'Agent provocateur'
Eugène-François Vidocq, célebre criminal y criminalista francés de la primera mitad del siglo XIX, empezó como delincuente, se redimió como chivato de la Policía y, por un conjunto de circunstancias novelescas, terminó siendo el jefe de la Sûreté Nationale en los últimos tiempos de Napoleón y los primeros de la Restauración borbónica. Se le considera el patriarca de las técnicas contemporáneas de actuación policial, entre ellas la de infiltrar empleados en el mundo del hampa y también en el de la disidencia política.
Cocinero antes que fraile, Vidocq se las sabía todas y fue pionero en la introducción de gente de su cuerda en grupos opositores particularmente indignados o desesperados para incitarles a cometer actos de violencia que los desacreditaran ante la opinión pública y reforzaran el relato de los partidarios de la ley y el orden, de los que siempre están exigiendo mano dura. La expresión agent provocateur, así en francés, se emplea desde entonces en varias lenguas europeas para aludir a gente pagada por alguna fuerza policial o servicio secreto, nacional o extranjero, a fin de alentar robos, vandalismo y hasta muertes.
Como habrán imaginado, me he acordado del personaje Vidocq a raíz de los disturbios en Barcelona y Bilbao protagonizados por chavales encapuchados que habían sido convocados desde oscuras plataformas de Internet para quemar contenedores y vehículos, desvalijar comercios y sembrar el caos. Focus, la anónima marca convocante, es un agent procateur de manual.
¿Al servicio de quién? ¿De alguna potencia extranjera que desee vengarse por la política internacional del actual Gobierno español? ¿De otra que aspire genéricamente a provocar el caos en Europa? ¿Tal vez de algún sector de las cloacas de nuestro propio Estado que quiera cambiar el temario de esta competición electoral, que dejemos de hablar de pensiones, salarios, vivienda, sanidad y educación públicas, para pasar a hablar de kale borroka, ETA, disturbios e inseguridad ciudadana? No lo sé, francamente no lo sé.
No ignoro que es muy difícil seguir el hilo de Focus para identificar a aquellos que estén detrás de este anónimo fabricante de noticias penosas. Además de que estos hackers se manejan muy bien en el arte de tirar la piedra en la nube y esconder la mano, las plataformas de Internet son muy reacias a identificar a determinados ciberdelincuentes. Confieso, sin embargo, que me irrita el silencio de Marlaska, un ministro del Interior que, a la hora en que escribo esto, ni tan siquiera ha comparecido para decir que ya está haciendo todo lo posible para desenmascararlos.
Ahora bien, en materia de investigación policial y judicial, crónica de sucesos, novela negra y, en general, pensamiento razonable, existe una primera pregunta a formularse: ¿a quién beneficia el crimen? ¿A Pedro Sánchez, al Gobierno de coalición progresista, a las fuerzas de izquierda que tenían la campaña electoral allá donde querían, en las cosas del comer? No, señor Feijóo, no diga más tonterías. A ningún gobernante progresista puede venirle bien que las calles ardan en plena campaña electoral. Déjele, señor Feijóo, deje esas memeces para su socio Abascal, no siga significándose en la vía de la ignorancia y la sinrazón.
Los disturbios promovidos por Focus solo pueden venirle bien a quien alza la bandera del palo y tentetieso, a la coalición de derecha extrema liderada por Vox en el presente español. Como le vinieron bien a los reaccionarios franceses en tiempos de Vidocq, a la autocracia zarista en tiempos de la Ojrana, a los conservadores estadounidenses en tiempos del COINTELPRO del FBI, a la “estrategia de la tensión” en la Italia de Berlinguer y Aldo Moro.
Estoy escribiendo esto cuando me llega la noticia de un accidente ferroviario de trenes de alta velocidad en Toledo, con un montón de muertos y heridos. Me espeluzna, pero no por ello pierdo la chaveta, no. Creo que el mal existe, claro que sí, pero no soy conspiranoico. Esto no voy a atribuirlo a ningún agent provocateur. Como en el de Ademuz, mi primera reacción es pensar que nuestro sistema ferroviario, como nuestra red eléctrica o nuestra capacidad para recibir turismo, está sobresaturado. Demasiados trenes circulando por vías y catenarias exhaustas, demasiado tráfico para un personal desbordado.
Pero no se me escapa que, tras los disturbios de Barcelona y Bilbao, este escalofriante accidente cambia el buen rollo para los progresistas con que había arrancado la campaña para el 29N y del que escribí aquí mismo. Intencionados, como el vandalismo de Focus, o accidentales, como el choque ferroviario en Toledo -tal vez fruto de un error humano, según leo-, estos sucesos vuelven a situar el debate electoral en terrenos fértiles para el miedo y la desesperanza.
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