El escudo social y la guerra del fin de mes
Esta semana que entra, la guerra en Irán será un poco más preocupante para muchos españoles. No porque se vaya a cumplir un mes de conflicto sin visos de terminar a corto plazo, ni porque la escalada de ataques y respuestas se esté descontrolado, sino por una razón mucho más doméstica: estamos a fin de mes. Y ahí duele todo más, también la guerra, o sobre todo la guerra.
Para muchas familias esta semana es la de las apreturas, la de mirar muy bien los precios, aplazar compras no urgentes, tirar de tarjeta de crédito, consultar varias veces al día la app del banco para ver si llega un pago esperado o cargan un recibo sorpresa, y rezar para que no se rompa un electrodoméstico o se averíe el coche. En casos más dramáticos, es la semana de no comprar carne ni pescado, tirar de abuelos para que coman los niños, y trampear aquí y allá para salvar los últimos días hasta cobrar el sueldo, la pensión o el ingreso mínimo.
El fin de mes, que cada vez se adelanta un poco más, es el alambre por el que tantas familias caminan a partir del día veintipocos, con miedo a perder pie. Y la guerra de Irán, con toda su incertidumbre y sus esperadas consecuencias económicas, agobia más cuando no llegas a fin de mes. En esos días críticos, asustan más los pronósticos de mayor inflación, los precios del combustible al alza, las pizarras de la frutería, que ya asustaban antes de Irán; como asusta la vivienda, que con guerra o sin guerra sigue asfixiando a tantos. Sin haber recuperado el poder adquisitivo perdido en los últimos años, llega ahora la guerra para complicarnos más el fin de mes, y quizás adelantarlo un poco más.
Contra los efectos de la guerra, el gobierno despliega “el mayor escudo social y económico de la Unión Europea”, en palabras del presidente Sánchez. Es el tercer escudo en solo seis años, sin contar las prórrogas de los anteriores. Oímos hablar por primera vez de escudo social con la pandemia, cuando la situación de emergencia obligó a medidas nunca vistas. La guerra en Ucrania activó un nuevo escudo social, para amortiguar el precio de los combustibles y la inflación de la cesta de la compra. Solo dos días antes de que Trump y Netanyahu lanzaran los primeros ataques sobre Teherán, decayó la última prórroga del escudo social, tumbado en el parlamento. Y ahora llega este nuevo escudo para contener el destrozo que una guerra incierta hará en nuestras economías, en la nacional y en las familiares.
Después de seis años viviendo con escudo, de crisis en crisis, cabe pensar que la crisis es nuestra nueva normalidad. Y en ese caso necesitamos mucho más que un escudo de emergencia. Sobre todo ante la perspectiva de un cambio de gobierno que nos quite el escudo que ha salvado a tantos durante estos años, y nos deje a la intemperie. Ánimo con el fin de mes.
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