El Gobierno se prepara para una guerra de desgaste con un PP obligado a repensar su estrategia de oposición

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, en el Congreso.

No ha habido prácticamente tregua: ni en la pandemia, ni en la crisis económica que deja el coronavirus ni, por supuesto, en el conflicto territorial. La relación entre Pedro Sánchez y Pablo Casado ha sido prácticamente nula en los tres años que el socialista lleva en Moncloa, excepciones puntuales como las primeras prórrogas del estado de alarma durante el confinamiento más severo de 2020 o los intentos fallidos para renovar el Consejo General del Poder Judicial (CGPJ), que opera con su mandato caducado desde hace más de dos años. El Gobierno asume que el PP, con una dura competencia por la derecha radical, no va a cambiar de actitud y se prepara para una guerra de desgaste en los próximos dos años.

Casado escenifica un PP "más transversal" con mesas específicas sobre "feminismo" o "identidades" en su Convención Nacional

Casado escenifica un PP "más transversal" con mesas específicas sobre "feminismo" o "identidades" en su Convención Nacional

A pesar del temor en las filas socialistas al crecimiento del PP que dibujan las encuestas gracias al hundimiento de Ciudadanos, en Moncloa sostienen que queda mucho camino por delante. Confían en que la salida de la pandemia y la recuperación económica, gracias a los miles de millones que llegarán de la UE, devolverán la distancia al PSOE sobre el principal partido de la oposición. La imposibilidad de que un Pablo Casado escorado a las posiciones más extremas de la mano de Vox llegue a acuerdos parlamentarios con otras fuerzas en el Congreso también alivia a los de Pedro Sánchez. 

"Hay una legislatura por delante", expresan fuentes gubernamentales sobre la dimisión de Sánchez que reclamó Casado este miércoles en la primera sesión de control al Gobierno tras los indultos. La primera batalla será judicial ante los recursos que la derecha ya ha comenzado a presentar contra las medidas de gracia, que el PP califica de ilegales e inconstitucionales. "No es de recibo que la derecha mienta a los españoles con cosas que son jurídicas. Es insoportable para la cordura mental", lamenta un destacado miembro del Gabinete de Sánchez.

La dirección de Casado tiene previsto estirar todo lo posible su campaña contra los indultos, aunque ya está agotada porque ninguna de sus acciones ha logrado el efecto que buscaba Génova 13, que era impedir que el Gobierno los aprobara, que se evidenciaran tensiones internas en el PSOE –en todos los parlamentos regionales en los que se han votado iniciativas del PP al respecto, los socialistas las han rechazado sin fisuras– y que hubiera masivas movilizaciones callejeras en contra. Finalmente solo tuvo lugar una protesta, la de la Plaza de Colón del pasado día 13, que tuvo una asistencia menor a la esperada y que estuvo hegemonizada por la extrema derecha. 

Recogidas de firmas y recursos

La recogida de firmas impulsada por el líder del PP pinchó ya desde la primera semana. Según Génova 13 lograrán 500.000 rúbricas al final de esta semana, al cumplirse casi un mes del inicio de la campaña. En 2006 consiguió 800.000 contra el Estatut en solo una semana y son también 800.000 los militantes que dice tener el PP, por lo que ni siquiera todos los afiliados han estampado su rúbrica contra esos perdones.

Pese a ello, el partido quiere mantener las mesas de recogida de firmas "en toda España". "Se implicará la dirección nacional y altos cargos de la formación para pedir la dimisión de Sánchez al sustentarse en una mentira", explican en Génova 13, después de que el miércoles el líder del PP, Pablo Casado, introdujera durante la sesión de control al Ejecutivo en el Congreso esa nueva variante en su estrategia contra los indultos: la de pedir al presidente del Gobierno que dimita y convoque elecciones para que el apoyo a los indultos se mida en las urnas. La dirección popular es en cambio consciente de que Moncloa no contempla ningún adelanto electoral y que prevé agotar la legislatura, cuya culminación está prevista para el final de 2023. 

Además de la recogida de firmas, el PP tiene aún la esperanza de que prosperen sus recursos contra los indultos en los tribunales aunque, según la jurisprudencia del Tribunal Supremo, los recursos tendrían muchas dificultades para prosperar. De momento, Vox y Ciudadanos llevan la delantera en esa estrategia judicial, porque presentaron el jueves sus respectivos recursos contra los perdones, mientras los populares siguen tratando de encontrar los argumentos que legitimen esa actuación ante la justicia. 

Lo que quiere la dirección del PP es demostrar como sea que es víctima de esos indultos, porque, a diferencia de las causas penales, la jurisdicción contencioso-administrativa, ante la que se pueden recurrir los actos del Gobierno como el perdón a los presos del procés, es muy restrictiva a la hora de permitir la personación de los partidos políticos. Lo más habitual es que el indulto lo recurra la víctima del delito o sus familiares.

Casado insiste en que él es un afectado directo de los perdones porque uno de los CDR investigados en la Audiencia Nacional buscó su nombre en internet. Y su número dos, Teodoro García Egea, sostiene por su parte que fue el PP quien "llevó a los independentistas ante el Supremo" desde el Gobierno de Mariano Rajoy, por lo que trata de equiparar al partido con el Ejecutivo. "La Fiscalía General del Estado fue la que actuó contra los independentistas y gracias a esa actuación del Gobierno estos señores fueron a la cárcel. Por tanto, el PP sí era parte del proceso a través del Gobierno de Mariano Rajoy y de las medidas que se tomaron en su momento como el 155", apuntó este jueves. 

Fuentes de la dirección nacional del PP consultadas por elDiario.es no se atreven a poner una fecha a la presentación de dichos recursos. "Lo primero es presentar la legitimación", explican, algo que no sucederá al menos hasta la semana que viene. Este viernes Casado mantuvo una reunión con el equipo jurídico del partido en busca de esos argumentos, que por el momento no se han hecho públicos. Y el encuentro no sirvió para determinar cuándo acudirán los populares a los tribunales.

El Gobierno cuestiona la estrategia del PP

En el Ejecutivo sostienen que, con esa estrategia, lo que queda de mandato se le va a hacer muy largo al PP. "¿Van a estar dos años diciendo que si los indultos y que este Gobierno es una calamidad?", se pregunta un miembro del Gabinete, que considera que el tema no se va a poder alargar hasta que se celebren las elecciones: "A la gente le parece más interesante la bajada del IVA de la luz que los indultos, porque afecta a su vida cotidiana".  

A pesar de tener las encuestas a favor, dirigentes populares asumen que Casado deberá repensar su estrategia de oposición para los próximos dos años, más allá de la ofensiva por los indultos. De momento, Génova 13 considera como fechas claves los días 2 y 3 de octubre, en los que culminará en Valencia la Convención Nacional en la que pretenden renovar su mensaje político para culminar la absorción de los restos de Ciudadanos, tal y como ocurrió en las elecciones madrileñas del 4 de mayo, tratar de acercar también a los votantes fugados a Vox y atraer además a socialistas "descontentos" con la gestión de Pedro Sánchez. 

El cónclave, en cuya preparación ya está trabajando la fontanería de Génova 13, pretende ser un punto de inflexión en su trayectoria de tres años al frente del PP, marcada por las sucesivas derrotas electorales y las discrepancias internas sobre la relación que debía mantener el partido con la extrema derecha. El plan es ensanchar su base electoral con un mensaje político "más transversal", según explican dirigentes con altas responsabilidades en el partido. Por ejemplo, los populares tienen previsto incluso celebrar una mesa específica sobre feminismo y otras sobre "identidades", "sostenibilidad" y "digitalización".

La idea es "renovar" algunos planteamientos programáticos de la formación conservadora para adaptarse "al siglo XXI", consolidando la "regeneración" que trató de representar Casado cuando ganó las primarias de 2018 y tras tres lustros de mandatos de Mariano Rajoy durante los que apenas se modificaron las propuestas del partido, según esas mismas fuentes. Para lograrlo, Casado deberá pelear con el calendario judicial y con escándalos de corrupción que cercan a quien fue su mentora política, María Dolores de Cospedal, imputada junto a su marido, Ignacio López del Hierro, y su jefe de gabinete en el Ministerio de Defensa, José Luis Ortiz, en el caso Kitchen, que investiga el espionaje parapolicial organizado desde Interior para tener controlado a Bárcenas e intentar librar al PP y sus principales cargos de las responsabilidades por la trama Gürtel y la caja B del partido.

La encrucijada de Vox

En Moncloa, más allá del impulso que fían a la agenda social que el Gobierno quiere acelerar lo máximo posible antes del parón estival, en buena medida también para abandonar el debate sobre los indultos, están satisfechos con la reacción que ha habido ante la decisión, que ha sido apoyada por empresarios, sindicatos, periódicos internacionales e incluso por la Conferencia Episcopal. "La impresión que tenemos es que cada día se entiende más, ahora más que hace 15 días y que hace un mes", señalan en Moncloa sobre la estrategia pedagógica que lanzó Sánchez unos días antes de que el Tribunal Supremo se pronunciara sobre la medida de gracia. 

En lo que se la juega ahora el Ejecutivo es en los frutos que dé la nueva etapa de diálogo que se abre con la Generalitat y ya anticipa que no será fácil, aunque sostiene que es el único camino. "El Gobierno da un paso adelante, pero no está garantizado el éxito de que el conflicto catalán pueda llevarse a buen puerto en un periodo breve de tiempo", reconoció la portavoz, María Jesús Montero, en la rueda de prensa posterior al Consejo de Ministros que concedió el indulto a los nueve líderes independentistas condenados. 

El Gobierno cree que Casado está en una encrucijada complicada especialmente por la competencia por el mismo electorado con Vox. "Si dejaran de hacer política con las tripas y volvieran a las neuronas, saldrían de Colón y del discurso de la ultraderecha española, del que no salen porque están en bucle", le dijo la vicepresidenta primera, Carmen Calvo, al PP el miércoles durante la sesión de control. Pero los socialistas también consideran que Casado tiene "un problemón de liderazgo" que explica por qué quiere que se adelanten los comicios lo máximo posible. "Cada vez que sale con Ayuso siente que le mueven la silla, cada vez que pasa tiempo más dificultades tiene para seguir en la presidencia del PP", argumentan desde el Ejecutivo. 

Pese a su plan de hacer un partido más "transversal", no está previsto que Casado rompa de verdad con Vox tal y como anunció durante la fallida moción de censura de Santiago Abascal del pasado otoño. La estrategia de no agresión a la formación con la que compite por el mismo electorado –y a la que debe los gobiernos de la Comunidad y el Ayuntamiento de Madrid, además de Andalucía, entre otros– es la que sigue desde hace meses el líder del PP y es la que tiene previsto mantener pese a la renovación de la convención de octubre con la que pretende girar al centro.

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