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Lo que el PP llama patriotismo

El número 10 de la lista del PP a las elecciones europeas, Adrián Vázquez; la candidata del PP a las elecciones europeas, Dolors Montserrat y el presidente del PP, Alberto Núñez Feijóo, durante la presentación de los ejes del programa electoral para el 9J

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Cuando creíamos haber recibido ya todo tipo de lecciones sobre lo que es ser un buen español, llega el PP para decirnos que entre el histriónico Milei y el presidente del Gobierno de España, hay que estar con el presidente argentino. Debe ser que lo de hablar con tu perro muerto a través de una médium es una prueba infalible de cordura y buen gobierno y que lo de insultar a un homólogo en su propia casa es la nueva diplomacia que defiende la derecha en el marco de su “guerra cultural”.

Cuando creíamos saberlo todo del novio de Ayuso y de su afición por burlar al fisco, Alberto González Amador nos muestra una faceta suya de travestismo hasta ahora desconocida al llegar a los juzgados provisto de una peluca para ocultar su identidad y evitar con ello una nueva dosis de recuerdo sobre quién dio la vida por España durante la pandemia y quién fue capaz de venderla con tal de enriquecerse. 

Lo uno y lo otro comparten ese falso patriotismo de esta derecha española tan dada a exhibir la rojigualda en relojes, pulseras y tirantes. Porque, claro, uno es patriota para según qué cosas, oiga. Que no se puede ser patriota las 24 horas del día. Que todo tiene un límite. Que no es lo mismo llevar a España en el corazón y en la boca que tener que contribuir a su progreso mediante el pago de impuestos. Que eso de cumplir con el  fisco es algo de asalariados, de currantes de 40 o más horas semanales y de pusilánimes que no han sabido emprender como este ¿técnico sanitario? que tornó en empresario de éxito gracias a los contactos a este y al otro lado del charco que le ayudaron a quintuplicar sus ingresos, casualmente desde que se emparejó con la presidenta madrileña. 

Un buen español es hoy aquél que justifica el fraude fiscal que confesó ante el fiscal la pareja de la inquilina de Sol y luego se sirve de la estructura política de una administración para difundir bulos en su defensa. Y un buen español es hoy también el que defiende o jalea los ataques proferidos por el botarate presidente argentino contra Sánchez y su esposa. 

De todas las historias de la Historia, como escribió Gil de Biedma, la más triste sin duda es la de España porque este país en lugar de expulsar a sus demonios parece que los reproduce. En nombre de la patria se pasan por el forro el mandato constitucional de renovar el Consejo General del Poder Judicial. En nombre de la patria viajan a Europa a tejer complicidades para que los fondos europeos no lleguen a su país. En nombre de la patria niegan la legitimidad de un gobierno elegido democráticamente. En nombre de la patria consideran que hay que triturar a la prensa por desvelar que la pareja de una presidenta autonómica ha reconocido ante la fiscalía haber cometido tres delitos. Y en nombre de la patria aplauden que un jefe de Estado aterrice en España para insultar a su presidente de Gobierno.

Contra Pedro Sánchez, vale todo. Y ese Feijóo, que se da golpes de pecho por España, ha optado por la equidistancia entre nuestro jefe de Gobierno y el argentino hasta elevarse por encima de ambos e ignorar algo tan básico en diplomacia como que insultar a un presidente en ejercicio en su propia casa sobrepasa todos los límites y ofende, esto sí, a todos los españoles a los que representa. Y esto, claro, sin necesidad de entrar en las palabras de Abascal sobre que hay que echar a “patadas y gorrazos” al gobierno actual y contra las que su socio de gobierno no ha dicho ni una palabra porque las debe compartir.

Es curioso que aquellos que más invocan las banderas y los himnos sean los primeros en traicionar los intereses generales del país y que aquellos que más hablan de leyes sean los primeros en burlarse de ellas con tal de llenarse los bolsillos. Porque, sí, cuando Milei escupe sobre el nombre de Sánchez lo hace sobre el de España y sus ciudadanos, como lo hizo Hugo Chávez cuando insultó a Aznar y le cortó de raíz José Luis Rodríguez Zapatero entendiendo el respeto que merece ante cualquier mandatario extranjero alguien que había sido elegido democráticamente presidente del Gobierno de España. Y, sí, cuando González Amador no cumple con sus obligaciones fiscales también está insultando a todos los españoles que se dejan la piel en el tajo por un mísero sueldo y pagan religiosamente sus impuestos.

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