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El rugido de la ciudad blanca

Vitoria descorcha con Celedón y una Virgen Blanca a rebosar 457.200 segundos de fiesta total

Las agresiones sexuales, el consumo de alcohol y el debate sobre los toros marcan la semana grande

Celedón desciende desde la Torre de San Miguel para dar inicio a las fiestas de La Blanca 2016.

Celedón desciende desde la Torre de San Miguel para dar inicio a las fiestas de La Blanca 2016.

Campaneaba la torre de San Miguel las seis en punto de la tarde cuando Vitoria, con la trepidante bajada de su aldeano Celedón, venido del cielo de Zalduondo y pertrechado de paraguas, milrayas y vellocino, ha descorchado nada menos que 457.200 segundos de fiestas y desenfreno. Decenas de miles de almas y de botellas (y unos pocos puros, como dicta la poco saludable tradición) han dado la bienvenida la semana más loca de la capital vasca, a sus ya centenarias fiestas de La Blanca. Al final no ha llovido, como auguraban los partes meteorológicos más pesimistas.

Con sus relojes sincronizados con los de San Miguel, este año han sido los miembros del Gaztedi de rugby y del Araski de baloncesto los encargados de prender la mecha del cohete anunciador desde la balconada de San Miguel. La pregonera, unos días antes, fue la escritora y directora de comunicación de Emakunde Karmele Jaio. Quien no necesita presentación es Gorka Ortiz de Urbina, Celedón de carne y hueso por décimo sexto año consecutivo y campeón olímpico indiscutible en surcar mareas humanas. Por segundo año, por cierto, la tradicional canción se ha cantado tanto en castellano como en euskara.

Bajo los pies de los reyes de la fiesta y de las autoridades e invitados VIP, la plaza de la Virgen Blanca presentaba un aspecto majestuoso. Un año más se ha colgado el cartel de no hay billetes. Era el rugido de la ciudad blanca, el preludio de más de 350 actividades que colapsarán las calles de la ciudad hasta que Celedón regrese a San Miguel el martes de madrugada.

En los próximos días, además del fervor religioso que dio origen a la celebración –y cuyo punto fuerte son la procesión de los faroles y el rosario de la aurora -, la música, el teatro, el deporte, las barracas y, sobre todo, la jarana de las cuadrillas de blusas y ‘neskas’, un pequeño ejército de 4.000 uniformados, serán los protagonistas absolutos de una ciudad hostil para la rutina y la tranquilidad.

La feria taurina, por otro lado, pasa quizás su examen final. En una década, desde que se inauguró el nuevo coso del Iradier Arena, ha perdido el 70% de su público y las voces que piden su prohibición como la de los animales en el circo o los burros el Día de Santiago crecen. ¿Habrá un referéndum? La realidad es que el contrato con la gestora extremeña se acaba este año.

Cifras que asustan

La Blanca arranca con el debate pendiente en torno a la igualdad y el sexismo. La campaña ‘No es no’ del Ayuntamiento, apoyada por las cuadrillas, busca sensibilizar a la ciudadanía del problema. Sin embargo, a diferencia de en San Fermín, el colectivo feminista ha lanzado sus propias iniciativas y no existe un diagnóstico compartido sobre un fenómeno que ya el año pasado dio muchísimo que hablar.

Más relegado ha quedado el problema del consumo masivo de alcohol entre los menores. El año pasado cayeron los casos de comas etílicos, pero la realidad es que noche tras noche algunas zonas se convierten en un macrobotellón. Incluso la propia bajada de Celedón puede acabar con más de 10.000 botellas de vidrio y miles de kilogramos de envases de plástico por el suelo.

Finalmente, la ley de adicciones que tramitaba el Parlamento no contempló el veto previsto al consumo de alcohol en espacios públicos, lo que hubiese cambiado de raíz la fiesta. Fuentes policiales alertaron también en los últimos días de que la capital se estaba “aprovisionando” de droga para La Blanca.

Un año más, el arranque festivo, que puede congregar a 50.000 o más personas, ha presentado unas cifras de vértigo. Casi 200 equipos de las brigadas municipales de limpieza han estado operativos, además de medio centenar de sanitarios (hay un hospital de campaña y tres puestos de socorro), bomberos, policías y voluntarios, como los que escoltan a Ortiz de Urbina o los estudiantes que se suman a la recogida de basura. Este año la seguridad ha sido, aunque discreta, algo mayor por la alerta terrorista ante grandes aglomeraciones.

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