El esperpento

Artur Mas es un gran líder político, pero en los últimos meses se ha convertido por decisión propia en un esperpento. Una gran muestra de su habilidad es que logró arrastrar al partido que podía ganarle las elecciones (ERC) a una coalición con un único reto: avanzar hacia la independencia. Eso era lo más importante. El conglomerado electoral permitió que Mas se camuflara de número 4 en la lista, alegando que lo importante no era el quién, sino el qué y el cómo. El presidente trataba de lanzar así un mensaje sobre su enorme generosidad, su amor por esa causa mayor en que se ha convertido el Estado propio. Ganó las elecciones, aunque demostró que su fuerza en las urnas es cada vez menor. Y eso le ha colocado en una situación extremadamente delicada.

Los ciudadanos hicieron con sus votos que Mas y sus extraños compañeros de cama electoral se vieran obligados a cortejar a la CUP. Y fue exactamente en ese momento, un minuto después de que finalizara el recuento, cuando se demostró con total claridad que la motivación de Mas era tan simple como humana: el poder, el liderazgo, la historia, el yo. No dudó en reinventarse en un presidente autonómico nada reconocible. Se convirtió en un personaje objeto de mofas; Mas con cresta, Mas con pañuelo palestino, Mas con rastas, Mas con chupa de cuero...

El líder de CDC sometió a votación parlamentaria una resolución para desobedecer a los jueces, con el único objetivo de revalidar una mayoría suficiente para mantenerse en el poder. Esa ha sido su primera y única decisión. Y formaba parte de una estrategia orientada a mendigar el apoyo de la CUP, sin plantearse siquiera dar un paso atrás para dejar paso a lo que presentaban como fundamental: el proceso. Sorprendentemente, Mas ha conseguido que ninguno de sus compañeros de lista cuestionara públicamente su liderazgo, a pesar de que con eso podrían iniciar la fiesta de manera inmediata.

En esta situación, en la que a Mas solo le importa su propio destino, paradójicamente no ha dudado en someterse a la humillación pública de recuentos y más recuentos sobre su persona. Puesto que parece que a Mas tampoco le frenan las promesas electorales, ha instado a la CUP a pisotear las suyas. El partido considerado antisistema dijo que no investiría al actual presidente de la Generalitat y mucha gente les votó precisamente por eso. Es llamativo que hayan celebrado tantas asambleas internas para ver si tenían que enmendarse la plana.

Finalmente, el partido independentista ha decidido rechazar la investidura de Artur Mas. Ahora puede retirarse o convocar nuevas elecciones. Cualquier cosa es posible con alguien que ha pasado semanas en actitud suplicante, contemplando cómo medían y sometían a votación el afecto que se merece.

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Publicado el
3 de enero de 2016 - 19:43 h

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