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Cultura para vivir mejor

Vista general del patio de butacas del Teatro Real de Madrid

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Durante épocas electorales, como en la que nos encontramos en este momento, es habitual escuchar las quejas de las personas que se dedican a la cultura, lamentando la escasa representación y relevancia que a esta se le da en los debates públicos. Por desgracia, esas quejas no exageran la situación real. La cultura es siempre la última, la más olvidada, entre los temas de la agenda social y, cuando en esos debates se menciona, son muy pocos los minutos que se dedican a discutir sobre política cultural. La cultura, considerada prescindible y accesoria, tiende ya a ocupar un papel secundario durante las épocas ordinarias, pero esta exclusión se intensifica aún más durante el periodo electoral. 

Sin embargo, pocos retos de entre los que debemos hacer frente actualmente pueden abordarse sin una aproximación desde la cultura y, por tanto, sin las políticas culturales adecuadas. La cultura desempeña un papel fundamental en la redistribución de recursos materiales e inmateriales, así como en la igualdad de oportunidades. La cultura tiene enormes impactos positivos en la educación, tanto emocionales, relacionales, como cognitivos y, asimismo, desde un punto de vista socioeconómico incorporar las artes en los ámbitos escolares permite redistribuir el capital cultural. También, la cultura contribuye a mejorar la salud física y mental, tal como lo declaró la Organización Mundial de la Salud en 2019 y atestiguan numerosas experiencias que han demostrado beneficios emocionales y mejoras en las variables clínicas de los pacientes. En relación con el cambio climático y las necesidades de adaptación que enfrentamos como sociedad, la cultura ofrece herramientas valiosas, como su papel en la creación de nuevas narrativas de vida o la colaboración con la ciencia y la tecnología para proponer soluciones de futuro. La cultura también contribuye al fortalecimiento de la igualdad de género, la diversidad étnico-racial, reducir la brecha intergeneracional y la inclusión social. Asimismo, aporta claves para reforzar los lazos sociales, fomentar la generación de comunidad y profundizar en la democracia, todos ellos retos ineludibles. También la cultura, por supuesto, contribuye a la generación de empleo y de riqueza de un territorio. Y, por último, la cultura nos brinda una vida más placentera, divertida y disfrutable, lo cual es fundamental para vivir mejor. 

Las decisiones políticas que tienen que ver con la cultura, pues, no afectan solo a profesionales del sector, sino que tienen repercusiones para todas las personas, en todas nuestras vidas, en toda la sociedad. Habitualmente, este enfoque queda relegado en las propuestas sobre política cultural existentes, pero es importante recordar y subrayar que la cultura es algo más que un sector, es una matriz con la cual abordar los asuntos comunes, y enfrentar problemas desde un enfoque trasversal con la singularidad que aportan los códigos, prácticas y experiencias culturales. En este sentido, la política cultural es una política social y redistributiva de alto impacto dirigida al conjunto de la ciudadanía, al igual que la política educativa o la política sanitaria. En definitiva, la cultura es un elemento esencial para una buena vida de todas las personas, y con esta convicción trabajamos para hacer de la cultura un elemento central de una política para vivir mejor.

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