“¡Americanos, os recibimos con alegría!”
La salvajada cometida en Venezuela por los Estados Unidos de Trump me ha espeluznado, pero le reconozco el mérito de su descarnada franqueza. Es una exhibición de poderío que renuncia a los pretextos tradicionalmente esgrimidos por el imperio de las barras y estrellas para justificar tantísimas intervenciones militares fuera de sus fronteras. Lo que ha hecho Trump es quitarle al Tío Sam la máscara del Amigo Americano. No intenta justificarse aludiendo a la democracia, los derechos humanos, las armas de destrucción masiva o cualquier otra milonga. Trump informa explícitamente de que el bombardeo de Venezuela y el secuestro de su presidente van de adueñarse de las inmensas reservas de petróleo de ese país.
Deja así el emperador en muy mal lugar a sus vasallos internacionales, pero esto a él le importa un carajo. Con las bombas todavía humeando en Venezuela, sus feudatarios de las derechas rojigualdas se apresuraron a celebrar con alborozo el triunfo de la democracia y la instauración de María Corina Machado como titular del Palacio de Miraflores. El chasco que se llevaron fue colosal. Trump aclaró enseguida que los tiros no iban por ahí. Delcy Rodríguez, la número dos de Maduro, iba a seguir en Miraflores. De momento, por supuesto. Mientras a él, el nuevo puto amo de Venezuela, le convenga.
Ay, señora Ayuso, las redes sociales las carga el diablo. Las prisas por opinar, por fijar antes que nadie el marco del debate colectivo, pueden ser muy malas consejeras. Todos, aún más los gobernantes, debemos dar un largo paseo antes de ponernos a tuitear lo primero que se nos pase por la cabeza. A esto, señora Ayuso, se le llama Wait and see en la lengua del imperio.
El caso es que lo que ha hecho Trump al asaltar Venezuela es dejar claro como el agua que América Latina es el patio trasero de Estados Unidos y que allí hace lo que le cuadra. Todo un regreso sin el menor maquillaje a la doctrina Monroe, cuya primera víctima fue la España despojada de Cuba y Puerto Rico en 1898. Que se vayan atando los machos Cuba, Colombia y México, anuncia el emperador.
Trump también ha confirmado el fin del orden mundial establecido tras la derrota de los fascismos en la Segunda Guerra Mundial. Olvídense del derecho internacional, de la ONU, del multilateralismo, del diálogo y la negociación, de todas esas pendejadas. La única ley vigente es la del más fuerte. Pueden ustedes llamarlo la ley de la jungla, el Salvaje Oeste, el imperialismo descarnado, como quieran. A Trump se la suda.
Yo siempre me he tomado a Trump al pie de la letra. Millones de sus compatriotas le votan, precisamente, porque dice lo que piensa y hace lo que dice. Él no es como esas viejas guardias del Partido Demócrata estadounidense y la socialdemocracia europea que, en nombre del pragmatismo, la realpolitik o el Sursum Corda, no cumplen muchas de las cosas que prometen. Él es, más bien, de la escuela de Hitler: si digo que voy a invadir Checoslovaquia y Polonia, las invado. Y que se jodan Chamberlain y Daladier.
De modo que, si Trump anuncia que quiere adueñarse de Groenlandia, yo ya puedo imaginarme a la Delta Force y los marines desembarcando en esa enorme y gélida isla repleta de tesoros minerales. Y también puedo anticipar la babosa rendición de Ursula Von der Leyen, Kaja Kallas, Emmanuel Macron, Friedrich Merz, Keir Starmer y toda esa patulea de cobardicas que dicen gobernar Europa.
¡Pobre Europa! Sus élites de centroderecha y centroizquierda se creyeron el cuento del Amigo Americano. Ni tan siquiera se coscaron de por dónde iban las cosas con la sucesión de gamberradas estadounidenses en Vietnam, Panamá, Irak y tantos otros lugares. No dieron pasos serios para emanciparse militar, económica y tecnológicamente de la tutela del imperio. Fueron incapaces de establecer relaciones estratégicas propias con Rusia y China. El nuevo orden o desorden mundial les sorprende con las manos desnudas y cara de tonto.
Una España que no debe su democracia al desembarco en Normandía vuelve a ser uno de los pocos ejemplos de autonomía y dignidad en el Viejo Continente, como ya lo fue con el genocidio de Gaza. Ha protestado por la actuación de Trump en Venezuela junto a sus parientes demócratas de América Latina: Brasil, México, Colombia, Chile y Uruguay. Poco más puede hacer, pese a lo que digan algunos Cantinflas de ultraizquierda. España no es una gran potencia. Lamentablemente, España es muy dependiente de esa Unión Europea donde rigen los flojos.
Y, además, tenemos una poderosa Quinta Columna del trumpismo en nuestro propio suelo. Son esos ultras descerebrados que babean difundiendo memes en los que Zapatero y Sánchez ocupan el papel de Maduro capturado por la Delta Force de Estados Unidos, ese gran pueblo con poderío. Son el torero traidor Fran Rivera y todos los demás herederos de aquellos falsos patriotas que acogieron a los Cien Mil Hijos de San Luis en el siglo XIX y al presidente Eisenhower en el XX. Los paletos del Bienvenido Mr. Marshall y olé mi suegra y olé mi tía.
Una última cosilla, señora Ayuso, emperatriz de Villar del Río: si tanto le gusta Miami, váyase a vivir allí de una vez con su novio. Se lo pasará bien, créame.
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