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“No está mal para ser una mujer”

El deporte, ese escenario propicio para relatos con tintes heroicos y con profundo calado en la sociedad, sigue dándonos nuevos capítulos para ganar medallas en favor de la igualdad. Hoy dedicamos una nueva etapa al ciclismo, que bien vale más que el sueño de una tarde de verano.

Integrantes de la comunidad de Gipuzkoa y Navarra Bizikume - Mujeres en Bici. Foto cedida por ellas.

Integrantes de la comunidad de Gipuzkoa y Navarra Bizikume - Mujeres en Bici. Foto cedida por ellas.

Vengo del triatlón, deporte que nació como teóricamente igualitario desde su concepción hasta el reconocimiento a deportistas, Federación Internacional de Triatlón mediante. Ya sabrán por anteriores capítulos como el machismo en el atletismo (a través de iniciativas como la Carrera de la Mujer) o la desigualdad en los premios por sexo en otras disciplinas que esto de la mujer en el deporte no suele acabar bien. Lamento el spoiler.

Desde luego, mi reino no es de ese mundo de alta competición, pero incluso en este páramo de kudos de Strava y alguna que otra prueba popular, una se encuentra con otros muros más complicados de subir que los de los puertos de montaña. Mi incursión en el ciclismo comenzó prácticamente en el nivel triciclo, así que necesité equiparme.

No voy a rajar más de lo ya destripado online y offline, pero resulta asombroso desde la óptica feminista -e incluso desde la capitalista- que en las tiendas especializadas apenas exista equipación para mujeres. “Tienes esas cuatro cosas de ahí”, me comentaron en una conocida franquicia española. Entre esas cuatro cosas, cuando arranqué a pedalear en pleno invierno gallego, tuve que elegir un culote térmico pirata que me dejaba un tercio de pierna al aire gélido de las bajadas a toda velocidad. “Es lo que más se vende para chicas, no creo que encuentres nada que te cubra toda la pierna”, comentaba el ávido y despierto vendedor. Se quejarán de que el negocio digital se lo lleve todo. Se lleva hasta la dignidad.

Con mi pierna al aire y mis calcetines subidos cual sota de bastos me lancé con mi bicicleta de talla S de hombre. Porque sí, la geometría de la bicicleta es diferente para el físico de una mujer. En el mercado actualmente solo existe una marca que fabrique bicicletas femeninas (ojo, con amplia presencia de diseños en rosa, no se vayan a creer que puede existir otra gama cromática) y otra que dentro de su infinita gama masculina abrió veda a vender un par de opciones para las ciclistas.

Superadas estas pequeñas adversidades -porque chica, somos unas exageradas queriendo ir tapadas en invierno y pudiendo elegir entre distintos modelos de bicicletas según cuestiones relevantes como peso y acabados-, te lanzas a echarle kilómetros al asunto. Ilusa de mí, pensé que resultaría sencillo encontrar grupetas de ciclistas cerca de mi zona. Suerte que existe Strava, esa app para deportistas, y un grupo de mujeres que desde diversos puntos de Galicia nos juntamos para hacer salidas empoderantes, sin importar el nivel y sin dejar a nadie atrás, porque el ciclismo aficionado es un deporte de pelotón al que se suman esfuerzos y superaciones personales.

En nuestras salidas, el habitual saludo entre ciclistas se torna en un intercambio de expresiones malsonantes, exclamaciones u onomatopeyas en el mejor de los casos. Alguna de estas ciclistas nos ha comentado casos de acoso -ni rodando a más de 30km/h te quitas el machismo de encima- de otros deportistas dejando sus babas en el manillar. Hasta en rutas cicloturistas también hay que escuchar comentarios paternalistas no solicitados, del estilo “ten cuidado, que este puerto es duro incluso para mí”, y en su vertiente más positiva: “no está mal para ser una mujer” -instantes previos de un ataque que terminó en victoria de esta ciclista en una prueba de resistencia de 200 kilómetros-.

Pero oye, igual sigo exagerando… Si total, hay muchos hechos que ponen a la mujer en el lugar que se merece en el ciclismo: en 2017 se eliminaron las azafatas besuconas de algunas entregas de premios masculinos, desde hace solo cuatro años se celebra un amago de Tour femenino por iniciativa de la laureada profesional Marianne Vos... Y mientras, la Unión Ciclista Internacional, por su parte, debe refrendar aquello de que no está mal para ser una mujer, ¿no? ¿A qué queríamos aspirar si no?

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