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Carta de un cura al cardenal Ricardo Blázquez, presidente de la Conferencia Episcopal Española

No es comprensible que las víctimas de la pederastia queden relegadas y nos limitemos a escucharlas cuando se considere oportuno

Lo que ha pasado en la Basílica de Zaragoza, donde se ha puesto un manto de la Falange a la imagen del Pilar, no ha sido un error

Me imagino que conoces lo que se suele decir:  “¡Ojalá se vaya el argentino y volvamos al modelo de Juan Pablo II!”

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Blázquez:la Iglesia admite los abusos y tiene la firme decisión de erradicarlos

Con motivo de tus declaraciones acerca de la pederastia en la Iglesia en las que dabas gracias a las víctimas por sus denuncias y apelabas a la intención de erradicar esta lacra quiero decirte que comparto contigo esta reflexión. También siento vergüenza. Creo que estas cuestiones nos hunden y nos hacen un daño que hace que mucha gente se aleje y sólo quiera de nosotros el mercadeo de los sacramentos.

En tus declaraciones, como decía antes, reconocías abiertamente la existencia de este escándalo de la pederastia en la Iglesia española sin ningún tapujo y manifestabas el compromiso a eliminarla. No sé si eres consciente -espero que sí- de que la gente ya no quiere palabras, sino gestos, hechos y acciones claras y rápidas.

Te confieso que no tengo claro si hay una voluntad comunitaria después de escuchar en varias ocasiones el anuncio del portavoz y secretario general de la Conferencia Episcopal Española, José María Gil Tamayo, de una comisión antipederastia formada, sobre todo, por juristas y donde no están las víctimas. No es comprensible que las víctimas queden relegadas y nos limitemos a escucharlas cuando se considere oportuno. ¿No supone esto un cierto desprecio hacia las personas que han sufrido esta brutalidad y crueldad por parte de curas, religiosos, obispos y laicos?

Además, las palabras de Gil Tamayo hicieron daño a las víctimas, a la Iglesia y a la sociedad porque después de reconocer la existencia de los hechos intentó restarles importancia alegando que la sociedad también era cómplice, que la pederastia también se daba en el ámbito familiar y que hay que preservar la presunción de inocencia por el tema del honor.

Esto me recordó a las palabras de María Dolores de Cospedal cuando quiso justificar la corrupción en su partido alegando que la sociedad es corrupta, que en los demás partidos hay mucha corrupción, mientras que, por otra parte, también mencionó  la presunción de inocencia. Intentar restar y minimizar importancia a lo ocurrido con estos argumentos es, en cierto sentido, justificar en parte esta situación.

He intentado leer testimonios de quienes sufrieron estos abusos y violaciones y, la verdad, es que no he podido hacerlo. Dan ganas de vomitar. Las víctimas de la pederastia necesitan el perdón, la verdad y la reparación. Es necesario escucharlas, crear espacios para ellas y, después de un tiempo prudencial, acompañarlas al juzgado si hay indicios para presentar la denuncia correspondiente.

Tus palabras, si no van acompañadas de decisiones valientes, caerán en saco roto y volveremos a decepcionar y, en cierto sentido, a amparar la pederastia. Y eso sería muy triste. La alegría nace de destapar los casos de abusos durante años por iniciativa propia de la Iglesia y no de ir a rebufo de las circunstancias.

Grave y triste me parece también la vinculación que tenemos aún con el franquismo y el nacionalcatolicismo, ese sistema que asesinó, encerró y torturó a miles de personas. ¿Cómo podemos desvirtuar tanto el Evangelio, un texto de vida convertirdo en un texto de muerte?

Lo que ha pasado en la Basílica de Zaragoza, donde se ha puesto un manto de la Falange a la imagen del Pilar, no ha sido un error. Se ha hecho desde el convencimiento de que esa acción era correcta, pero ha saltado a la luz pública y ha generado un gran escándalo. Eso es ofender los sentimientos religiosos en la línea oficial, pero seguro que nadie va a denunciarlo en los juzgados.

También quiero indicar que la presencia de los benedictinos dando culto a Franco me parece una vergüenza que choca con el compromiso de los creyentes que siguen luchando por la paz y la justicia, con ese Jesús de Nazaret que pasó haciendo el bien.

Por cierto, al hilo de esto no estaría mal que por voluntad propia se pagara el IBI de los pisos en propiedad y no hiciéramos ninguna batalla campal por la titularidad de algunas propiedades. Nuestra lucha debe ser por la dignidad humana y el bien común.

Hasta donde sé, creo que lo estás pasando mal porque siguen conspirando dos personajes muy siniestros, que no son otros que Cardenal Rouco Varela y Martínez Camino, personas ultraconservadores y que tienen una concepción de una Iglesia vinculada al poder económico y político de derechas, claro. Tú, Ricardo, sin ser un gran avanzado, eres luz en esta Iglesia, en gran parte rancia, insensible. Una Iglesia rancia que condena y juzga a muchos colectivos, entre ellos, a los homosexuales.

¡Y qué decir del Papa Francisco! Una persona aceptada y valorada en la sociedad por sus mensajes, sus gestos y sus compromisos, mientras que dentro de la Iglesia se enfrenta a un gran rechazo. Hasta hay cardenales que piden su destitución abiertamente, como son Burke, Bradmuller, Caffara, Muller, De Paolis, entre otros. Y lo hacen abiertamente porque sienten que detrás de ellos está gran parte de la curia romana, los grupos de presión económicos y los defensores de ese capitalismo que, como dice el propio Francisco, es una sistema que mata. Precisamente, si hay reacción ante la pederastia es porque Francisco la combate abiertamente y sin cuartel y esto no se lo perdonan. Me imagino que conoces lo que se suele decir:  “¡Ojalá se vaya el argentino! y volvamos al modelo de Juan Pablo II (el modelo de poder absoluto y del ocultamiento de la pederastia, entre otras cosas)”.

Tenemos una Iglesia conservadora y muy conservadora con una jerarquía, en parte, que añora el nacionalcatolicismo, una Iglesia que tapa sus escándalos y una Iglesia a la sombra del poder.

Como dice el Papa Francisco: hay que luchar con todo nuestro ser por un mundo donde cada persona tenga su sitio. Una afirmación que nos debe hacer valientes en una sociedad amenazada por el racismo, la xenofobia y el rechazo al pobre (aporofobia). Haz lo que puedas. Los demás lo intentaremos, a pesar de nuestras contradicciones, incoherencias y todo aquello que hay de maldad en nuestras vidas.

Un abrazo

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