Una psicóloga, sobre lo que aportan los abuelos a la vida de un adolescente: “Son un potente factor protector en el desarrollo emocional”
En la compleja etapa que es la adolescencia, cuando el distanciamiento con los padres resulta casi obligado, muchas veces cobran importancia los abuelos, que aunque en ocasiones pasen inadvertidos en los manuales de psicología, son fundamentales en el desarrollo emocional de quienes tienen la suerte de contar con ellos.
“Los abuelos pueden convertirse en una figura de estabilidad, contención y equilibrio. Al no estar implicados en el día a día de las normas, límites, horarios y conflictos cotidianos, suelen ofrecer un espacio más sereno donde nuestro o nuestra adolescente suele sentirse escuchado y validado sin tanta presión”, explica la psicóloga Amaya Prado Piña, especialista en infancia, adolescencia y familia.
Ella define la adolescencia como una búsqueda de autonomía e identidad en la que alejarse de los padres responde a “una necesidad evolutiva de diferenciarse” y es justo ahí cuando los abuelos pueden ser clave.
“Los abuelos representan un vínculo con la historia familiar y transmiten una perspectiva vital diferente, son como el ChatGPT, nos van a decir lo que queremos oír”, bromea la psicóloga, que señala que esa actitud hace que el joven consiga abrirse de un modo a veces imposible con los padres.
“Muchas veces ayudan a relativizar y normalizar ciertos problemas o situaciones propios de esta etapa porque aportan experiencia, paciencia y una mirada menos reactiva y más validada”, añade.
La importancia de tener otros adultos de referencia
“La evidencia científica nos indica que en la adolescencia tener adultos de confianza distintos a los padres aporta un potente factor protector en el desarrollo emocional”, defiende Prado Piña, que destaca que los vínculos realmente protectores son los que reúnen cuatro pilares: “Amor incondicional, disponibilidad, estabilidad y aceptación”. En esa convergencia el adolescente encuentra, según la experta, la seguridad para explorar su identidad con menos miedo.
Uno de los mayores retos de la dinámica familiar es delimitar el papel de cada generación, ya que “cuando un adolescente percibe que los adultos compiten entre sí, suele aumentar la tensión familiar y el joven puede verse atrapado en un conflicto de lealtades, o incluso posicionarse del lado de los abuelos y abrir más brecha entre ambos”, comenta la experta. Para ella, el éxito de una buena relación abuelo-nieto reside en “complementar, sin sustituir, ni menospreciar o invalidar la labor de los padres”.
El abuelo ideal funciona para Prado Piña como refugio emocional, de acompañamiento y validación, pero también de puente, facilitando el diálogo con los padres sin colocarse en medio de los conflictos.
Para que el vínculo se desarrolle, la psicóloga apunta la necesidad de que las familias dejen de ver a los abuelos como apoyos meramente logísticos, ya que la relación se fortalece a través del tiempo de calidad compartido: “Es importante, como cualquier vínculo, no darlo por supuesto porque necesita tiempo compartido y oportunidades para crecer”.
“Cuando pasa el tiempo y la vida, tener una buena relación con abuelos es un privilegio y un regalo que tendrás toda la vida”, concluye Prado, en referencia a esa conexión y todo ese cariño que van más allá de esos años de juventud.
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