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Al-Ricotí, Guerra Civil, 'grippe' y un libro: la Universidad de Murcia en un milenio de historias

Facultad de Biología. Al fondo, el rector José Loustau, que presidió la institución en períodos entre 1918 y 1939. La imagen fue tomada en 1920.

En 1243, Murcia fue protagonista de dos grandes eventos: uno, la conquista por parte de Castilla de toda la Región, que hasta el momento era un reino musulmán. La segunda, la creación de la primera universidad murciana, dirigida por Al-Ricotí, musulmán oriundo de Ricote. En su época, fue considerado uno de los mayores científicos de España, y el rey Alfonso X le encomendó la tarea de presidir la madrasa -término árabe aplicado a centros de estudios superiores-, en dónde se enseñó filosofía, lógica, geometría, medicina, derecho y matemáticas. Al-Ricotí sabía de todas ellas, y las podía impartir en árabe, hebreo, latín y romance.

Sobre la vida del primer rector se puede leer en 'De buen ayre e de fermosas salidas. Crónica de 777 años de la Universidad de Murcia (1243-2020)', una obra de reciente publicación -disponible en librerías murcianas como Diego Marín- que abarca la vida de la institución educativa murciana desde sus comienzos hasta la actualidad. Su autor, Pascual Vera Nicolás -jefe del Servicio de Comunicación de la UMU-, ahonda en las raíces de la Universidad y crea un mosaico de la institución a través de 120 relatos y 300 personajes históricos.

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De la primera madrasa instaurada en Murcia, el escritor señala que allí se mezclaban tanto “estudiantes cristianos como musulmanes y judíos, compartiendo aulas y saberes”. Se desconoce su emplazamiento, pero diversas fuentes la sitúan en el recinto Real de Monteagudo. Desapareció hacia el comienzo de 1272, fecha que se considera la de la fundación de la primera universidad cristiana, también auspiciada por Alfonso X el Sabio.

Pascual Vera señala que, aunque Al-Ricotí era “buen musulmán”, siempre creyó que las diferentes disciplinas del pensamiento y la ciencia podían “enseñarse y aprenderse sin que la religión interviniera en ellas, de ahí que siempre se negara a abrazar el cristianismo, como le insistió reiteradamente su amigo Alfonso X”. Fue tanta su insistencia, asegura el autor, que acabó marchándose al reino de Granada.

Rector en la Guerra Civil

Hay muchos personajes sorprendentes entre los que han poblado la Universidad de Murcia, asegura el autor, y cita a Laureano Sánchez Gallego, un prestigioso catedrático de Derecho que rigió los destinos de la Universidad de Murcia en un tiempo tan complicado como la primera mitad de la Guerra Civil“.

“Como sus padres, fue agricultor en su niñez y juventud, -narra Pascual- y animado por el cura de su pueblo, que supo ver en él unas enormes cualidades”. Estudió en un seminario, cursó bachiller con 32 años y tuvo una carrera “meteórica”: licenciado, doctor y catedrático de Derecho en siete años. Fue uno de los primeros profesores de la Universidad de Murcia, en la que entró en 1917, siendo decano, secretario de su facultad, vicerrector y finalmente Rector en octubre de 1936.

Tras la llegada de las tropas franquistas, se vio obligado a exiliarse en México. Allí enseñó literatura en el Instituto Superior Técnico de Agua Caliente, y escribió varios libros. Falleció en Tijuana, en 1945. Su tumba se llena de flores en el día del Maestro. Camino del exilio había dejado escrito: “Si naciera setenta veces, otras tantas sería profesor”.

La gripe de 1918 y la COVID de 2020

En la obra se habla de la epidemia de gripe que asoló la Región en 1918. Cuando a Pascual le tocó abordar este punto de la historia no pudo evitar buscar comparaciones con la llegada de la COVID-19. “Investigué sobre cómo había sido esa pandemia que nos golpeó a los murcianos y al resto del mundo de manera inmisericorde, y me sobrecogí cuando descubrí tantos paralelismos”, cuenta el autor.

En septiembre de 1918, tras una primera ola relativamente benigna en Murcia de la mal llamada gripe española -o 'grippe', como se la denominaba por entonces-, todos los cines y teatros estaban funcionando, la feria estaba en pleno apogeo, y también las fiestas del resto de los municipios, la romería de la capital “estuvo animadísima”, según los diarios del momento. “Aquellas manifestaciones de ocio y fe eran un ejercicio de escapismo para no contemplar lo que estaba llegando, comenzando enseguida a producirse un gran número de muertes que iba en aumento” indica Pascual. Tanto, que el diario El Liberal de Murcia pidió “violentas resoluciones de Gobierno para procurar la salvación del país en el trance agobiante de esta peste mortal”.

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En aquellas condiciones, la inauguración del curso 1918-19 se produjo el 24 de noviembre, es decir, un mes y medio más tarde de lo que se habría hecho en un curso normal. Pascual señala que el catedrático de química Antonio Ipiéns Lacasa pidió a los alumnos en el discurso inaugural de la Universidad de Murcia que comprendieran que muchos de los días que en circunstancias normales serían festivos, se habilitarían como lectivos, ya que “en este curso, todo conato de holganza produciría deplorable efecto en el ánimo de la opinión pública, lo que llevaría consigo el desprestigio de la clase estudiantil”.

Pascual describe la aventura de escribir este libro de “apasionante” pero también con momentos de “estrés”: “El hecho de manejar y buscar documentación gráfica, que estaba absolutamente diseminada en multitud de archivos y procedencias diversas, así como su manejo y clasificación posterior, una labor ésta en la que Ana María Martín Luque fue providencial”.

El autor saca en claro, con la escritura de su obra, que la historia de la Universidad de Murcia está “llena de jalones que merecen ser divulgados y conocidos, y que dentro de esa historia, se esconden muchos hechos y circunstancias que sorprenderán a casi todos”.

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