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Pacto PP-Vox: Muera la inteligencia

Juanma Moreno y Manuel Gavira tras la firma del acuerdo de gobierno para los próximos cuatro años en Andalucía.
3 de julio de 2026 21:34 h

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Se acabó el juego. El sonriente Juanma Moreno se ha rendido a la evidencia de que, como en la canción de Amaral, sin Vox no es nada y ha tenido que encaramarse a la ola ultra. Antes les tocó pasar por el aro a sus compañeros de Extremadura, Aragón y Castilla y León. Y Núñez Feijóo deberá hacer la misma cabriola si quiere tener alguna posibilidad de llegar a la Moncloa. El acuerdo PP-Vox en Andalucía, así como los anteriores, prevé que los inmigrantes irregulares queden excluidos de prestaciones y servicios sociales salvo en “supuestos de urgencia vital”, signifique lo que signifique la inquietante expresión. Prioridad nacional, llaman a esta deshumanización del extranjero.

Pero el pacto contiene otros puntos además de la monserga contra los inmigrantes. Por ejemplo, habla de Cultura y de Educación. Por lo menos eso dicen los epígrafes correspondientes. No sé cuántos lectores han leído el texto íntegro del acuerdo, pero en estos dos temas, más que de prioridad nacional, lo que cabe es hablar de escopeta nacional. De inundación de caspa. De la muerte de la inteligencia.

Uno pensaría que un plan de gobierno en materia cultural debería incluir, por ejemplo, políticas de incentivos a la lectura, máxime cuando la comunidad en cuestión, Andalucía, ocupa el puesto 11 a nivel nacional en hábito lector. O que hubiera medidas de fomento a creaciones artísticas modernas o al desarrollo del pensamiento. Pero esto es lo que han acordado PP y Vox: impulsar un fondo de conservación y recuperación de iglesias, conventos y monasterios; reforzar la programación de los centros culturales de gestión regional; promocionar la tauromaquia, la caza y la pesca como atractivos turísticos; implementar un plan de protección del patrimonio cultural en riesgo, habilitándose una línea específica del patrimonio taurino; y un “rediseño” de los museos andaluces. Y ya. Eso es todo. No meneen el ratón, que no hay más. De aquí, el pacto salta al item Vivienda.

En cuanto al capítulo de Educación, uno esperaría que trasluciera alguna reflexión de fondo sobre modelos educativos, sobre el impacto de la inteligencia artificial y las nuevas tecnologías, sobre los mecanismos futuros de aprendizaje, etc. Pero veamos lo que dice el pacto PP-Vox: gratuidad en educación de cero a tres años (medida que encaja más en Conciliación Familiar que en Educación); orientación de la universidad al mercado laboral mediante una colaboración estrecha con las empresas (eufemismo por mercantilización del conocimiento); climatización de los centros educativos; defensa de los productos andaluces en los comedores escolares, y aceleración de la educación concertada (pagada por los contribuyentes y tutelada por la Iglesia). ¿Eso es todo? Qué va. Faltan las dos propuestas estrella: fin del Programa de Lengua Árabe y Cultura Marroquí en los centros docentes andaluces, como parte del “rechazo explícito de cualquier programa de adoctrinamiento en las aulas y a cualquier injerencia extranjera o intento de diluir nuestra identidad” (para cualquier duda sobre la identidad según Vox remito al lector al apartado sobre Cultura). Y la enseñanza de la Historia del terrorismo en España (dejo a la lectora el ejercicio de imaginar cómo sería esta asignatura en manos de la tribu de Abascal).

Dice casi al final el acuerdo PP-Vox que la acción Gobierno se inspirará en los principios de libertad, eficiencia y austeridad, “renunciando expresamente a todo intento de imprimir cualquier sesgo ideológico o condicionar el libre pensamiento y juicio de los ciudadanos”. Tienen un morro que se lo pisan. Todo su pacto es un monumento al sesgo ideológico, desde el mismo preámbulo, en el que los firmantes anuncian una gestión contrapuesta al “declive ético y moral” del Gobierno de Pedro Sánchez.

Ahora bien, que un programa de gobierno esté impregnado de ideología no es en sí mismo un motivo de descalificación. A fin de cuentas, la política es en el fondo una batalla de ideas, y los ciudadanos tienen el derecho de poder elegir la opción con las que sientan más afinidad. La Ley de la Memoria Democrática, por ejemplo, fue producto de una decisión cargada de ideología. Pero, por favor, señores del PP y Vox, no nos salgan con el embeleco de que su propuesta de una “Ley de Concordia” para reemplazar a aquella está libre de polvo y paja ideológicos. Tampoco lo están las propuestas culturales y educativas de su acuerdo. Y la totalidad del pacto de gobierno para Andalucía. De lo que aquí estamos hablando es de que Vox ha impuesto su ideología al PP, el partido que hasta hace algún tiempo se presentaba como una formación homologable al centro-derecha europeo. Y de que el PP ha normalizado políticamente unas ideas que chocan con el espíritu de modernidad y tolerancia que ha guiado a la Europa de posguerra.

La opción moderada de Juanma Moreno, si es que alguna vez existió bajo la fachada de bonhomía, se ha evaporado por dos votos. Lo que a estas alturas ya falta por dilucidar no es si Feijóo pactaría con Abascal tras las elecciones generales de 2027, sino si les darán los números. En lo que respecta a un hipotético programa de gobierno, ya tenemos pistas.

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