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Delincuentes 'virales' que no existen y otros bulos

Javier Urra, psicólogo y ex Defensor del menor de la Comunidad de Madrid.

EFE

Madrid —

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Hace pocos días la fotografía de un hombre circuló por los grupos de wasap de padres etiquetado como depredador sexual, pero simplemente era un vecino del barrio madrileño de Las Tablas que vio a un niño solo y le preguntó si podía ayudarle: otra falsa alarma en una sociedad cada vez más desconfiada en la que han llegado a cobrar popularidad viral delincuentes que no existen.

Mucho tienen que ver en ello, según subrayan a Efe varios expertos consultados, las redes sociales y las nuevas tecnologías, desde las que se propagan mensajes que, como en el caso citado, pueden atentar contra la dignidad y el buen nombre de una persona.

El wasap es uno de los medios por los que se extienden este tipo de mensajes, que en 2018 crecieron de forman considerable. Por el contrario, el año pasado, según fuentes policiales, experimentaron un notable descenso.

Bandas que roban con geles para limpiar las manos, pagos a números de teléfonos extraños y, sobre todo, secuestros a las puertas de colegios o la presencia en sus cercanías de pederastas, son algunas de las alarmas que circulan y que al final resultan falsas. Pero antes han movilizado a las fuerzas de seguridad y expandido el miedo.

Incluso se ha llegado a poner nombre y apodo a delincuentes inexistentes. Pasó el año pasado en Granada, atemorizada por la presencia de José Antonio Jiménez, alias "Bulldog", un violador rehabilitado que se había mudado a la ciudad.

La Policía Local comprobó que el famoso delincuente no existía y que ese mensaje se iba difundiendo desde 2013 por diversas ciudades españolas.

"NO PODEMOS HACER DAÑO A UNA PERSONA DECENTE"

Sí existía el vecino del barrio madrileño de Las Tablas al que los padres señalaron como un posible "depredador" que rondaba por uno de los colegios. Por los grupos de wasap de los padres circuló su foto acompañada de todo tipo de descalificaciones.

Muchos se unieron al "apaleamiento virtual". La Policía Nacional, incluso, había preparado un dispositivo para preservar la integridad del individuo ante las amenazas que se propagaban por los chat.

Los agentes lograron tranquilizar a los padres. "El señor lo hizo con la mejor intención al pensar que el niño estaba solo... La Policía ha hecho un trabajo rápido y excelente y no podemos hacer daño a la imagen de una persona decente que además trabaja en el barrio", difundió posteriormente la madre para pedir disculpas al hombre.

Cada día la Policía Nacional recibe en sus distintos perfiles en redes sociales -solo en Twitter tiene 3,3 millones de seguidores- casi mil consultas de ciudadanos, muchas de ellas relacionadas con este tipo de alarmas.

Su función evitar que las mentiras se propaguen y generen "miedo" en la sociedad, como explica a Efe Víctor Fernández, experto de la Policía Nacional en redes sociales.

Por ello, la Policía actúa en las redes como un "generador de confianza" y lucha contra las "mutaciones de los bulos". "Son como los virus, se refinan, se afilan y se renuevan contra las vacunas que les ponemos", explica este agente.

El objetivo de los mensajes falsos es crear un "sentimiento de inseguridad" que se viraliza con gran rapidez para "desequilibrar a la sociedad", añade el experto.

"Es una cuestión de porcentajes. Si un mensaje es enviado a diez millones de personas -continúa-, pero capta al 0,01 por ciento, ya han logrado su propósito".

¿HACIA UNA SOCIEDAD DE LA DESCONFIANZA?

Todas estas noticias falsas han creado una "sociedad de la desconfianza" que pone en riesgo, "sin pensarlo dos veces", la dignidad de las personas, afirma a Efe Javier Urra, psicólogo y ex Defensor del menor de la Comunidad de Madrid.

Por eso, antes de culpar a alguien o interponer una denuncia hay que pensárselo con serenidad, porque puede generar un "daño terrible difícilmente reparable". "Sobre todo, es peligroso que la gente piense: 'cuando el rio suena agua lleva'", advierte Urra.

Hay que proteger a la infancia, es algo fundamental, añade este experto, pero no se puede llegar a una "sociedad paranoica" que culpe a un hombre solo por hablar con un menor en la calle. "No tiene por qué ser un pederasta; simplemente puede preguntarle algo tan nimio como dónde está una calle", enfatiza.

Acusar sin pruebas significa enfrentar a esa persona a un "juicio social" por culpa del "exceso de celo".

En España hay 45.000 personas que no pueden trabajar con niños al tener sentencia firme por abusos sexuales. Una cifra "pequeña" si se compara con los 47 millones de personas que viven en nuestro país, recuerda Urra.

Ver niños jugando por las calles es una muestra de seguridad contra esta "sociedad del miedo". "Los que tienen que estar en su casa encerrados son los pederastas y los abusadores, no los menores", concluye.

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Publicado el
1 de marzo de 2020 - 10:43 h

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