Es necesaria una actuación europea coordinada ante los brotes crecientes de COVID-19

El ministro de Sanidad, Salvador Illa, momentos antes de su comparecencia en la Comisión de Sanidad del Congreso para informar de la evolución de la epidemia de coronavirus.

1

Europa entera está experimentando un incremento importante de casos de COVID-19 en las últimas semanas. España ha estado, lamentablemente, a la cabeza de estos repuntes, pero la tendencia se observa de manera también creciente en muchos otros países de nuestro entorno. Los brotes siguen ritmos distintos en los diferentes países del continente europeo en general y de la Unión Europea en particular, pero la tendencia al ascenso es clara. 

Tras los logros del confinamiento y la reducción de la movilidad, al producirse la desescalada y entrar de lleno en la nueva normalidad, se ha creado un caldo de cultivo que favorece una rápida transmisión de la enfermedad que, en numerosas ocasiones han desatado no sólo brotes, sino la reintroducción de la transmisión comunitaria en forma sostenida como consecuencia de situaciones en las que no se han respetado suficientemente las restricciones en la distancia física, ni se ha asumido a rajatabla el uso de la mascarilla. También, porque se han relajado las restricciones para las aglomeraciones, las celebraciones, el ocio nocturno y los bares y terrazas, al tiempo que no se ha reforzado suficientemente el diagnóstico precoz, el rastreo de contactos, la realización de pruebas PCR o el aislamiento eficaz de los positivos asintomáticos.

En un informe especial sobre el tema de los repuntes de COVID-19 fechado el 10 de agosto, el Centro Europeo de Control de Enfermedades (ECDC) señalaba que "la pandemia COVID-19 sigue representando una gran amenaza para la salud pública para los países de la Unión Europea y el Área Económica Europea (UE/EEE) y el Reino Unido y para los países de todo el mundo. A medida que los casos aumentaban, alcanzando su punto máximo a principios de abril de 2020 en la UE/EEE, muchos países aplicaron una serie de medidas de respuesta que condujeron a una reducción de la incidencia. A medida que los países recuperaban el control de la transmisión y aliviaban la carga sobre la asistencia sanitaria, muchas medidas se relajaban o retiraban para permitir una forma de vida más viable con el virus en circulación. Posteriormente, se ha notificado un aumento de los casos COVID-19 en muchos países de la UE/EEE. Si bien muchos países están identificando casos leves y asintomáticos, hay un verdadero resurgimiento en los casos en varios países como resultado de que se relajan las medidas de distanciamiento físico".

En toda la Unión Europea y el Área Económica Europea (UE/EEE) y en el Reino Unido se han producido cada vez más rebrotes de COVID-19 con un crecimiento en el número total de casos diarios notificados, así como en la tasa de incidencia acumulada en los últimos 14 días, si bien dichos crecimientos son inferiores a los momentos en que se produjo el primer pico, en torno al 9 de abril pasado.

La mayoría de los 111.840 casos nuevos notificados en los últimos 14 días en la UE/EEE y el Reino Unido ha ocurrido en España (28.267), Rumanía (15.420), Francia (13.245), Reino Unido (8.743) y Alemania (8.319). A partir del 2 de agosto de 2020, la tasa de notificación de casos de 14 días para la UE/EEE y el Reino Unido fue de 21,5 por cada 100 000 habitantes, lo que en comparación con la incidencia de casos notificados durante los 14 días previos al 19 de julio supuso un aumento del 60,5 por ciento.

Hasta el 2 de agosto de 2020, diez países de la UE/EEE y el Reino Unido tenían una incidencia acumulada durante los últimos 14 días superior a 20 por cada 100.000 habitantes, que es el umbral considerado útil para decidir la apertura o cierre de fronteras con terceros países que no son parte del espacio Schëngen, y que se considera debería cumplirse para reanudar las actividades escolares en septiembre. Entre ellos, seis países (Bélgica, la Republica Checa, Luxemburgo, Malta, Rumanía y España) informaron aumentos del 30% o más en comparación con la incidencia acumulada durante los últimos 14 días observada el 19 de julio. En tres de ellos (Luxemburgo, Rumanía y España) la tasa de incidencia acumulada durante 14 días fue superior a 60 por 100.000 habitantes. 

Es importante señalar que en todos los países europeos que informan de un aumento de la tasa de notificación durante los últimos 14 días, también han aumentado las tasas de pruebas diagnósticas por cada 100.000 personas, incluidos Bélgica, la Republica Checa, Luxemburgo, Malta, Rumanía y España, lo que podría explicar en parte el aumento de casos notificados, pues un porcentaje elevado de los nuevos contagios son personas asintomáticas. Pero no de todos, porque el número de ingresos hospitalarios y de ingresos en UCIs, si bien lentamente, ha comenzado también a subir.

En su informe el ECDC ha subrayado que se pueden mitigar los nuevos aumentos en la incidencia de COVID-19, así como en las hospitalizaciones y muertes asociadas, si se reinstalan o refuerzan oportunamente medidas de control suficientes. El informe apunta que "los países que ahora observan un aumento de los casos, después de haber levantado sus medidas de control tras una mejora temporal de la situación epidemiológica, deberían considerar la posibilidad de volver a indicar las medidas seleccionadas mediante un enfoque escalonado, gradual y sostenible".

El informe también señala  que los Estados miembros que realizan pruebas exhaustivas tienen mayor capacidad de detectar rápidamente un aumento de los casos  y de identificar grupos con alto riesgo de enfermedad, y que la velocidad de seguimiento de los contactos es importante para reducir la transmisión por lo que deberían de hacerse esfuerzos para acortar el tiempo necesario para cada paso en el proceso que va de la realización de  pruebas a la notificación, el seguimiento de contactos y el aislamiento de positivos asintomáticos, y que los países deberían estar mejor preparados para prevenir y controlar cualquier resurgimiento en los casos.

Con base en lo anterior, el ECDC ha apuntado que en los países de la UE/EEE y el Reino Unido, donde se ha notificado un reciente aumento de los casos, sucede lo siguiente:

  • El riesgo de una mayor escalada de COVID-19 es alto para los países que también han visto un incremento en las hospitalizaciones pues ello proporciona un fuerte indicio de que se produce un aumento real de la transmisión. Para estos países, el riesgo global de escalada es muy alto si no se implementan o refuerzan múltiples medidas, incluidas las medidas de distanciamiento físico y el rastreo de contactos, y tienen suficiente capacidad de realización de pruebas.
  • El riesgo de una mayor escalada de COVID-19 es también elevado para los países que no han experimentado un incremento en el número de personas hospitalizadas pero que han visto un aumento de la positividad de las pruebas realizadas, lo que sugiere un aumento de los niveles de transmisión. Para estos países, el riesgo global de progresividad es muy alto si no implementan o refuerzan múltiples medidas, incluyendo medidas de distanciamiento físico y rastreo de contactos.
  • El riesgo de una mayor escalada del COVID-19 es de moderado a alto para los países que no han tenido aumento en la hospitalización o positividad de las pruebas (si la capacidad de hacer pruebas diagnósticas es suficiente y la intensidad ha permanecido estable). Los países que tienen múltiples medidas de distanciamiento físico deberían evaluarlas para comprender mejor los grupos o entornos que impulsan el aumento de los casos y para determinar las medidas que deben estar en vigor o fortalecerse.  El riesgo de una mayor escalada de COVID-19 es moderado para los países que siguen aplicando y han adoptado múltiples medidas, incluido el distanciamiento físico, y tienen suficiente rastreo y pruebas diagnósticas aplicadas a los contactos.
  • El riesgo de una mayor escalada de COVID-19 es muy alto para los países que no están poniendo en marcha múltiples medidas, incluido el distanciamiento físico, y no tienen suficiente rastreo de contactos ni realización de pruebas diagnósticas.

En este punto conviene insistir en que, para ser plenamente efectiva, la realización de pruebas de detección masivas debe de ser selectiva y seguir una estrategia definida con criterios epidemiológicos (por ejemplo, en zonas densamente pobladas donde se produce un aumento sostenido de casos que comparten criterios de proximidad, pero a los que ya no se puede relacionar unos con otros), y no realizarse sin norte alguno o con criterios puramente aleatorios. 

Por desgracia, ante el panorama arriba mencionado no ha existido una respuesta coordinada de los países de la Unión Europea, ni de la propia Comisión Europea, para definir criterios y actuaciones comunes que permitan una respuesta armónica y sinérgica que encare la re-escalada de la pandemia.

Tras las medidas coordinadas tomadas a fines de junio para abrir las fronteras dentro del espacio Schengen y definir los criterios para abrir fronteras a terceros países, los Estados Miembros de la UE/EEE y el Reino Unido han ido cada uno a su aire adoptando medidas unilaterales tanto de cierre de fronteras, prohibiciones de viajes, establecimiento de cuarentenas, como de estrategias de control de la pandemia y de regulación de las actividades.

De ese modo, se ha creado un peligroso vacío de autoridad sanitaria en el interior de la Unión Europea cuyo resultado ha sido que los acuerdos alcanzados a fines de junio resulten papel mojado y que el tan perseguido y, como se está demostrando, apresurado objetivo de reanudar los flujos turísticos, haya fracasado a mitad del camino. Las prisas, la falta de coordinación y la adopción de medidas unilaterales han llevado a la situación que tenemos.  

La UE, que tan rápida y contundentemente ha actuado en el plano económico de la crisis, sigue arrastrando los pies en plano sanitario de la misma. Pues siendo importante, no basta con tener una estrategia de financiación, compra y distribución de la futura vacuna. Hace falta, entre otras cosas, coordinar las actuaciones de salud pública, promover reuniones para extraer lecciones sobre las estrategias de cribado con pruebas PCR, compartir experiencias y fijar algunos criterios básicos para el regreso a las aulas o establecer pautas de referencia para la campaña de vacunación de la gripe estacional. 

En suma, se requiere mayor liderazgo y más visión de parte de los responsables europeos de sanidad y una actitud más colaborativa de los Estados Miembros. Creemos fundamental que, tras el importante logro de los acuerdos de reconstrucción, España (además de apostar por la defensa del turismo) promueva una política de mayor convergencia, coherencia y acción solidaria en materia sanitaria para superar tanto el repunte de casos la UE como el vacío de una autoridad sanitaria capaz de estructurar las respuestas de múltiples sectores ante los nuevos avances de la pandemia.

El acuerdo y la coordinación europea en los aspectos comunes de la gestión de la pandemia por COVID-19 es tan importante como el acuerdo adoptado en la UE hace pocas semanas en materia política económica y de disponibilidad de fondos para mitigar el impacto social y económico de la pandemia. Quedan complicados desafíos que afrontar y afrontarlos juntos y coordinados es, sin duda, la mejor forma de hacerlo. 

Etiquetas
Publicado el
17 de agosto de 2020 - 22:09 h

Descubre nuestras apps

stats