No, señor Feijóo, el censo no se va a “engordar”. Se va a ampliar
Las palabras que pronunciamos no son gratuitas. El uso que hacemos cotidianamente de un término u otro es revelador de nuestra forma de ver el mundo. La disciplina de la lingüística está llena de estudios sobre las expresiones que elegimos para calificar o describir las cosas. Y lo que sabemos es que no brotan por azar de nuestra boca, que cuando elegimos nuestro léxico estamos desnudando nuestro pensamiento. No es lo mismo, por ejemplo, decir “el problema de la inmigración” que “el fenómeno de la inmigración”: lo primero sugiere una actitud prevenida hacia el extranjero, mientras que lo segundo refleja una aproximación en la que no intervienen las fibras emocionales.
Traigo esto a colación por la palabra que está utilizando el Partido Popular, con Feijóo a la cabeza, para despacharse contra la regularización de en torno a medio millón de inmigrantes aprobada por el Gobierno por iniciativa de Podemos. Los populares acusan a Sánchez de “engordar” el censo con el fin de ganarse el apoyo de los beneficiarios de la medida en las elecciones venideras. “Engordar” no es una palabra ofensiva en sí misma. En el sentido que la utiliza el PP, sí lo es.
El PP y sus medios afines afirmaron en un comienzo que el propio Sánchez se beneficiaría de esos votos agradecidos en las elecciones previstas para 2027. Y que el PSOE haría lo propio en los próximos comicios autonómicos y municipales. Todo era mentira. Para votar en unas elecciones generales o autonómicas se necesita tener la nacionalidad española, y lo que se concederá con el proceso de regularización es un permiso de residencia y trabajo para quienes cumplan los requisitos. La nacionalidad es un trámite distinto y tiene sus propias exigencias. En lo que respecta a las elecciones municipales, los extranjeros con permiso de residencia puedan votar si hay convenio de reciprocidad entre España y sus países de origen (existe ya con 13 países, incluidos Colombia, Ecuador, Perú, Chile o Paraguay), pero solo pueden ejercer ese derecho si demuestran entre tres y cinco años de residencia continuada. Es decir, los beneficiarios de la regularización no podrán votar en las próximas municipales.
El PP ha terminado por reconocer, a través de su vicesecretaria de Coordinación Sectorial, que la regularización no afectará en ningún caso al actual ciclo electoral. “Hemos dicho en el medio plazo. En el corto, no”, dijo en RNE Alma Ezcurra. Pero lo que evidenció es que, de todos modos, están preocupados. Quizá porque temen que, si no es en los comicios más inmediatos, los cientos de miles de inmigrantes que se beneficien de la medida puedan conseguir pronto la nacionalidad y convertirse en votantes cautivos de los socialistas o de Podemos. “Si pertenecen a Iberoamérica, Filipinas o Guinea Ecuatorial van a poder solicitar la nacionalidad en solo dos años”, manifestó Ezcurra, como si despertara ante un terrible descubrimiento.
En realidad, el problema para el PP no es que se regularicen inmigrantes. El Gobierno de Aznar lo hizo en su día, beneficiando a más de medio millón de personas. Lo que le sienta como una patada en el estómago es que lo haga Sánchez. Las regularizaciones impulsadas por los Gobiernos de González, Aznar y Zapatero se llevaron a cabo sin problemas, pero con Sánchez es distinto: su plan, a ojos del PP, es apoderarse de la voluntad de unas masas tercermundistas que no disciernen entre el bien y mal para que voten eternamente a la izquierda a cambio del espejito de la regularización. Los populares prefieren dejar en el limbo a más de medio millón de inmigrantes, sin importarles sus dramas cotidianos, sus miedos o la explotación cruel que muchos sufren a manos de empresarios inescrupulosos, a verlos caer en las garras de Sánchez. Con un poco de suerte, el PP ganará las próximas elecciones y Feijóo podrá hacer una regularización sin la sombra de la sospecha de que lo hace con fines clientelares. El PP, como todo el mundo sabe, no entiende de esas feas conductas políticas.
En este esenario, no sorprende que los populares hablen de “engordar” el censo. No utilizan términos como “ampliar” o “incrementar”. Dicen, despreciativamente, “engordar”. En el pensamiento profundo de la derecha, la inmigración es un elemento graso que puede resultar perjudicial para la salud del cuerpo social. Seguramente el PP utilizaría otro término menos agresivo si un gobierno suyo llevara a cabo en el futuro otra regularización, pero el hecho de que hoy lo usen en su confrontación con Sánchez revela una actitud de fondo ante el extranjero que no pueden reprimir. Es algo parecido cuando se habla de “avalancha” de inmigrantes o cuando se intenta en su alarde de ecuanimidad distinguir a los inmigrantes “que vienen a trabajar” del resto de inmigrantes, dejando flotar la idea perversa de que muchos son parásitos que vienen a vivir de los buenos españoles.
No. El censo no va “engordar” por una regularización. El censo va a ampliarse. Como se va a ampliar la lista regular de contribuyentes a Hacienda. O el número de los candidatos a los puestos que ya no quieren desempeñar los nativos. O la diversidad cultural del país. O la población, en unos momentos de preocupante atonía demográfica. Todo eso no “engorda” a un país. Lo robustece.
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