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Starmer envía a Carlos III a pacificar a Trump... aunque sea un rato

Carlos III y el presidente Donald Trump en el castillo de Windsor, Inglaterra, el 18 de septiembre de 2025.

María Ramírez

Oxford (Reino Unido) —
26 de abril de 2026 22:59 h

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Este lunes por la tarde, Carlos III tomará el té en la Casa Blanca con Donald Trump, pocas horas después del tiroteo en la cena de corresponsales de la Casa Blanca. Así empezarán dos días de pompa y discursos en Washington que incluyen una recepción en el jardín, una reunión formal con el presidente, una cena de Estado y una alocución del rey de Inglaterra en el Congreso para celebrar que Estados Unidos declaró la independencia de la monarquía británica hace 250 años. La tensión bajará en las siguientes citas, en Nueva York y Virginia. A pesar del ataque, todo apunta a que el viaje se realizará según lo previsto, aunque posiblemente sufra algunos ajustes en los actos más abiertos al público.

En otras circunstancias, el riesgo diplomático habría sido bajo, tal vez con los habituales chistes sobre cómo las tropas británicas quemaron la Casa Blanca en 1812 o cómo Jorge III es ridiculizado en Hamilton, el musical de Lin-Manuel Miranda. Después de semanas de ataques constantes de Trump contra el primer ministro Keir Starmer, el alcalde de Londres, las fuerzas armadas británicas o los molinos de viento de Escocia, la cuestión es hasta qué punto el presidente de Estados Unidos pondrá en apuros al rey y a la reina.

Ed Davey, el líder del Partido Liberaldemócrata, el tercer grupo en el Parlamento británico, pidió formalmente la cancelación del viaje de Carlos y Camila a Estados Unidos varias veces, en particular por la guerra de Irán.

“En un momento en el que Trump ha lanzado una guerra ilegal que está destrozando Oriente Próximo y encareciendo las facturas de la energía para las familias británicas, está claro que esta visita no debe seguir adelante”, dijo Davey en marzo. “Una visita de Estado de nuestro rey puede verse como un regalo diplomático para Trump. No debemos dárselo a alguien que no hace más que insultar y perjudicar a nuestro país”. A mediados de este mes, en la Cámara de los Comunes, le preguntó a Starmer por qué no recomendaba al rey cancelar su visita a Trump, a quien el liberaldemócrata describió como “un gánster peligroso y corrupto”.

A Davey le apoyaron otros diputados incluso del Partido Laborista, pero Starmer defendió que Carlos III debía seguir con la visita según lo previsto. “La relación entre nuestros dos países es muy importante a muchos niveles, y a menudo lo que la monarquía es capaz de hacer en una situación como esta, a través de los lazos que han construido, es tender puentes”, dijo Starmer. “Y el propósito de la visita es conmemorar el 250 aniversario de la relación entre nuestro país y Estados Unidos, por eso la visita sigue adelante”.

El primer ministro Keir Starmer y el presidente Donald Trump, en el club de golf de Trump en Turnberry, Escocia, el 28 de julio de 2025.

Últimas amenazas

Trump, que asegura ser gran admirador de la monarquía británica y tiene un cuadro de la reina Isabel II colgado en su comedor de Mar-a-Lago, dijo en una entrevista el jueves en la BBC que el viaje de Carlos III podría ayudar a mejorar las relaciones con el Reino Unido. Al ser preguntado de manera explícita por ello, Trump contestó: “Desde luego, él es un hombre fantástico. La respuesta desde luego es que sí…. Será positivo”.

Unas horas después de pronunciar esas palabras, Trump volvió a atacar al Gobierno británico y amenazó con imponer “probablemente” un “gran arancel” al Reino Unido si no suspende el impuesto sobre servicios digitales aprobado en 2020, con el Gobierno conservador de Boris Johnson, y que afecta a las grandes tecnológicas de Estados Unidos. 

A mediados de este mes, Trump también amenazó con suspender los acuerdos que firmó hace un año con el Reino Unido para impulsar el comercio bilateral –y que apenas han tenido desarrollo práctico– si el Gobierno de Starmer no accede a involucrarse en la guerra de Irán. El primer ministro Starmer le contestó que sus amenazas no le harán cambiar de posición y el Reino Unido no participará en la guerra que, según repite el británico, no cumple con la legalidad internacional ni responde a un plan viable.

“Mi postura sobre la guerra con Irán ha sido clara desde el principio. No vamos a dejarnos arrastrar a esta guerra. No es nuestra guerra. Se ha ejercido mucha presión sobre mí para que adopte un rumbo diferente”, dijo Starmer en la Cámara de los Comunes al ser preguntado por la amenaza de la suspensión de acuerdos comerciales por parte de Trump. “No voy a cambiar de opinión. No voy a ceder. No está en nuestro interés nacional participar en esta guerra, y no lo haremos. Sé perfectamente cuál es mi posición”.

Este viernes, además, la agencia Reuters reveló que el Pentágono considera, según correspondencia interna, castigar al Reino Unido revisando la postura de Washington sobre las islas Malvinas, cuya soberanía británica hasta ahora Estados Unidos ha apoyado y que reclama Argentina. Un portavoz del Gobierno británico replicó que las islas “han votado de manera abrumadora a favor de seguir siendo un territorio británico de ultramar” y subrayó “el derecho de autodeterminación de los isleños y el hecho de que la soberanía es del Reino Unido”.

La líder del Partido Conservador, Kemi Badenoch, dijo que lo que sugiere Trump es “completamente absurdo” y no sabe de qué está hablando. Davey volvió a pedir que se cancele el viaje del rey.

¿Canadá tiene rey?

Starmer ha hecho un esfuerzo diplomático constante por mantener la relación con Trump, ignorando a menudo insultos y amenazas y logrando así tener abierta una vía de diálogo. En algunas ocasiones, su relación ha servido para frenar el acercamiento del presidente de Estados Unidos a Vladímir Putin o el seguidismo a Benjamin Netanyahu, por ejemplo en el caso del Líbano o los ataques en el Golfo.

En este continuo y difícil cortejo, Starmer ha utilizado a menudo a la monarquía como manera de contentar a Trump, incluyendo la invitación a una visita de Estado el pasado septiembre

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, con Carlos III y la princesa de Gales durante el banquete en el castillo de Windsor, en septiembre de 2025..

Robert Hardman, biógrafo de Isabel II, entrevistó a Trump para un libro recién publicado y asegura que el aprecio por la monarquía sí tiene algún efecto en el presidente de Estados Unidos. Según él, en su conversación, Trump descubrió que Canadá es parte de la Commonwealth y que como tal sigue teniendo a Carlos III como jefe de Estado, y eso le hizo recular en sus comentarios sobre la idea de invadir Canadá. 

“¿Todavía reconocen al rey? ¿O han dejado de hacer eso?”, le preguntó Trump, según cuenta Hardman. El presidente de Estados Unidos siguió diciéndole que la frontera canadiense con Estados Unidos tendría que haber estado más al norte, pero, según el biógrafo, reconoció que no iba a hacer nada, entre otras cosas para no enfrentarse a Carlos III. “Esto es lo más cercano que he escuchado a un reconocimiento de que, mientras Canadá tenga al rey, Trump no va a desbancarlo”, escribe Hardman, que asegura que, en su conversación, el monarca “parecía ser la principal razón” que frenaba el tono beligerante del presidente hacia el país vecino.

Calma por un rato

En una entrevista con miembros de la asociación de periodistas extranjeros de Londres de la que elDiario.es es miembro, Hardman explicó hace unos días que cree que la visita de Carlos III irá bien durante las horas que dure el viaje.

“Lo que todos nos preguntamos es qué dirá Trump sobre el Gobierno británico antes y después de la visita”, explicó Hardman. “Pero apostaría una suma considerable a que, desde el momento en que el rey pise suelo estadounidense hasta que se marche, Donald Trump será muy amable y le dará una bienvenida de lo más acogedora”. 

Carlos III ya ha lidiado con Trump y ha evitado los temas de desacuerdo, como la lucha contra el cambio climático, una de las causas que más le importa al rey y que el presidente de Estados Unidos desprecia. Diga lo que diga Trump, las situaciones incómodas son gajes del oficio.

“La familia real lleva mucho tiempo en esto y ha conocido a todo tipo de líderes mundiales imaginables”, decía Hardman, que recordaba a Carlos, cuando era príncipe, durante una gira en Asia Central en los años 90. “Recuerdo una velada bastante surrealista con Turkmenbashi, el autócrata de Turkmenistán, que pasó toda la noche intentando regalarle un caballo al príncipe Carlos. Él no quería porque no había forma de llevárselo de vuelta”.

En septiembre, Trump le regaló a Carlos III una réplica de una espada del presidente Dwight Eisenhower, que fue jefe de las fuerzas aliadas en Europa en la Segunda Guerra Mundial. El director de la biblioteca presidencial de Eisenhower, en Kansas, se negó a ceder la original, que es parte de la colección de la biblioteca. Fue forzado a dimitir.

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