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“Me siento juzgada y ninguneada por las abuelas de mi hija, especialmente por mi suegra, ¿qué puedo hacer?”

Fotograma de 'Valeria' (Netflix).

Lucía M. Quiroga

7 de enero de 2026 22:15 h

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Pues yo me siento juzgada y ninguneada por las abuelas de mi hija, especialmente por mi suegra

Marta lectora de elDiario.es

Marta tiene una bebé de poco más de un año. Después de leer el consultorio de Nidos en el que una abuela contaba que se sentía juzgada por su hija cuando cuidaba de sus nietos, contestó con el punto de vista opuesto: “Pues yo me siento juzgada y ninguneada por las abuelas de mi hija, especialmente por mi suegra”. 

Ampliando información, Marta cuenta que su situación es esta: “Me llevo genial con la madre de mi pareja, pero es una mujer que dejó de trabajar para criar a sus hijos y se lo sabe todo sobre la crianza. Desde que nació mi hija está empeñada en corregirme. Cuestiona la alimentación, el sueño, hasta la lactancia. Ha llegado incluso a agarrarme el pecho para corregirme la toma cuando estaba amamantando”, cuenta. En cuanto a su madre, pese a que esperaba más conflicto con ella, no se ha sentido tan juzgada, aunque sí ha habido que hacer ajustes. “Con ella soy capaz de marcar mis límites, pero con mi suegra me cuesta más porque siento que si lo hago va a ser con mucho conflicto”, explica. Marta trabaja y estudia, por lo que las abuelas le ayudan en el cuidado de la niña cuando ni ella ni su pareja pueden hacerse cargo.

Su situación no es excepcional: en la actualidad, son muchos los abuelos y, especialmente, abuelas que cuidan. Un informe de Aldeas Infantiles asegura que el 35% de las personas mayores de 65 años cuida a sus nietos y nietas varios días por semana, dedicando de media 16 horas semanales al cuidado de menores. En España, más del 30% de los abuelos y abuelas suponen la primera opción de apoyo al cuidado infantil, según una encuesta europea elaborada por Make Mothers Matter. Y según Malasmadres, siete de cada 10 mujeres recurre a las abuelas y abuelos cuando ellas o su pareja (si la tienen) no pueden atender los cuidados de la infancia. 

Desde que nació mi hija está empeñada en corregirme. Cuestiona la alimentación, el sueño, hasta la lactancia. Ha llegado incluso a agarrarme el pecho para corregirme la toma cuando estaba amamantando

En ocasiones, esto conlleva conflictos entre abuelos y progenitores, debido a las diferencias en los estilos de educación o las pautas básicas de crianza, tal y como corroboran desde la Unión de Asociaciones Familiares (UNAF). “Es común que aparezcan tensiones incluso en familias que funcionan bien”. Y hacen referencia al caso concreto de Marta: “Esto incluye situaciones donde las abuelas o suegras interfieren en la crianza, ya sea desde el afecto o desde el miedo, sin darse cuenta de que la madre puede sentirse evaluada o infravalorada”, explica Susana Piedra, psicóloga y coordinadora de programas de familia en UNAF.

La psicóloga sanitaria Violeta Alcocer confirma que los conflictos entre madres y abuelas son frecuentes. “En consulta lo vemos habitualmente, cuando trabajamos sobre todo con madres primerizas. Es una fuente de tensión emocional y relacional”, expone Alcocer. “La maternidad es un territorio donde se activan muchas lealtades, expectativas y modelos heredados. Por eso, las madres y suegras, a veces sin mala intención, pueden proyectar en sus hijas o nueras la forma en la que ellas criaron, lo que consideran correcto o normal; y también lo que desearon haber hecho y no pudieron”. El juicio aparece, según la psicóloga, en frases como “no le cojas tanto en brazos”, “yo lo hacía así y bien que salisteis” o “estás criando un tirano”. Este tipo de afirmaciones pueden generar una sensación de “evaluación constante” para una mujer que acaba de ser madre. 

Susana Piedra, de UNAF, coincide en el diagnóstico: “Es bastante común en algunos estilos de crianza más tradicionales que las madres recientes se sientan juzgadas por sus propias madres o suegras, y que estas proyecten en su hija o nuera la forma en que ellas mismas vivieron la maternidad. Las madres de generaciones anteriores pueden tener expectativas claras sobre la forma que ellas consideran correcta de criar. Esta postura rígida puede derivar en forma de críticas negativas o consejos no solicitados, lo cual puede percibirse como un juicio, un cuestionamiento y generar dificultades comunicativas y otros conflictos entre las nuevas madres y las abuelas”, resalta Piedra.

Es común que aparezcan tensiones incluso en familias que funcionan bien (...) situaciones donde las abuelas o suegras interfieren en la crianza, ya sea desde el afecto o desde el miedo, sin darse cuenta de que la madre puede sentirse evaluada o infravalorada

Susana Piedra psicóloga y coordinadora de programas de familia en UNAF

Buscar formas de entendimiento

Una de las claves para afrontar este tipo de situaciones y resolver conflictos consiste, según las expertas, en buscar las formas de entendimiento. Y para eso hay que reflexionar sobre los roles que ocupa cada persona en el sistema familiar. 

“Reorganizar roles en la familia tras la llegada de un bebé es clave para evitar tensiones y favorecer vínculos sanos”, explica desde UNAF Susana Piedra. Y ofrece algunas pautas que pueden ayudar a superar las dificultades de esta etapa: “Por un lado, la nueva madre ha de asumir el papel protagonista en la crianza y tomar decisiones propias junto a su pareja, si la tiene. Es importante establecer desde el inicio qué tipo de ayuda se necesita (práctica, emocional, logística) respecto a su madre o suegra para no dar pie a malentendidos que acaben generando conflictos explícitos”, comienza. “También es positivo que reconozcan el valor de la experiencia de las abuelas, pero sin ceder en la toma de decisiones. Y hay que buscar un espacio de diálogo para exponer con claridad las necesidades que se desea que cubran las abuelas”, asegura Piedra. 

Desde UNAF proponen expresar con claridad las necesidades de la madre, por ejemplo: “Necesito que me escuchéis sin juzgar si estoy cansada o insegura”, o “me gustaría que las visitas sean por la tarde y que me aviséis con tiempo para organizarme”. Por parte de las abuelas, Susana Piedra apunta que deben “aceptar un rol de acompañamiento en la crianza, más que directivo, con el objetivo de apoyar sin invadir”. E incide en esa idea: “Es decir, el papel de las abuelas y abuelos ya no es la autoridad, sino una influencia afectiva y apoyo práctico”. 

“Lo fundamental es entender que el nacimiento de un bebé también es el nacimiento de nuevas identidades y funciones. No solo llega un hijo: nace una madre, nace un padre, y también nace una abuela. La familia entera necesita recolocarse”, explica Violeta Alcocer. Una de las claves según ella pasa por asumir el cambio de roles, entendiendo quién marca las pautas en la crianza. “Cuando los abuelos y abuelas cuidan de forma puntual, pueden tener ciertos matices personales en su estilo, es natural. Pero la línea general educativa la marca la pareja parental. No porque sepan más, sino porque son quienes sostienen la coherencia en el día a día y quienes conocen mejor las necesidades actuales del niño o la niña”, asegura Alcocer. En este punto, Susana Piedra propone diferenciar entre lo “no negociable” – como las normas de seguridad, la salud, los límites básicos o las rutinas principales– y lo “flexible” –como pueden ser las formas de juego, las tradiciones o los planes puntuales.

Lo fundamental es entender que el nacimiento de un bebé también es el nacimiento de nuevas identidades y funciones. No solo llega un hijo: nace una madre, nace un padre, y también nace una abuela. La familia entera necesita recolocarse

Violeta Alcocer psicóloga sanitaria

A partir de ahí, las expertas proponen consensuar unas normas básicas para evitar conflictos. “No se trata de negociar cada detalle, sino de acordar unas líneas maestras que expresen los valores educativos de la familia. Por ejemplo, no usar gritos, amenazas o chantajes emocionales, respetar rutinas básicas, evitar ciertos contenidos o pantallas según la edad o mantener un trato respetuoso incluso en momentos de conflicto”. Según la experta, este consenso “reduce la confusión en el niño o la niña, evita tensiones entre adultos y da seguridad a todas las partes”. “Además, genera un mensaje implícito muy sano: ‘Estamos en el mismo equipo aunque cada uno tenga su estilo”, asegura Alcocer. 

Desde UNAF proponen un ejercicio práctico para establecer mínimos consensuados. “Por ejemplo, podemos comunicar a abuelos y abuelas lo siguiente: ‘Nos gustaría que cuando cuidéis de la niña se mantenga la siesta y que evitéis darle dulces, especialmente antes de cenar. En lo demás, como juegos o cuentos, podéis elegir lo que más os guste y creáis que es positivo en la educación de la niña”. Explicitar este tipo de ideas de manera clara ayuda a evitar conflictos y a unir esfuerzos en el cuidado de la infancia. 

Procesos de transparencia psíquica

En su libro Atender lo invisible (Planeta, 2025), Beatriz Cazurro explica un concepto psicológico que opera en este tipo de situaciones: la transparencia psíquica. “Es el proceso por el cual, a lo largo del embarazo y la maternidad, se reactivan asuntos y duelos pasados no resueltos”, expone la autora. En el consultorio sobre la abuela que se sentía juzgada, Cazurro ahondó en esa idea: “Muchos padres y madres se empiezan a dar cuenta de cómo ha sido su infancia al ver que a ellos les sale una forma de tratar a sus propios hijos muy diferente a la que han vivido en sus propias carnes, y desde ahí empiezan a hacerse visibles conflictos que hasta el momento no se veían con claridad. Pero también ocurre al contrario, algunos padres sufren mucho al ver cómo los abuelos cuidan del nieto de la forma que desearían que les hubieran cuidado a ellos. Con más cariño, paciencia, menos exigencia… Las relaciones son verdaderamente complejas y no hay pautas generales”, apuntaba la experta.

La psicóloga Violeta Alcocer también cree que esto influye en los posibles conflictos intergeneracionales y en la forma de resolverlos: “La maternidad es un reactivador biográfico: pone delante de nosotras experiencias, heridas o patrones que muchas veces están silenciados. Muchas madres me dicen en consulta: ‘No quiero repetir lo que viví, pero tampoco sé aún cómo hacerlo distinto’, reconoce Alcocer. 

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