Soto Ivars inicia una gira de debates apoyada por el Ayuntamiento de Madrid hablando de herencia, impuestos y 'therians'
Una “hija de rojos, nieta de feriantes, hecha a sí misma”. Un “hijo de Alfonso Ussía, bisnieto de Muñoz-Seca, heredero”. Con estas credenciales se presentaba la tertulia Ser herederos: ¿herencia o maldición?, que este miércoles 25 de febrero ha tenido lugar en la Casa de Vacas del parque del Retiro, en Madrid, entre los escritores y columnistas Ana Iris Simón y Alfonso J. Ussía.
Un acto impulsado desde la Junta Municipal de Retiro, presidida por Andrea Levy (que ha ejercido de maestra de ceremonias), como parte del programa La velada de pensar. El proyecto, según sus creadores, llevará discusiones de este pelaje a diversos centros culturales madrileños en los próximos meses. Uno de sus coordinadores es el escritor y polemista Juan Soto Ivars, quien además ha moderado este primer debate de posiciones enfrentadas o contrarias, al menos sobre el papel.
Cada interviniente ha ofrecido su punto de vista durante 15 minutos sin la presencia del otro contertulio. A continuación, una vez el público ha escuchado ambas versiones, los asistentes que han llenado el recinto han podido dirigir sus preguntas dirigidas a ambas personalidades a un número de WhatsApp habilitado a tal efecto y Soto Ivars ha seleccionado las que consideraba más interesantes. Es entonces cuando ha surgido el “cara a cara”, tal como lo ha presentado el moderador.
Las historias: el “honor” de Ussía y la “pena hacia los ricos” de Simón
La intervención en solitario de Ussía ha sido sin duda el momento más brillante, o al menos soportable, de la jornada. Puede que un poco alejado de la realidad, pues se ha presentado como un tipo que no ha heredado lo que la gente piensa, al menos económicamente (curiosamente esta tendencia a que ciertas élites se definan como poco más que pordioseros es algo que Ana Iris Simón ha criticado luego). Pero ciertamente ha tenido gracia su explicación de que cuando eres un escritor hijo de otro, además uno con un perfil tan marcado como el de Alfonso Ussía y Muñoz-Seca (fallecido en diciembre), pierdes “automáticamente a un 50% del público objetivo [el de izquierdas]”. De esa mitad “luego pierdes a otro 25 o 50%, cuando ven que tú no escribes ni eres como tu padre”.
De él dice que heredó dos cosas, por encima de todo: “El nombre y una biblioteca”. Ha asegurado que nunca tuvo la necesidad de “matar al padre” y recibe esa herencia “como un honor”, por mucho que las comparaciones estén siempre ahí. Para muestra, la presentación de una de sus novelas, que se abarrotó con lectores que en realidad creían que quien iba a acudir era su progenitor.
Ussía ha rescatado una bonita anécdota a raíz de unos versos que Joaquín Sabina, rival intelectual e ideológico de su padre, le dedicó en un libro de sonetos. El título del poema era Don Mendo no se hereda, en referencia a la obra cumbre de Pedro Muñoz Seca, abuelo y bisabuelo de los Ussía, respectivamente. Luego se llevó su correspondiente respuesta, ya que Ussía y Muñoz-Seca le animó a aprender lo que era una sílaba, pues el poema en realidad construía un soneto cojo. “Al final de la vida de mi padre tuvieron cierto acercamiento espiritual o intelectual. Fue bonito heredar esa relación de sables con un desenlace tierno”.
Al final de la vida de mi padre, Sabina y él tuvieron cierto acercamiento espiritual o intelectual. Fue bonito heredar esa relación de sables con un desenlace tierno
El monólogo de Ana Iris Simón no ha tenido tantos pasajes rescatables. Lo ha comenzado anunciado el fallecimiento de Antonio Tejero, que ha trascendido en medio del acto, y vinculándolo a la cuestión de la herencia: “La sociedad habrá mirado con condescendencia, odio y suspicacia al hijo de Tejero”. Luego ha hablado del concepto de herencia como “rémora”, con citas a Edipo o a la familia Panero que tan crudamente retrató Jaime Chávarri en El desencanto. Pero pronto ha comenzado a desbarrar. Ha explicado que “en el mundo moderno la familia, la patria, el sexo biológico o incluso la especie [primera referencia a los therians] son vistos como algo a superar”.
Luego ha hablado de “un despertar de cierta pena hacia los ricos”, por no haber vivido una infancia como la suya, tan modesta, unida y familiar, con Camela siempre sonando. “Yo lo atribuía a mi ideología pero tiene más que ver con la fe”, ha comentado antes de pasar a leer un salmo. Así, para Simón “el orgullo de clase convive con el odio de clase”. Con el tiempo, asegura, empezó a ver que “hay ricos que son buenas personas y pobres que son unos hijos de puta”.
Hay ricos que son buenas personas y pobres que son unos hijos de puta
Ha contado también que en su caso, paradójicamente, “gracias a contar la envidia que me daban la vida de mis padres he conseguido una posición en la que ya no me dan envidia”. Ha enlazado esta reflexión con un dardo a David Uclés: “Yo no he vendido 300.000 ejemplares y he podido comprarme un piso en Madrid”, aunque el autor de La península de las casas vacías ya matizó que podría permitírselo cuando reciba los pagos que le corresponden por esta novela. En cualquier caso, el debate debería ser si es necesario vender 300.000, 100.000 o un solo ejemplar para permitirse un piso. Piques entre autores aparte, Simón ha zanjado su miniponencia valorando que “solo tiene sentido mirar la herencia desde la naturalidad y el agradecimiento, se haya nacido en la periferia o en la cúspide”.
El debate: dos perfiles (no tan) contrapuestos
La actividad pretendía confrontar las visiones de trayectorias contrapuestas, aprovechando el nuevo lema del Ayuntamiento: “Madrid, donde se cruzan los caminos”. Pero finalmente, las coincidencias ideológicas no han sido precisamente la excepción por mucho que el recorrido vital de cada figura tenga sus particularidades. Ya se sabe que a veces los caminos se cruzan.
Pese a ello, en el debate final sí han aflorado algunas discrepancias en el terreno económico y en el papel del Estado sobre la herencia recibida. Así, aunque ambos han coincidido en revisar el impuesto de sucesiones sobre una primera vivienda, Ana Iris Simón aboga por elevar las tasas para quienes reciban “diez o veinte”. Ussía, por su parte, piensa que no debe ser así necesariamente “si alguien se lo ha ganado gracias a una idea brillante que ha ayudado a mucha gente”. Para la escritora, el problema es conseguir ese dinero “y luego gastarlo en comprar pisos, que no debería ser un bien de mercado”. Su contrincante intelectual ha acabado por aceptar este planteamiento, hasta el punto de que ha dicho estar de acuerdo con Gabriel Rufián, cuando animó en La Revuelta a los ricos a invertir en oro o cualquier cosa, salvo en casas.
Lo curioso de la postura de Ussía ha sido la contradicción manifiesta en la que ha caído. Si por un lado se opone a que el impuesto de sucesiones menoscabe los logros conseguidos por un padre, rechaza igualmente que los hijos hereden deudas por los deméritos de sus progenitores. La fortuna debe heredarse para perpetrar el privilegio, sin injerencia del Estado, pero ante la desgracia ese mismo Estado debe venir en socorro.
El intercambio de opiniones ha llevado hasta una confrontación de los modelos estadounidense y chino, después de que Ussía hablase del “desastre” del comunismo y los sistemas que tienden a igualarnos por abajo. Ana Iris Simón ha apostillado que “en China un 90% de la gente joven tiene acceso a la vivienda mientras en Estados Unidos la gente se muere en la puerta de los hospitales”, además de rescatar unas palabras que atribuye a Estefanía Molina (futura invitada a La velada de pensar): “De la libertad no se come”. Ussía ha contrarrestado con las bondades del sistema democrático y la libertad electoral, pero Simón ha recordado que “quien se muere en los hospitales lo hace con Trump y lo haría con Kamala Harris”.
La periodista pronto ha virado el discurso a su habitual cuestionamiento de las libertades individuales, asegurando que “las últimas generaciones las han prevalecido sobre las colectivas, sobre todo desde la izquierda”. La clásica falsa dicotomía entre luchas que pueden y deben ser perfectamente compatibles, que de hecho se retroalimentan entre ellas (por no hablar de que es la derecha quien vive absolutamente obsesionada con las cuestiones de índole identitaria). Luego ha sugerido que la vida sin descendencia está poco más que condenada al nihilismo: “Sin hijos no trabajamos igual, no solo a un nivel asalariado, sino también en otros aspectos de la vida. Me he dado cuenta que sin hijos no me interesaba realmente el estado de las cosas”.
Me he dado cuenta que sin hijos no me interesaba realmente el estado de las cosas
La conversación, que casi ha parecido una síntesis del choque entre esa derecha ayusista o neoconservadora frente al camuflaje obrerista del nuevo Vox de Carlos Hernández Quero, ha acabado derivando en mofas al (artificial) fenómeno therian, a raíz de una pregunta sobre esas personas que dejan su herencia a mascotas. Un caso igual de puntual (habría que ver si real) que el de dichos therians, que ha servido a Ussía para comentar que al salir del acto “te puedes encontrar a un par de leones peleándose” y a Soto Ivars bromeando con “un aumento de la zoofilia si te enteras de que el perro heredero está forrado”. Simón, con su tendencia a llevar las cosas a lo material, mencionó la noticia de “un gato que heredó un piso que no quedó libre hasta que se murió” para lamentar luego que “como ya no puedes meter a esa persona en un psiquiátrico cuando muere pasa eso, en vez de dejárselo al pueblo”.
Los futuros invitados de más tertulias “civilizadas” y sin “zascas” con el respaldo del Ayuntamiento
El austero cartel del debate auguraba ya emociones fuertes en un acto englobado dentro del programa La velada de pensar. Una iniciativa que toma su nombre de La velada del año, los combates de boxeo aderezados con música y misceláneas varias que el influencer Ibai Llanos organiza una vez el año. “Lo estamos montando en los centros culturales de los distritos, un jueves de cada mes en uno diferente”, ha relatado Soto Ivars en un vídeo publicado este miércoles en su canal de YouTube, donde se podrán ver estas jornadas después de su celebración.
El escritor y polemista presenta la iniciativa como “un tipo de debate diferentes a los de televisión y redes, para que se escuchen dos visiones contrapuestas de un tema polarizador sin que estén discutiendo o el discurso se mueva en función de lo que el otro dice”. Habla de “escuchar a la otra parte evitando las interrupciones y los zascas, con una forma de debatir civilizada”. En la publicación de su canal, Soto Ivars avanza algunos futuros ponentes de La velada de pensar: Pedro Herrero (autor de Extremo centro: el manifiesto), la opinóloga Estefanía Molina, el periodista Arcadi Espada o la también periodista Marta Peirano, investigadora sobre tecnológicas y autora del libro El enemigo conoce el sistema.
Este periódico ha consultado a fuentes del Ayuntamiento de Madrid el presupuesto o las retribuciones para esta velada de pensar, que promocionan también a través de canales oficiales, y las que están por venir. En su respuesta no concretan cifras, aunque indican que “la empresa ganadora del contrato para la organización de los eventos del distrito es la responsable de elaborar una programación para todo el año, en la que se incluyen jornadas y conferencias”. Recuerdan que el año pasado “estuvieron el filósofo Jorge Freire y la escritora Carmen Posadas”.
Breve historia de tres opinadores
Redactora en cabeceras como VICE España, Ana Iris Simón saltó a la fama en 2020 por la publicación de Feria, una obra autobiográfica y ensayística en la que reivindica sus raíces rurales y analiza las expectativas frustradas de su generación. Muy mediática fue su intervención en un acto sobre la España vaciada en la Moncloa en 2021, cuando criticó la precariedad estructural que afecta a los jóvenes al tiempo que reivindicaba “rescatar la importancia y el valor de las comunidades orgánicas en toda su complejidad, sin remilgos ni moralinas: la familia, el municipio, la patria”. También “reivindicar la masculinidad de mi hermano, de mi abuelo, de mis amigos y de mi padre, que cumple con muchísimos de los estereotipos de lo que ahora se ha convenido en llamar el hetero básico”. Desde entonces se ha convertido en tertuliana de programas como Espejo Público, además de publicar una columna semanal desde 2023 en El País.
Por su parte, Alfonso J. Ussía es hijo del escritor y periodista Alfonso Ussía y Muñoz-Seca, fallecido en diciembre. El abuelo materno de este fue el dramaturgo Pedro Muñoz Seca, autor de La venganza de Don Mendo fusilado en Paracuellos, y estaba emparentado también con Jaime Milans del Bosch y Ussía, el único capitán general que sumó sin reservas al intento del golpe de Estado del 23-F. Alfonso J. Ussía colabora o lo ha hecho en diversos medios: The Objective, El Confidencial, ABC u Onda Cero. En 2024 publicó el ensayo Borroka. Años de plomo y sangre, sobre la lucha de la Guardia Civil contra ETA, y en 2025 Bajo cielo, particular recorrido por Madrid con prólogo de Andrés Calamaro. Libro este último de la editorial Círculo de Tiza, como en el caso de Feria. Ussía ha compaginado esta faceta de cronista con la de redactor de discursos de la presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, labor que llevó a cabo como parte de su gabinete de comunicación entre 2023 y 2024.
Respecto a Juan Soto Ivars, es un adalid de la “poscensura” desde la publicación de su ensayo Arden las redes en 2017. Las críticas a lo que denomina las batallas culturales, sobre todo las que emprende la izquierda, pueblan otras de sus obras, como La casa del ahorcado o La trinchera de las letras. Pese a esa supuesta censura imperante que para algunos es simplemente libertad de crítica, lo cierto es que no ha parado de publicar libros ni su voz ha dejado de escucharse en todo tipo de medios de comunicación en los últimos años. Ha colaborado o colabora en Radio Televisión Española, laSexta, El Mundo, TV3 o Cuarto Milenio y Horizonte, programas de Iker Jiménez en Cuatro. A finales del año pasado lanzó el controvertido ensayo Esto no existe, sobre denuncias falsas de violencia de género.
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