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Pedro Armestre: “En fotografía hay que sentir para transmitir”

El fotoperiodista, premio Ortega y Gasset de fotografía 2014, repasa su trayectoria, desde los galardones a su imputación por el caso Cofrentes, de cubrir el acceso al agua en El Salvador a tomar imágenes en San Fermín

“Hay que captar la energía para transmitírsela a quien ve la imagen en el periódico, en el coche o en su oficina”, afirma

Una imagen tomada por Pedro Armestre de un incendio en La Torre de les Maçanes, Alicante.

Una imagen tomada por Pedro Armestre de un incendio en La Torre de les Maçanes, Alicante.

“Lo importante es la imagen, no cómo has llegado a ella, que se trata de un proceso más personal. Lo mejor es que el público, el que está sentado en su casa, se interese por ese resultado, por el tema que cuentas”. Pedro Armestre (A Rasela, Verín, Ourense, 1972), premio Ortega y Gasset de periodismo en fotografía 2014 y Premio Nacional de Periodismo Doñana al Desarrollo Sostenible, explica de esta forma cuál es su objetivo al tomar fotografías. Esas que le han llevado a una expedición al Ártico para Greenpeace, a captar cómo subsisten las personas subsaharianas que esperan en Marruecos para intentar acceder a España o a vivir el día a día de las fiestas de San Fermín. ¿Tiene sentido esa convivencia entre temas medioambientales, sociales y festivos, entre temas comprometidos y otros cubiertos por encargo? Así ha sido su trayectoria desde 1993, cuando comenzó una carrera en la que reconoce que a menudo trabaja por impulso, casi de una forma “bipolar”, porque “soy un espécimen raro, para bien y para mal”.

Armestre, que en la actualidad también trabaja para la agencia internacional France Presse, acudió por primera vez a San Fermín animado por un antiguo compañero de Europa Press para disfrutar de la fiesta pero, como siempre viaja a todas partes acompañado por su cámara de fotos, también vio que era “un buen sitio para trabajar”. Han pasado casi 21 años desde entonces y una de las imágenes tomadas por Armestre se ha convertido en una de las más reconocibles de los festejos: la calle Estafeta, desde Mercaderes, tomada desde una casa que alquila balcones para ver el encierro. El fotógrafo se empeñó en esa imagen y esperó durante tres años hasta que un 7 de julio coincidió en domingo (fue en 2013) para captar ese primer encierro y la expectación festiva, con la gente volcada en los balcones para contemplar el paso del encierro.

La imagen es una de las que componen la muestra de Armestre en el Palacio del Condestable de Pamplona, una colección que permanecerá en esta sala hasta el próximo 5 de septiembre. Además de algunas de las imágenes tomadas durante su paso por los festejos, están las que publicó, día a día, en Diario de Navarra durante las últimas fiestas. Hay fotografías de la feria del toro, aunque “quise huir del tema”, pero también una imagen antitaurina porque Armestre insiste en que es una parte más de los festejos. “La fiesta aparentemente es igual todos los años, pero yo siempre encuentro cosas nuevas, imágenes que nunca has visto”, afirma.

Una imagen tomada por Pedro Armestre durante las fiestas de San Fermín.

Una imagen tomada por Pedro Armestre durante las fiestas de San Fermín.

La energía de la imagen

¿Hay un antes y un después para Armestre tras esa fotografía de la Estafeta, que le valió el premio Ortega y Gasset? “Entiendo que ha sido así, que hay un antes y un después, pero prefiero ir de puntillas, que nadie sepa quién soy. Porque no entiendo que me dejen entrar en un sitio si soy el de la foto y que no si simplemente soy un tío con una cámara colgada”, afirma.

Admite, eso sí, que los premios, claramente expuestos en una de sus páginas web, sirven también para lograr repercusión y “tapar agujeros”. El fotógrafo reconoce que hay fotos de encargo y otras que un fotógrafo persigue; la clave, asegura, es “sentir para transmitir. Hay que captar esa energía para transmitírsela a quien ve la imagen en el periódico, en el coche o en su oficina”.

Y esa, asegura, es una máxima a cumplir con los temas agradables “y los desagradables”. Armestre repasa que ha trabajado en el laboratorio de Europa Press, ha cubierto temas del corazón, ha seguido a personalidades antes de juicios clave en la agencia Cover o en El Mundo, le ha tocado cubrir partidos de fútbol “aunque lo odio”, y también ha estado imputado por cubrir para Greenpeace una protesta en la central nuclear de Cofrentes (Valencia). Ha sido absuelto por segunda vez, después de tres años y medio en libertad con cargos (le acusaron de cortar una valla de seguridad, causar lesiones a un vigilante y de desórdenes públicos), y espera que sea la definitiva.

Una expedición de Greenpeace al Artico / Foto: Pedro Armestre.

Una expedición de Greenpeace al Artico / Foto: Pedro Armestre.

Comunicación y reacción

Armestre expresa que, cada vez, puede centrarse más en los temas “que me interesan”, que son “por los que te metes en esta profesión”. Y este fotoperiodista afirma que los medioambientales siempre han sido su objetivo (o donde pone el objetivo), aunque recalca que no busca la denuncia, sino únicamente comunicar y que sea la sociedad la que “reaccione”.

De hecho, esta es una de las razones por la que surgió hace más de dos años, junto a la periodista Susana Hidalgo (Barcelona, 1974), el proyecto Calamar2, con el que cubren temas sociales y medioambientales para televisiones, organizaciones no gubernamentales y empresas. Ahora, entre otros proyectos, siguen trabajando en un reportaje sobre el derecho al agua (para el que, por ejemplo, se desplazaron a Nicaragua o El Salvador) para la ONG Alianza por la Solidaridad, y, un año más (y empezó en 2003), Armestre cubre por iniciativa propia los incendios forestales durante el verano. Esta es una obsesión personal, muy vinculada con su pueblo gallego de origen, que “arde cada verano”, y subraya que no es fácil acercarse al fuego y retratar a las personas que lo combaten.

Este martes, Armestre está en Pamplona como jurado en el concurso internacional fotográfico de San Fermín y su idea es, después, volver a subirse a su furgoneta en dirección a Madrid. Eso sí, no descarta que, si de camino se entera de “un tema que me interesa”, se desvíe. Prácticamente así, por una decisión intuitiva, acabó cubriendo el desastre del Prestige, siguió durante un mes la acampada en Sol o se acercó al vertido del pesquero Oleg Naydenov en Canarias. Y asegura que, cada día, “sigo aprendiendo, esto nunca para”.

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