El antisanchismo: la base de la política exterior de Feijóo
De todas las declaraciones de Trump los últimos días hay unas realizadas al New York Times que resultan especialmente estremecedoras. Trump dijo que la única restricción a su poder como presidente es “mi propia moralidad, mi propia mente”. Confirmando así que su idea del bien y del mal, su idea de la legalidad internacional o nacional, la dicta su propia moralidad. “Es lo único que puede detenerme”, aseguró Trump, aunque agregó: “No busco lastimar a la gente”.
Estos días se habla de un nuevo “orden mundial” dictaminado precisamente por esa moralidad arbitraria de Trump, pero describirlo de ese modo, como un nuevo orden, es otorgarle una coherencia que no posee. En algún punto, la aquiescencia respecto a las políticas volubles de Trump supondrá la pérdida de soberanía. Y en este nuevo marco mundial, que no orden, cabe preguntarse cuál la postura del PP de Feijóo porque sus vaivenes parecen orbitar en torno a un único punto: el antisanchismo.
Ocurrió con Palestina, con una dirección nacional aferrada a la fórmula de la “masacre” pero evitando hablar de genocidio por marcar oposición respecto al Gobierno, y está ocurriendo con Venezuela, aunque la celebración triunfal inicial se terminase convirtiendo inesperadamente en una petición de terminar con el Gobierno de Delcy Rodríguez. ¿A quién lanzaban esa petición? Al aire porque ni una sola mención o crítica directa a Donald Trump.
Fruto de esa desorientación provocada por el antisanchismo, el PP ha terminado cayendo en un provincialismo embarazoso. Véase, por ejemplo, la recriminación pública de Feijóo a Sánchez de no acudir al desfile de la Pascua Militar el pasado 6 de enero, cuando el presidente del Gobierno estaba en una cumbre internacional con presencia de Rutte, Starmer o Macron. Feijóo consideró entonces que la presencia de Sánchez en esa cumbre, pese al momento de tensión internacional, estaba del todo injustificada, llegando incluso a hablar de ‘indignidad’: “Un presidente digno de su país debería estar con el jefe del Estado en un día como hoy”, apuntó.
Una postura ambigua, encerrada dentro de la espiral de crítica interna, y con el componente adicional de Zapatero, objeto directo de ataques como el tuit de las Nuevas Generaciones de Madrid en el que sustituían su cara por la de Maduro y le pedían su detención a los Reyes Magos. Algunos incluso parecerían dispuestos a perder soberanía a cambio de recuperar el poder.
Y todo esto mientras Ayuso se reunía en Argentina con Milei y posaba en una mesa encabezada por una motosierra en el Salón de los Bustos de la Casa Rosada. La Comunidad de Madrid enmarcó esta visita en un encuentro “de carácter personal”, pero allí estaba también el ministro de Asuntos Exteriores argentino, Pablo Quirno. Y allí exhibieron nuevamente su excelente sintonía en plena crisis internacional, marcando el contrapaso al ambiguo movimiento de la dirección nacional del PP.
El politólogo Raymond Aron venía a decir que las ideologías, cuando se convierten en obsesiones, pueden llegar a sustituir el análisis por la fe. En ese sentido, la obsesión de Feijóo por Pedro Sánchez puede llevarle a confundir un deseo moral con la realidad, al menos en política exterior.
5