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Educación e ignorancia supina

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Las manifestaciones de la presidenta de la Comunidad de Madrid, la señora Díaz Ayuso, se sitúan en la ignorancia que procede de la negligencia en aprender o inquirir lo que puede y debe saberse, en definición de la Real Academia Española para la ignorancia supina. Y ello es lo que quisiera mostrar con los datos de la argumentación escolar.

En este mes de junio del año 2022 la señora presidenta de la Comunidad de Madrid dijo que iba a enviar a sus inspectores para revisar y censurar los libros de texto que le parecieran inapropiados. Seguramente alguien le ha dicho que en España existió el llamado Instituto de España que, desde 1938, tenía encomendada la misión de editar los libros de texto de Educación Primaria que se imponían con carácter obligatorio. Así todo era apropiado.

Pero seguramente la señora Ayuso, tan reina de la libertad, añora la censura que existía en España en los años del franquismo y que indicaba, en su articulado, la necesidad de autorización previa de los libros de texto, que se confirmaba después en los Decretos de 22 de septiembre de 1955 y en el de 21 de marzo de 1958, que afectaba a Primaria y Enseñanza Media. Pero todo esto es el pasado ominoso de la Dictadura, quizá añorada por la reina de las libertades.

Lo cierto es que, con la democracia, la censura previa va a desaparecer. Las normativas legales de un Estado de derecho deciden acabar con el trámite administrativo del “Nihil obstat”. Primero un Real Decreto de 15 de abril de 1992, que establece que no es preciso revisar cada libro, sino el proyecto curricular en su conjunto. Y posteriormente Real Decreto 1744/1998, de 31 de julio, que reservaba la actuación punitiva a “cuando se detecten en algún libro de texto o material curricular contenidos presuntamente constitutivos de delito”. Un Real Decreto, por cierto, firmado por Esperanza Aguirre, entonces ministra de Educación.

La segunda argumentación tiene que ver con el concepto adoctrinar. Adoctrinar se refiere a la acción de inculcar a otras personas un determinado tipo de ideas, o bien creencias. Los y las profesoras siempre queremos educar, o sea conducir o doctrinar, según la RAE, a los y las alumnas que comparten con nosotros un aula escolar. Sin embargo, la sensación de fracaso es evidente, si visitamos los centros escolares del sistema escolar. Aquí abundan las quejas del profesorado por la falta de interés, comportamientos inadecuados o las mismas dificultades de buscar un aprendizaje individual en una clase diversa.

Todo ello nos conduce a que en las aulas del siglo XXI es muy difícil doctrinar a las personas que forman parte de ese conjunto diverso que se llama alumnado. La negligencia de la señora Ayuso nace de la falta de conocimiento de cómo se comportan las personas en un medio escolar, en las expectativas y deseos que se configuran en las mentes de niños, adolescentes y jóvenes.

Seguramente su inconsciente, su hábito, su sentido práctico de hacer lo que yo digo, le haya llevado a una forma de pensar errónea. Supone pensar que una persona en un aula está esperando llenar su cabeza, sus emociones y sentimientos con lo que se le dice por parte de los adultos. Una actitud paternalista lejos del reino de las libertades.

Como decíamos en las primeras líneas. La ignorancia supina procede de la negligencia en aprender. Cuando una persona no quiere aprender es imposible enseñar. Y me temo que la señora Ayuso es ese tipo de persona que no quiere “ser enseñada”.

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