El amigo americano
Nuestra entrañable historia con el amigo americano podemos retrotraerla al “Tratado de Adams-Onís” mediante el cual España vendió Florida a Estados Unidos por 5 millones de dólares. Dinero que por cierto no llegaría a cobrar. La enajenación de territorio nacional contravenía la integridad territorial establecida en el artículo 10 de la Constitución de 1812. El tratado original, se conforma de dieciséis artículos, destacando por su importancia en esa encomiable amistad el primero, al disponer: “que haya una paz sólida e inviolable, y una amistad sincera entre Su Majestad Católica, sus sucesores y súbditos, y los Estados Unidos, sus ciudadanos, sin excepción de personas ni lugares”. Lo de súbditos es algo que llevamos muy arraigado. En febrero de 1898 una explosión destruyó la proa del acorazado americano USS Maine, fondeado en la bahía de La Habana, pereciendo alrededor de 260 tripulantes. EEUU culpó a España del hundimiento, manteniendo que la causa fue una mina o torpedo dirigido por los españoles. Informes posteriores de ambas marinas especificaron claramente que la explosión había sido un accidente interno, causada por la combustión instantánea del carbón bituminoso cercano a la munición. En el mes de abril de ese año, Estados Unidos declaró la guerra a España, con la consiguiente derrota española y la pérdida de las últimas colonias, además de Cuba, Filipinas, Puerto Rico y Guam.
En la segunda mitad del siglo XX tras el aislamiento inicial de la dictadura franquista, el apoyo del amigo americano se cristalizó con los acuerdos de Madrid de 1953 que incluyeron ayuda económica y bases militares, a cambio de apoyo anticomunista. Luego vendrían las visitas de Eisenhower (1959) y Gerald Ford (1975), paseando en coche descapotable con el dictador por las calles de Madrid, un importante respaldo. En 1966 se produce el accidente de Palomares, en el que dos aviones americanos colisionaron en una maniobra de abastecimiento de combustible, ocasionando la caída de cuatro bombas nucleares, con una tremenda contaminación radiactiva. Gran parte de la población de Palomares presentaba trazas de plutonio radiactivo en su organismo. Las imágenes de Fraga dándose un baño en las aguas almerienses quedan en el triste recuerdo gris del NODO.
En 1973 se produce el asesinato del almirante Carrero Blanco, presidente del gobierno, a escasos metros de la embajada americana, que en la víspera había mantenido una entrevista con Henry Kissinger, la negativa al uso de las bases españolas por los aviones americanos para la guerra del Yom Kipur en auxilio de Israel, había sido interpretado como un signo de enemistad. Igual que sucede estos días. El propio Adolfo Suárez dijo que se iba sin saber si ETA cobró en dólares o en rublos. Fue muy llamativo que el sucesor de Carrero Blanco fuese el ministro de la Gobernación, Arias Navarro, el responsable de velar por su seguridad, así como las carcajadas estruendosas de este con la mujer del dictador al recibirlo en palacio. Con Franco agonizando, llegaría la Marcha Verde. Argelia y Libia, simpatizantes del Frente Polisario, eran aliados de la Unión Soviética.
Los EEUU no deseaban que el bloque socialista tuviera una salida al Océano Atlántico, no les importaba la injusticia contra aquel pequeño pueblo, cuyo derecho a la autodeterminación demandaba la ONU en la resolución 1415 del año 1960. Los saharauis tenían nacionalidad española, era la provincia número 53 de España. Durante el mandato de Carter, EE.UU convenció a España para que transfiriera la administración del territorio a Marruecos para evitar que Naciones Unidas condenara la invasión marroquí. Es difícil negarle un deseo a un amigo, de ello se encargó el entonces príncipe Juan Carlos. En agosto de 1975, Kissinger como buen amigo nuestro, cerró la entrega del Sáhara Occidental a Marruecos dando el OK a lo que dos meses después lanzaría Hassan II con el nombre de la Marcha Verde. Al que el rey emérito llamaba hermano. De color blanco sería el fósforo con el que llegó a bombardearlos. En 1981 llegaría el 23 F. No fue clara la actitud del embajador Terence Todman, así como el grado de conocimiento que tenía la CIA del golpe, Y ahora nuestros amigos nos denominan perdedores, amenazan con abandonar las bases de Morón y Rota, expulsarnos de la OTAN, romper relaciones comerciales y que tengamos mucho ojo con Ceuta y Melilla. El tiempo te enseña a convivir con unos y a disfrutar de la vida sin otros.
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