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El simulador de voz de Urkullu que nos alegró la Nochevieja

Al poder no le gusta el humor que no controla, el humor espontáneo, el humor que sortea los resortes de la autoridad, el que no está subvencionado y que no responde ante nadie

Urkullu admite la "injusticia" de los 224 presos asesinados en Bilbao en 1937

Urkullu durante el mensaje de fin de año (el de verdad) EFE

El pasado 31 de diciembre fue uno de los días más divertidos de 2016 en Euskadi pero al lehendakari Iñigo Urkullu no le hizo ni puñetera gracia. Durante unas pocas horas los teléfonos móviles de muchos vascos se llenaron de felicitaciones personalizadas del lehendakari: Urkullu te felicitaba por tu próxima boda, Urkullu recordaba aquella anécdota antológica de tu cuadrilla en las fiestas de Elantxonbe o Urkullu reconocía que esa pasada noche se le había ido la mano con los chupitos de Jäger y te deseaba un feliz año con un descacharrante “joder, qué resaca, Dios”.

No era Urkullu, por supuesto. Urkullu es un lehendakari abstemio que brinda con agua y no tiene ni idea de lo que pasó en Elantxobe o de si te casas en abril. Se trataba de una aplicación desarrollada por el grupo Aholab de la Universidad del País Vasco (UPV) que permitía algo tan sencillo y maravilloso como escribir un texto de no más de 500 caracteres y te devolvía un audio con la voz de Urkullu, un poco más robotizada y sosa de lo habitual pero con la voz de Urkullu. Milagro. Y risas. Un ejemplo:

Esta aplicación de Aholab forma parte de una larga investigación en tecnologías del habla que, entre otras cuestiones, puede ser muy útil para personas que estén en peligro de perder la voz por alguna enfermedad. Hace unos meses, se colgó en internet una versión de esta herramienta con la voz de Urkullu pero la aplicación pasó desapercibida hasta la pasada Nochevieja cuando comenzó a compartirse más rápido que las kokotxas en oferta la víspera del día de San Sebastián.

Confieso que yo también usé la aplicación cruzando mensajes guasones con colegas. Como un yonqui. Pero el día de Año Nuevo a media mañana intenté escribir una parida supuestamente graciosa en la aplicación y ya no funcionaba. La habían bloqueado. Euskadi no estaba preparada para algo así. Euskadi es un país demasiado serio y responsable como para malgastar el tiempo en estas tonterías. Bastante tuvimos con las dos primeras temporadas de ‘Vaya Semanita’ y el lehendakari negro de 'Airbag'. Si quieren reírse vean '8 apellidos vascos' pero ¿el lehendakari? ¿Hacer bromas con Iñigo Urkullu? ¿Reírnos de o con nuestro lehendakari? Eso era superar todos los límites de la decencia vasca y nos quitaron de las manos el juego estrella de estas Navidades.

Según explicó después la Universidad, todo fue un error porque esa aplicación no tenía que ser pública y la propia UPV la eliminó cuando comprobó que se podía estar realizando un uso “no ético” de la herramienta. El Gobierno vasco, por su parte, confirmó que había llamado a la Universidad, preocupado por el uso potencial que se le pudiera dar para “falsificar la voz y suplantar” al lehendakari. A Urkullu le había molestado el cacharrito.

Pocas veces se había visto antes en las instituciones vascas tanta diligencia para hacer frente a una crisis en Euskadi. Entre Nochevieja y Año Nuevo hubo llamadas telefónicas de urgencia, responsables políticos, universitarios y trabajadores públicos aparcaron por un instante sus vacaciones para responder ante sus superiores, se adoptaron decisiones rápidas. Había un problema y se resolvió de inmediato. ¿La crisis de Fagor? ¿Las llamadas de auxilio de los preferentistas vascos? No, el simulador de voz de Urkullu.

Seamos honestos. El Gobierno vasco no se mosqueó y llamó a la UPV porque existiera el peligro real de que Urkullu fuera suplantado por un replicante Nexus 6 al que, por ejemplo, se le ocurriera reactivar el Plan Ibarretxe y llevar a Euskadi hacia la independencia (en contra del criterio del Urkullu no replicante). Al Gobierno vasco le molestó lo mismo que le molesta a las autoridades del resto del mundo: el humor.

Al poder no le gusta el humor que no controla. El humor espontáneo, el humor que sortea los resortes del poder, el humor que no está subvencionado y que no responde ante nadie, el humor que incomoda a quienes están al mando. A mí todo esto me ha recordado esa famosa frase de Darío Fo: "La sátira es el arma más eficaz contra el poder: el poder no soporta el humor, ni siquiera los gobernantes que se llaman democráticos, porque la risa libera al hombre de sus miedos".

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