda por ver si los “cambios profundos y positivos” prometidos por el nuevo presidente se hacen realidad en Costa Rica.

El 6 de febrero se produjo algo inusual en las elecciones presidenciales de Costa Rica. El economista conservador Rodrigo Chaves, un candidato con escasa experiencia política y bajo las siglas del joven Partido Progreso Social Democrático (PPSD), de corte conservador, logró pasar a la segunda ronda de los comicios con apenas el 16,8% de los votos y un histórico abstencionismo del 43%, el mayor en seis décadas.

Tras una campaña en la que prometió resolver problemas como el desempleo, la pobreza y la corrupción, Chaves se impuso en el balotaje del 3 de abril sobre su rival, el exmandatario José María Figueres, del tradicional Partido Liberación Nacional, al conseguir el 52,9% de los apoyos. Cuando el pasado 8 de mayo asumió el cargo, se convirtió en el presidente número 49 de Costa Rica.