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Entrevista - Gonzalo Larruzea, experto en educación

“Euskadi gasta mucho en Educación, pero de manera ineficaz"

Gonzalo Larruzea, especialista en Educación, asegura que el sistema educativo vasco se encuentra en una fase de estancamiento y que no se vislumbran “políticos de altura” que aborden los cambios estructurales que son necesarios.

Gonzalo Larruzea posa para la entrevista en un parque de Bilbao

Gonzalo Larruzea posa para la entrevista en un parque de Bilbao

Para Gonzalo Larruzea, el actual sistema de enseñanza en Euskadi “conecta muy poco con los intereses del alumnado”. Larruzea conoce bien el mundo de la enseñanza debido a sus múltiples desempeños como docente, sindicalista, asesor de servicios de apoyo, director de centro e inspector de educación (cargo que ocupa en la actualidad).

En su reciente libro ‘La dialéctica público-privada en la educación vasca’, Larruzea desbroza las claves de por qué la educación vasca es un sistema dual que se reparte el alumnado a partes iguales entre la enseñanza pública y la concertada. Un fenómeno muy poco frecuente en Europa. Larruzea cree que esa dualidad perpetúa una desigualdad social: “Se genera una espiral viciosa por la que al escoger los centros se escoge una forma de vida, unas relaciones sociales, un codearse con los míos…y ahí es donde nace la élite”.

A Larruzea no le han sorprendido en absoluto los malos resultados cosechados por los alumnos vascos en las últimas pruebas PISA y sostiene que el sistema educativo vasco se encuentra en una fase de estancamiento. “Hace falta audacia para acometer cambios estructurales, pero no llegan políticos de altura que permitan abordarlos”.

¿Por qué tienen tanto peso en Euskadi los colegios concertados religiosos?

La Iglesia tenía mucho peso en el País Vasco porque la lengua y cultura vascas fueron baluartes defendidos desde la Iglesia Católica con lo que había una gran empatía entre la sociedad y los estamentos eclesiales. Las primeras escuelas de iniciativa privada fueron religiosas. Y en el franquismo, la Iglesia mantiene su espacio educativo y hay una parte de la sociedad que reacciona y constituye a su vez las ikastolas. Así, se accede a la etapa autonómica con una triple red: la pública, las ikastolas y los colegios privados religiosos, con lo que la red privada contaba ya entonces con el 45% de cuota de alumnado.

¿Un sistema educativo puede presumir de equidad cuando casi el 50% del alumnado lo escolariza la red concertada?

En estos últimos 30 años la escuela pública ha ido adquiriendo prestigio, ha sido la punta de lanza de la euskaldunización, ha hecho un gran esfuerzo por atender al alumnado más desfavorecido…Pero lo cierto es que hoy en día necesita un empujón grande y un proyecto. Pero no es ni mucho menos la escuela que se heredó del franquismo. Hoy se ha prestigiado. En el fondo, se trata de que el sistema dual genera una dualidad social. Todos los alumnos de la concertada tienen mayor nivel socioeconómico que los de la pública. Una de las labores que habrá que hacer es articular el sistema de una manera cohesionada, porque de lo contrario se genera una dualidad social y se perpetúa.

Es decir, ¿que el sistema educativo vasco perpetúa la desigualdad?

Sí. Datos recientes reflejan que el paso del tiempo las diferencias se incrementan. Se genera una espiral viciosa por la que al escoger los centros se escoge una forma de vida, unas relaciones sociales, un codearse con los míos…y ahí es donde nace la élite.

¿Hasta qué punto es justo que un Gobierno se haga cargo de una parte tan importante de la financiación de los colegios concertados, que son instituciones privadas?

Hoy día no es posible pensar en un monopolio estatal. Se trata de marcar criterios sobre qué es concertable. Hay posiciones ideológicas a las que les gustaría que desapareciera la escuela concertada. Pero hay en juego dos derechos: el de la educación y el derecho a elegir el centro que cada uno quiera. Esta es la dialéctica entre público-privada. Esta realidad no se puede borrar de un plumazo. La cuestión es qué hay que financiar y cuánto. Para saber qué hay que financiar habría que definir qué es el servicio público. Y los centros que se acojan al servicio público podrán acceder a los conciertos. En Euskadi se ha hecho una política de concertar todo lo que se ha presentado [solo hay tres colegios privados puros]. La ley que puso en marcha en 1985 el sistema de los conciertos establece un contrato entre la administración y los centros. Y pone como condición para concertar que los centros respondan a necesidades de planificación, que recojan alumnos desfavorecidos o bien que sea un centro que desarrolla algún proyecto educativo singular. Si se hace un repaso de los actuales centros concertados se podría ver que hay muchos que no cumplen esas condiciones. El reto de esta legislatura es definir qué es servicio público y determinar los centros concertados que se ajustan a esa definición. El otro reto es lograr la efectiva gratuidad de la enseñanza. En un tema muy complejo porque está tolerado que los centros concertados cobren cuotas. Eso significa que muchas personas se decantan por la escuela pública donde les va a resultar menos costosa la enseñanza. El 26% de los fondos de los centros concertados les llega de las familias. Tirar de la alfombra significa sacar a la luz muchas cuestiones que se prefieren mantener tapadas.

A la enseñanza en Euskadi hay que colocarla en el siglo XXI porque todavía enseña como en el siglo XX.

Por ejemplo….

¿El Gobierno vasco tiene condiciones para publificar todos los centros con las mismas condiciones que ahora tienen los colegios públicos? No. Es a la propia administración a la que le interesa que se mantengan una serie de centros concertados subcontratados porque le resulta más barato. A pesar de que eso genere una dualidad, una segregación….Se trata de un pacto implícito, socialmente aceptado que se prefiere no menearlo para que las cosas no se vuelvan ingobernables.

Y mientras la escuela pública pierde prestigio

A la escuela pública se la financia, pero carece de proyecto. El Gobierno no tiene un plan estratégico para desarrollarla. Mantiene la inercia del funcionamiento de los centros públicos, pero no hay un proyecto. Por otra parte, hay diferentes clases de escuela pública. Por ejemplo, una marginal que se consiente. Es lo que está ocurriendo en los modelos A [enseñanza íntegramente en castellano] de la red pública es inasumible. Más que aprender, en ese modelo la gente sobrevive. El grado de concentración de alumnado inmigrante no se puede asumir. Además, en el caso de la escuela pública es preciso desarrollar una política de mayor autonomía de los centros. Los colegios deben tener capacidad para proponer cosas, para hacer contratos con la administración….En definitiva, convertirse en comunidades creativas y no todas gobernadas por los mismos criterios.

¿Y qué pasa con los equipos directivos de los centros?

Los propios equipos directivos de los centros tienen poca capacidad de liderazgo, de poner en marcha proyectos propios. Se producen unas inercias que no van a ninguna parte. El sistema funciona, aunque no se sabe muy bien hacia dónde se dirige. Estamos en una fase de estancamiento y no llegan políticos de altura que permitan abordar los cambios estructurales que son necesarios.

¿El suspenso en las pruebas PISA aconseja dar un vuelco al sistema?

A mí no me ha supuesto ninguna sorpresa. Hay que darle la importancia relativa que tiene. No ha salido una foto muy diferente respecto a las evaluaciones de diagnóstico que se han ido haciendo en Euskadi. Todas esas evaluaciones han dado bajos resultados, incluso en euskera. Lo de PISA es una crónica anunciada. La gran tentación después de ver estos resultados es decir: ‘vamos a prepararnos para dentro de tres años que es cuando se celebra la siguiente prueba’. Pues no. PISA repite lo que ya sabíamos: que Euskadi está estancada, que gastamos mucho, pero no somos eficientes. Tenemos índices positivos como la baja tasa de abandono escolar, pero es que gastamos el doble de dinero por alumno y año que muchas comunidades autónomas. Y esto tiene que hacer que alguien se pregunte por la eficacia de lo que se gasta. Lo que necesitamos es audacia política para hincarle el diente a los cambios estructurales.

¿Qué tipo de cambios?

La innovación es fundamental. Hay que poner a las escuelas del País Vasco a enseñar cómo se debe hacer en el siglo XXI. Es preciso una gran renovación metodológica impulsada por el Gobierno. Actualmente, se sigue con un sistema de enseñanza muy deudor del libro de texto, muy poco conectado con los intereses del alumnado, muy memorístico…Hay que romper con esa inercia.

¿Y quién rompe?

Todos. Difícilmente un profesor por su cuenta puede romper nada.

Pero muchas veces son los docentes los que se sienten seguros con ese modelo de enseñanza.

Algunos colegios concertados tienen la ventaja de que deciden seguir una estrategia, tocan el silbo y toda la plantilla se pone a ello. Los jesuitas en Cataluña han reflexionado sobre el sistema tradicional de enseñanza y han llegado a la conclusión de que tienen que ‘romper’ las aulas, donde se tienen que mirar todos entre si, con dos o tres profesores en el aula….Los niños se van a motivar porque los profesores les van a poner en situaciones prácticas. Hoy en día, la educación se basa en las interacciones entre iguales, con adultos, en la búsqueda de información y, por lo tanto, hay que romper la estructura del aula, del grupo y la fragmentación del saber por medio de asignaturas. La administración debe promover un cambio metodológico y acompañarlo con medios y asesoramiento. A la enseñanza en Euskadi hay que colocarla en el siglo XXI porque todavía enseña como en el siglo XX. El profesor hace frente a lo que tiene en el día a día, no tiene espacios para la reflexión ni para el trabajo en equipo. Las direcciones de los centros no tienen herramientas para liderar. Hay que jugársela y promover otro tipo de organización. Son cambios que precisan audacia.

La sociedad ve a los profesores como los principales culpables de la inacción.

Se puede caer en la tentación de culpabilizar al profesorado, pero lo cierto es que hay muchos docentes entrampados, que no les satisface lo que ven, a los que les resulta muy duro dar clase en la ESO y quieren hacer las cosas bien. Pero no saben cómo y no tienen forma de salir de lo que ya es trillado y conocido. Un profesorado que se le asesorase, que se le acompañase y al que se le hicieran propuestas razonables seguro que respondería. También creo que hay que cambiar el sistema funcionarial. Si no se introducen determinadas reformas, la escuela pública va a ser rehén del sistema funcionarial. Por ejemplo a la hora de elegir a los profesores que deben impartir clase en un centro. Los funcionarios tienen derecho a hacer prevalecer su condición de funcionarios sobre el proyecto de la comunidad escolar. En Finlandia es al revés. Primero es el proyecto de la escuela y el que realiza las entrevistas para ver qué docentes son los más adecuados para ese proyecto es el Ayuntamiento. Así se ve qué profesores están más capacitados e identificados con ese proyecto. La provisión de personal realizada por criterios basados en la antigüedad o el mérito y no tanto en las necesidades del proyecto concreto de una escuela es algo que hay que superar.

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