El permanente ataque del PP a la convivencia
Empezaré sin rodeos, el PP parece capaz de destruir la convivencia social con tal de llegar al poder que ambicionan: la Moncloa. Han comenzado, por supuesto, con las familias de las víctimas del choque de trenes, las más vulnerables ahora. Cuando leo que “Una decena de víctimas se persona en el juzgado que investiga el accidente ferroviario y dicen: ”Voy a luchar porque a mi hijo lo asesinaron, lo mataron, no hay otras palabras“, comprendo absolutamente su dolor, pero también cómo lo han manipulado el PP y los medios a su servicio para lanzarse así cuando no se conocen todavía ni las causas exactas y completas del accidente. Hace falta carecer de escrúpulos y ser muy cruel para obrar de este modo, pero los miembros del Partido Popular no tienen el menor problema en ir con ello. Ha regresado el ”que caiga España que ya la levantaremos nosotros“ de Cristóbal Montoro, quien presuntamente lo que hizo fue ”levantarse“ un dineral modificando para sus clientes privados los presupuestos generales del Estado con leyes que aprobaba el gobierno de Rajoy del que formaba parte. La investigación de este caso de enorme entidad apenas ocupa, por cierto, de vez en cuando alguna una línea en los medios desde hace tiempo.
Los accidentes son consustanciales a la vida, no existe la seguridad completa, aunque, desde luego, los fallos evitables han de ser investigados y penados en su caso sin la menor duda. Todos ellos truncan vidas, condicionan el futuro, son muy dolorosos de sufrir… y de ver. Pero la ley del embudo que utiliza el PP (y sus medios) merece que se le den un par de vueltas al tema. Sobre todo, que no se convierta en el habitual mecanismo de las noticias ahora que parecen de usar y tirar en el día. El contexto y los antecedentes son esenciales en periodismo. Les cuento de algunos en primera persona.
Cubrí para Informe Semanal el accidente del Metro de Valencia ocurrido en julio de 2006, alguna vez se lo he mencionado ya. Murieron 42 personas, entre ellas el maquinista, a quien culparon atribuyéndole “exceso de velocidad”. Frente a toda la palabrería, otro maquinista con 25 años de servicio, se prestó a explicarnos cuál había sido el problema. Guardé escrita su declaración.
“Mientras que nosotros en la línea 3 disponemos del sistema ATP que me regula en todo momento a la velocidad que puedo circular... vais a ver cómo entro en una curva que me va a limitar a 30 y a mí me es imposible entrar a más velocidad… en la línea 1 no lo tienen”. Lo mostró varias veces a cámara, y aún me duele que le expedientaron por ello cuando nadie sacó conclusiones de lo que implicaba. ¡Qué frustración! E injusticia. Un esfuerzo inútil, un sacrificio para nada.
Los maquinistas tenían huelga convocada con anterioridad pidiendo más medidas de seguridad, justo para aquellos días (el Papa Benedicto XVI visitaba Valencia) y la suspendieron. Tampoco he olvidado cómo se iban quitando las flores y las velas del duelo en las escaleras del metro para dar la mejor imagen al Pontífice. Se celebraba el V Encuentro Mundial de las Familias y el PP -qué casualidad- también se mojó de lo lindo. Las condenas de aquel caso, inscrito en la corrupción de la Gürtel, llegaron hasta los 15 años de cárcel para líderes de la trama como Correa, Crespo y 'El Bigotes'. Más adelante se probaron también irregularidades en contratos de la televisión autonómica (RTVV) con sobrecostes de 3,2 millones de euros, malversación y cohecho.
Así que una se pasma cuando ve al PP dando lecciones. Porque, por ejemplo, el accidente del Alvia Madrid/Ferrol en julio de 2013 en Angrois fue prácticamente el mismo caso: fallos demostrados en la seguridad de aquella curva, sin tener habilitado nada para la detención automática. Sobre todo porque el diseño del trazado dejó una curva crítica tras una larga recta por “ahorrar”. El maquinista, a quien le han caído todas las culpas y pena de cárcel, recibió una llamada del interventor en el momento justo que le distrajo para frenar por su cuenta. Era lo que solían hacer dado, repito, que no había sistema de frenado automático. Murieron 80 personas y 144 resultaron heridas. El ex cargo de ADIF acaba de ser exculpado, aunque era titular de... Seguridad. Los del PP no estuvieron a la altura de su responsabilidad, ni siquiera para dar explicaciones, ni para atender a las familias de las víctimas. Sí para impedir que se investigara el tema en el Parlamento como hizo el entonces presidente de la Xunta Núñez Feijóo. Otros testigos recuerdan ahora también el comportamiento de las autoridades, de Feijóo en concreto.
Más reciente, lo ocurrido con la dana en la Comunidad Valenciana y la absoluta desvergüenza del president Carlos Mazón, disfrutando de comida y larga sobremesa en El Ventorro con una periodista mientras sus conciudadanos se ahogaban. La insoportable cadena de mentiras de todo el PP fue como inaugurar una nueva etapa de la desfachatez. 230 muertos aquí.
7.291 en Madrid en las residencias a cargo de Ayuso en pandemia. Muertos sin asistencia médica bajo el Protocolo de la Vergüenza que aún colea discretamente por los juzgados, dada la bula que parece tener Ayuso para la justicia, sin que sepamos por qué, ni nadie lo investigue. Porque son estas víctimas, el maltrato -siquiera alimenticio- que ha seguido en los geriátricos, el monstruo que se cierne con los trapicheos de los hospitales privatizados que hasta reutilizan catéteres de un solo uso o priorizan pacientes de los que se puede sacar más beneficio, según las informaciones. Y ahí está Ayuso la primera acusando, atacando, señalando en realidad que es la que manda a ese lado de la derecha/ultra/derecha y nos podemos preparar para lo que venga si consigue escalar a lo más alto de la gestión política.
Sobre los atentados del 11M en 2004, la invasión ilegal de Irak y la guerra en la que nos metió Aznar ya he comentado otras veces las sensaciones de asistir a aquel reguero de muertos y heridos en los trenes. Al menos las urnas mandaron al cuerno al PP, algo que jamás han perdonado y de ahí la fobia especial para Rodríguez Zapatero que ganó aquellas elecciones.
También me tocó cubrir parte del accidente del Yak 42, crónica de una muerte anunciada en los emails que las víctimas mandaban a sus familiares. La llegada de los féretros con los restos confundidos en diversos ataúdes para hacer un pomposo funeral de Estado, de esos que tantos les gustan. La rabia de un padre en Valencia al empujar el ataúd de su hijo al nicho y mi sensación de querer pedir disculpas universales por aquella barbaridad.
Es de resaltar que, en todos los casos hasta ahora, ha habido una demostración impresionante de solidaridad en España. Y fuera también con nosotros. En el pasado. No tanto ahora: son tales atrocidades las que Trump anda cometiendo por ahí, hasta en su propio país, que apenas queda tiempo en el mundo para pensar en otras ajenas. En alguna de las que fui testigo, anoté: “El duelo, dicen los psicólogos, precisa compañía, manos tendidas”. El PP echa las manos al cuello no solo de su rival el gobierno de España, sino de las víctimas del accidente que le importan un comino y al de toda la sociedad a la que tienen en una crispación constante y en un sobresalto de indignación cada vez que asistimos a sus bulos, insultos y trampas, su cerril egoísmo. Y no están solos, sus socios de Vox se han lanzado sin frenos a lo mismo o parecido. El diputado José María Figaredo (Vox) ha terminado su intervención en el Congreso llamando “asesinos” a los miembros del Gobierno, entre los aplausos de sus compañeros de partido. Esto ya no es para una reprobación, habría que ir pensando en medidas mucho más drásticas. Seguro hay alguna norma en la ley de partidos para estos casos.
Con esa losa colgada cuesta creer que el Gobierno pueda afrontar los grandes problemas y hasta las gestiones de cada día. Y ver sobre todo a la jauría pepera (medios incluidos) sin soltar de sus fauces al ministro Óscar Puente, a todo el Gobierno, a la sociedad decente, hace temer por el futuro que ya viene suficientemente negro del otro lado del Atlántico: son igual de tramposos y crueles que Trump. Tan negro, que condiciona desde ya la vida.
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