Un dueño que no declara y conmoción de víctimas antes del juicio a Burro Canaglia, la pizzería de Madrid que ardió con tres muertos
Más de un año y medio después del aparatoso incendio que se cobró la vida de tres personas, una de ellas tras semanas grave en el hospital, se ha tomado declaración al principal investigado y al menos cuatro testigos, entre ellos víctimas del fuego. Pedro Jesús Capote, el propietario de la pizzería Burro Canaglia en la glorieta de Manuel Becerra (Madrid), se ha acogido a su derecho a no declarar y se ha marchado del Juzgado de Instrucción número 46 de Plaza de Castilla sin ofrecer nuevos detalles.
Estaba citado a las 9:30 para defenderse tras los incidentes de abril de 2023, cuando en torno a las once de la noche el flambeado de una pizza que servían habitualmente se extendió hasta la vegetación decorativa y se propagó rápidamente por el local. Ese día hubo dos muertos, un camarero de 25 años y una mujer vizcaína de 43 años, además de decenas de heridos con quemaduras de distinto grado. Semanas después del suceso hubo una tercera fallecida, otra vizcaína de 41 años que acompañaba en el momento de los hechos a la primera en perecer.
El abogado de una de las supervivientes perjudicadas ha declarado tras el juicio que su representada se halla “muy afectada” tiempo después de lo ocurrido, aunque con una clara mejoría. No tiene constancia de que el propietario de Burro Canaglia haya contactado en este tiempo con su clienta. También ha declarado la responsable de uno de los proveedores, aunque el caso aún se encuentra en fase de instrucción, lo que significa que sigue en la primera etapa y solo se tomarán testimonios para recabar los datos necesarios de cara a un futuro juicio oral además de concretar qué tipo de delitos podrían pesar sobre Capote.
Según este mismo magistrado, todo apunta a que se le acusará de un delito de lesiones, otro contra la seguridad de los trabajadores y presumiblemente uno de homicidio imprudente. La clave estará en demostrar si hubo o no negligencia o si, por el contrario, fue fruto de un desafortunado accidente. El local tenía licencia de actividad.
De rozar el cielo a la caída en picado
El trágico suceso produjo un efecto dominó. El desastre llegó en plena expansión del negocio, pues la cadena había anunciado que el mismo año del incendio abrirían hasta 40 locales por todo el mapa nacional. El anuncio se hizo poco después de cerrar un año facturando más de 15 millones de euros. Sin embargo, ocurrió justo lo contrario: 2023 marcó el inicio de su declive. Con el incendio en Manuel Becerra la empresa fue cerrado uno por uno los establecimientos que tenía repartidos por hasta ocho ciudades. El grupo sevillano The Clandestine Hub, al que pertenece la compañía, clausuró incluso los cinco negocios que mantenía abiertos en la capital hispalense.
La declaración estaba prevista para el 17 de diciembre, pero la instrucción se aplazó aparentemente por problemas de agenda entre los letrados, según la información que trascendió en su día. Meses antes, en septiembre de 2024, se había reactivado la investigación después de que pasara más de un año sin tomar declaración a testigos o investigados. En ese tiempo se analizaron varios informes sobre lo ocurrido que elaboraron desde la Policía Científica, la Policía Municipal de Madrid o la Inspección de Trabajo.
Finalmente, el testimonio del dueño de Burro Canaglia en Manuel Becerra se suspendió hasta este martes. Pero Capote ya se mostró públicamente despreocupado al cumplirse un año del fuego que marcó un antes y después para la cadena de pizzerías. En declaraciones al diario El Mundo llegó a augurar con contundencia que la causa penal se “archivaría”, pues a su juicio de trató de “un accidente, y ya está”. No obstante, será el Juzgado de Instrucción número 46 el que deberá dilucidar si realmetne fue así o, por el contrario, puede atribuirse a un mal control de las medidas de seguridad.
En su día, el incendio en Burro Canaglia hizo repensar las recetas con flambeados en otros restaurantes madrileños. Muchos hosteleros comenzaron a plantearse si la decoración y el espectáculo en comidas instagrameables podían ser compatibles con la seguridad en los establecimientos, y algunos incluso dejaron de usar el flambeado en sus restaurantes o negocios. Fue el caso de locales como Rosi la Loca, Inclán Brutal Bar y Calle 365, que también prohibieron las bengalas o cualquier otro material con carácter pirotécnico en sus locales.
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