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Desacreditar a la víctima: El manual del PP punto por punto

El alcalde de Móstoles, Manuel Bautista, rodeado de mujeres del PP en su rueda de prensa tras el escándalo por acoso sexual a una ex edil del municipio.
9 de febrero de 2026 00:04 h

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Desde que la concejala de Móstoles denunciase por acoso sexual y laboral al alcalde de la localidad, Manuel Bautista, y desde la acusación contra los números dos y tres de Ayuso, Alfonso Serrano y Ana Millán, por tapar el caso y presionarla, el PP ha seguido paso a paso el perfecto manual para desacreditar a la presunta víctima (Seguramente algunos de los puntos expuestos a continuación ya os resulten familiares de casos anteriores). 

Paso 1: Cuando habla, el problema es que ha hablado. Una vez la concejala ha acudido a la prensa, desde el partido dicen que “donde se dirimen este tipo de casos es en el juzgado”, aunque previamente la hubiesen instado a no emprender ninguna denuncia (“Yo te recomendaba, y te sigo recomendando, que una denuncia pública no te beneficiaría. O sea, la denuncia judicial que luego iba a ser pública no te beneficiaría. (…) Te dije, piénsalo, quizá te venga mejor dar un paso atrás, no pasarlo mal, que tu padre no lo pase mal (…) lo digo yo, que vivo por y para el partido, llevo muchos años y todas hemos aguantado muchas cosas”) y aunque el protocolo antiacoso dentro del partido fuese inexistente. 

Paso 2: ¿Y por qué habla ahora? Exponen que la tardanza en denunciar y el momento elegido para hacerlo es muy sospechoso. Si la víctima habla pronto, precipitada; si habla tarde, sospechosa. “Han fabricado esta semana, justo en el día en el que comparecía Salazar en el Senado para hablar de todo lo que ha acontecido a Moncloa y para tapar que él era uno de los valedores de la campaña de Pilar Alegría”, decía Ayuso. 

Paso 3: El denunciado se presenta como víctima. Y lo hace en una rueda de prensa rodeado de mujeres (el equivalente institucional a decir que no eres machista porque tienes madre): “Todo es absolutamente falso. Es una campaña absoluta de desprestigio. Un chantaje”.

Paso 4: “Solo es su palabra”. El mensaje es claro: la experiencia de una mujer, por sí sola, no es suficiente para activar ningún protocolo o para provocar ninguna dimisión, aunque sí lo fuese en los casos que sacudieron al PSOE. 

Paso 5: Cuestionan el acoso o lo matizan. Hablan de un simple caso de acoso laboral —como si fuese algo menor, por cierto—. O incluso hablan de comportamientos comunes asociados al flirteo. El “¿y tú cómo ligas?” de Alfonso Serrano, secretario general del PP madrileño, es bastante clarividente en este sentido. Se trivializa para que la denuncia parezca del todo exagerada.

Paso 6: El pasado de ella entra en escena. Revuelven en el pasado de la denunciante para minar su credibilidad. Eso están haciendo ya medios afines como, por ejemplo, Debate, que ha publicado que la concejal quiso compaginar su cargo de directora de un colegio con la concejalía para cobrar 90.000 euros o que ya emprendió una denuncia por acoso sexual en un colegio.

Paso 7: También entra en escena la guerra cultural. Por si la echabais de menos. Desvían el foco amplificando el caso como parte de la omnipresente guerra cultural. En este sentido, Alfonso Serrano decía que “hay quien decide qué es una familia correcta, qué es un hombre, qué es una mujer, qué palabras están permitidas, qué bromas son delitos y cuáles no, qué libros sobran, qué convenciones culturales se pueden hacer y cuáles no, qué historia hay que borrar, qué es acoso y qué no lo es, quién es creíble y quién no lo es. Y eso lo llaman progreso. Pero es autoritarismo con maquillaje”.

Paso 8: Y, como consecuencia del punto anterior, agitan de nuevo el fantasma de las denuncias falsas por parte de las mujeres. Es un fantasma similar al del fraude electoral, la amenaza no necesita ser frecuente para ser útil: basta con repetirla hasta que parezca un problema estructural. No importa que el número de denuncias falsas sea escasísimo; el ruido está diseñado para que todas suenen dudosas. Y esta sí es una batalla real: a quién se le concede el derecho a hablar y, sobre todo, a quién se le concede el derecho a ser creído.

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