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El (sin)sentido de Estado de la derecha

Alberto Núñez Feijóo atiende a los medios este pasado jueves.
8 de marzo de 2026 22:36 h

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Anda gran parte de la derecha española enfrascada estos días en un ejercicio bastante soez de autodenigración: España debe servir pleitesía a EEUU y al autoproclamado Nobel de la Paz porque, al parecer, quiénes somos nosotros para no hacerlo. Practican una forma muy creativa de patriotismo, casi como una adivinanza, patriotismo muy vehemente hacia adentro, pero modestito y sometido al matón hacia afuera; orgulloso hacia dentro, sumiso hacia afuera. 

En este sentido, Alberto Núñez Feijóo nos dejó una nueva línea maestra (que produce con admirable regularidad): “Antes del derecho internacional están los derechos humanos y en Irán no se protegen”, dijo. Aquí viene la primera obviedad de esta columna: El derecho internacional moderno nace precisamente para proteger los derechos humanos y los peores excesos del vandalismo imperialista, y por eso precisamente impide que la guerra se convierta en una herramienta política activable cada vez que un señor con poder lo considere oportuno por motivos de seguridad, influencia o intereses estratégicos. 

Fijémonos en el flotador moral de la situación de las mujeres iraníes. La idea que defiende la derecha sería algo así como que si de verdad nos importan las mujeres deberíamos aceptar o incluso celebrar la intervención militar porque patatas. Este razonamiento parte de una premisa que la invalida ya desde su propio planteamiento, la de que a Estados Unidos o a Israel les importan realmente los derechos de las mujeres iraníes. No es solo que la historia invite a dudarlo (lo hace), es que ellos mismos lo aclaran. El propio Trump —que rara vez deja espacio para las ambigüedades morales, eso hay que agradecérselo— explicó hace unos días que el líder aceptable para Washington en Irán sería uno que “trate bien a Estados Unidos e Israel”. Eso dijo en una entrevista en la CNN. El sistema de gobierno que surja después, o los derechos que tengan las ciudadanas iraníes, es algo secundario.

Si esto no fuera suficiente vayámonos a la historia reciente, a Kabul por ejemplo, a donde nos quiere mandar Ayuso solas y borrachas. La guerra en Afganistán marcó la primera vez que los problemas de las mujeres ocuparon un lugar central en la retórica que justificaba la intervención militar estadounidense. Durante años se presentó la invasión como una forma de liberación necesaria. La situación actual de las mujeres es bien conocida. Organizaciones como Amnistía Internacional denuncian que los talibanes han diezmado por completo los derechos de las mujeres y las niñas en Afganistán. Han violado sus derechos a la educación, al trabajo y a la libre circulación; han desmantelado el sistema de apoyo para quienes huían de la violencia doméstica; han detenido arbitrariamente a mujeres y niñas por infringir normas discriminatorias; y han contribuido al aumento de los matrimonios infantiles, precoces y forzados.

Otra obviedad: El hecho de que el ‘No a la guerra’ de Sánchez le favorezca electoralmente no es un argumento para criticar el ‘No a la guerra’. Sí, es perfectamente posible que el ‘No a la guerra’ tenga una dimensión electoral, que en este caso coincide con la dimensión moral y obviamente también con la dimensión del derecho internacional. Resulta bastante llamativo observar a algunos analistas llevándose las manos a la cabeza ante la posibilidad de que detrás la posición política de Sánchez también exista la motivación de ganar votos, como si esta no fuera una de las principales motivaciones de cualquier político. Pero que me corrija algún lector si me equivoco, por favor, que tal vez Feijóo tiene como motivación política ganar experiencia y puntos Iberia.

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