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Ayuntamiento de Madrid

Los viveros municipales producen más árboles con el cambio climático: “Las plantas no dejan de crecer en invierno”

Plantas leñosas en macetas del vivero de la Casa de Campo

Diego Casado

Madrid —

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Un trabajador coge un pequeño aligustre, de unos 10 centímetros, y después de sacudir algunos restos de gravilla corta sus raíces sobrantes. Otro lo mete en una maceta rellenada de tierra por una máquina, una tercera empleada esparce mantillo por encima y lo coloca en un transportín, listo para llevarlo a otro lugar junto con cientos de ejemplares de su especie.

Este proceso tiene lugar cada mañana, muchas veces, en el vivero municipal de la Casa de Campo. Uno de los tres que posee el Ayuntamiento de Madrid para surtirse de flores, plantas y árboles destinados a las calles y parques de la capital. En el caso de arbustos como el aligustre citado, el proceso era largo, con un crecimiento que duraba al menos dos temporadas. Pero este año va a ser mucho más rápido. “Yo creo que este septiembre ya lo vamos a poder dar”, explica Yolanda López, técnico del vivero.

El caso del aligustre permite ver cómo está cambiando el clima en la ciudad, a pasos acelerados: en enero fue plantado en forma de estaquillas, que enraizaron en arena hasta ser trasplantadas esta semana, cinco meses después. A los nueve meses ya estará saliendo en macetas hacia los parques municipales, su hogar definitivo.

“Antiguamente se paraba durante el invierno y ahora, al no haber grandes heladas, la planta acorta el ciclo”, sigue contando Yolanda sobre las condiciones climáticas que palpan cada temporada en los viveros de Madrid. “La planta que está sobre tierra no deja de crecer... nos estamos aproximando más a Valencia”, recalca en referencia a la ciudad Mediterránea de estaciones frías tradicionalmente más templadas que las madrileñas. “Si el ciclo de cultivo es de seis años para un árbol, ahora se puede acortar a cinco. Aunque depende de un invierno a otro”, añade poniendo un ejemplo. Ocho de los últimos diez han sido especialmente cálidos, según datos de Aemet.

Los cambios en las temperaturas también está permitiendo que los ciclos de las flores sean más cortos, con crecimientos completos en una sola temporada partiendo desde las semillas. Y que empiecen a llegar a resistir en Madrid especies más propias de las costas, como la melia azedarach (conocida popularmente como cinamomo), que antes no soportaba los inviernos severos.

383.000 árboles y plantas el año pasado

Los viveros municipales son desde hace más de 200 años un lugar clave para el desarrollo de la vegetación en la ciudad. Permiten que las plantas que salen de sus instalaciones estén perfectamente adaptadas al clima de Madrid, lo que hace que tengan más posibilidades de supervivencia que otros vegetales desarrollados en viveros privados a cientos de kilómetros de la capital, en zonas templadas, donde su desarrollo es más fácil.

Si las plantas que se colocaran en la capital vinieran de lugares con climas más suaves, podrían caer con las temperaturas extremas. “Esas son plantas que vienen un poco forzadas, no tan adaptadas a las condiciones extremas de Madrid, con 40ºC en verano y hasta -10ºC en invierno”, aclara Yolanda López.

Esta técnico municipal trabaja en el vivero de la Casa de Campo, uno de los tres que posee el Ayuntamiento y especializado en plantas leñosas. El más conocido e histórico es el del Retiro y luego está el de Migas Calientes, también junto al Manzanares, algo más al norte de la Casa de Campo y el más grande del conjunto. El pasado año salieron de estos tres lugares 383.106 macetas con el objetivo de reverdecer las calles: 44.084 arbustos, 7.993 frondosas, 584 coníferas, 158.303 plantas de huerto, 2.737 crasas, 3.269 de interior, 84.059 de temporada y 82.077 vivaces, según datos que el Ayuntamiento acaba de hacer públicos con motivo del Día Mundial del Medio Ambiente, que se celebra este miércoles.

La llegada de este día motivó también la visita este martes del delegado de Medio Ambiente, Borja Carabante, quien destacó las actividades formativas que se desarrollan en los viveros municipales para “concienciar en la protección del medio ambiente”. El año pasado pasaron por ellas hasta 91.000 personas. También dio el dato de lo que invierte el Ayuntamiento en las tres instalaciones donde crecen las plantas (4,8 millones de euros) y ratificó el compromiso de Almeida de plantar 500.000 árboles en su segundo mandato, aunque no aclaró el porcentaje que ya lleva cumplido durante el primer año de su forestal promesa electoral.

Muchos de esos árboles pasarán por este lugar de la Casa de Campo, procedentes de las empresas que reciben autorizaciones de talas por parte del Ayuntamiento. Según la legislación ambiental regional, por cada año segado de vida vegetal, están obligadas a entregar un árbol. Y en el vivero comprueban si cumplen las condiciones adecuadas, los cuidan y los envían a los lugares donde darán sombra en Madrid, una función cada vez más necesaria debido a la subida de temperaturas. Las mismas que están aceleradon su crecimiento en la capital.

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