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Una relación “cordial” en lo personal e imposible en la política: Sánchez y Casado vuelven a reunirse en La Moncloa

Sánchez y Casado se reúnen este lunes a las 12.00 horas, en el Palacio de la Moncloa.

Iñigo Aduriz / Irene Castro

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El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, recibe este lunes a las 12.00 horas en el Palacio de la Moncloa al líder del Partido Popular, Pablo Casado, en la que será la primera reunión de los dos dirigentes desde que el pasado mes se constituyera el Ejecutivo de coalición de PSOE y Unidas Podemos. La cita llega en medio de un clima político completamente crispado por la estrategia de acoso y derribo puesta en marcha por el principal partido de la oposición, escenificada desde el primer minuto de la legislatura, que llevará a los populares a atacar al nuevo Gabinete desde la tribuna del Congreso con insultos y acusaciones –así ha sucedido en los dos primeros plenos–, y llevando a los tribunales cualquier medida que no sea de su agrado, calcando la línea que mantiene la extrema derecha de Vox.

Son de generaciones diferentes, pero se conocen desde hace años, cuando los dos iniciaron sus respectivas carreras en la política madrileña. Sánchez (Madrid, 1972), como concejal del PSOE en el Ayuntamiento de la capital. Y Casado (Palencia, 1981), como presidente de Nuevas Generaciones del PP en la Comunidad de Madrid. Siempre han mantenido una relación personal “cordial” y hasta “buena”, como insiste una y otra vez el hoy líder de los populares.

Incluso cuando Sánchez llegó a la Presidencia del Gobierno en 2018 tras una moción de censura contra Mariano Rajoy y –después de que este último renunciara– Casado ganó las primarias del PP, sus conversaciones siempre fueron cordiales.

En el ámbito político, en cambio, las relaciones entre ambos políticos han sido pésimas y casi inexistentes. Desde que uno es presidente y el otro líder de la oposición, se han reunido solo cinco veces. La última fue en diciembre, después de que Sánchez hiciera público su acuerdo de Gobierno con Unidas Podemos y el líder del PP se enterara del mismo “por la prensa”, en medio de una reunión de la Junta Directiva, máximo órgano entre congresos del partido, algo que molestó sobremanera en Génova 13, donde esperaban poder tener un mínimo margen de negociación con el PSOE para los próximos cuatro años. En ese encuentro de hace dos meses se escenificó la ruptura total entre ambos.

Peticiones de dimisión y acuerdos imposibles

Casado llegó a pedir la dimisión del candidato socialista la noche del 10N, tras ganar por segunda vez las elecciones. Y durante sus respectivos mandatos se han roto algunos de los tradicionales consensos de Estado de los dos grandes partidos –como la política antiterrorista o la renovación de los grandes órganos del Estado–, que se enfrentan a un escenario político más fragmentado que nunca tras la restauración de la democracia. Sánchez llegó a romper relaciones con el líder del PP cuando hace justo un año Casado le acusó de ser “responsable del golpe de Estado en Catalunya”.

El secretario general del PSOE ha tenido que mantener a flote una formación socialdemócrata mientras crecía a su izquierda un nuevo partido, Unidas Podemos, con el que ahora se ha visto forzado a tejer una relación de confianza en el recién estrenado Gobierno de coalición, el primero tras la caída del franquismo. El líder del PP, por su parte, mantiene una constante pugna con las otras dos derechas, Vox y Ciudadanos, que han mermado la tradicional hegemonía de su partido en el espectro ideológico conservador, provocando su hundimiento en las urnas, y a las que ha tenido que tender puentes para mantener su poder territorial.

En ese escenario polarizado, los acuerdos entre Sánchez y Casado han resultado imposibles, al menos a tenor de lo sucedido en los últimos meses. En año y medio, los dos dirigentes solo alcanzaron un gran pacto, en noviembre de 2018, para la reforma del Consejo General del Poder Judicial (CGPJ). Sin embargo, el acuerdo saltó por los aires en cuestión de días y la ínfima confianza que pudo existir en algún momento entre ellos acabó hecha trizas.

A finales de ese año, Casado dio la orden a sus compañeros de filas de interrumpir cualquier tipo de diálogo con el PSOE para las reformas constitucionales y la renovación de los principales órganos del Estado, después de que se rompiera el citado acuerdo alcanzado in extremis en noviembre, al borde del plazo. En realidad, la culpa de la ruptura la tuvo un mensaje de WhatsApp que el entonces portavoz de los populares en el Senado, Ignacio Cosidó, envió a todos los senadores a través de un chat de grupo.

Romper el hielo

En el mensaje, Cosidó presumía del acuerdo alcanzado con el PSOE para renovar el CGPJ –que daba 11 puestos a magistrados progresistas y otros nueve a conservadores– al nombrar al juez conservador Manuel Marchena presidente del mismo. Tras conocerse ese mensaje, Marchena renunció al cargo que se le iba a ofrecer y, tras constatar que la presidencia del CGPJ podía no estar garantizada para el bando conservador, el PP decidió romper el acuerdo.

Casado compareció ante su grupo en el Congreso e improvisó una reforma de la Ley del Poder Judicial comprometiéndose “a volver al sistema de elección judicial que consagra la Constitución Española”, es decir, que sean los propios jueces los que propongan una lista de 12 candidatos que deberían ser refrendados luego por el Congreso y el Senado. El PP no se ha movido desde entonces de esa posición que, de hecho, se ha agravado tras la designación de la exministra Dolores Delgado como fiscal general, considerada por los populares como un “ataque” a la independencia del poder judicial.

En este contexto, ninguna de las dos partes espera grandes resultados del encuentro de este lunes en Moncloa. Sánchez busca romper el hielo con el líder de la oposición y normalizar una relación que permita a los dos grandes partidos abordar los citados asuntos de Estado que requieren de mayorías reforzadas en el Congreso. Los socialistas creen que Casado no se puede permitir seguir en el 'no' perpetuo arrastrado por Vox, al que Sánchez ha dado órdenes de arrinconar tanto desde el Gobierno como en el Congreso de los Diputados. “Para el Gobierno, el diálogo con la oposición es muy importante”, expresan en Moncloa sobre la cita con Casado.

La dirección del PP, muy molesta con la “actitud” de Sánchez desde el 10N por no haber establecido una relación de confianza con el principal partido de la oposición, celebraba el jueves que desde la Presidencia del Gobierno les llamaran para mantener una reunión sobre la legislatura: “Dos meses después, Moncloa se ha puesto en contacto con nosotros”.

Financiación autonómica, Pacto de Toledo y Catalunya

Pero Génova 13 enmarca la reunión del próximo lunes solo “dentro del respeto institucional” y asegura que responde “a la actitud que siempre ha trasladado Pablo Casado cuando ha sido llamado a este tipo de encuentros”. El líder del PP acude a La Moncloa con la intención de que el Gobierno “vuelva a las posiciones de moderación y centralidad de las que se ha alejado tras su pacto con Podemos, ERC y Bildu”, apuntan fuentes de la dirección nacional.

Aunque el tono del PP es de rechazo total al Gobierno de Sánchez, en Moncloa sostienen que “la reunión en sí ya constituye un paso importante y tiene un punto exitoso” por el simple hecho de producirse. El presidente no tiene una agenda concreta para abordar con el líder de la oposición, pero la idea es buscar puntos de encuentro en asuntos como la financiación autonómica –sobre la que los socialistas confían en que los presidentes regionales del PP empujen–, el Pacto de Toledo o la política exterior.

Otro de los asuntos en los que el Gobierno reclama lealtad de Estado al PP es la crisis de Catalunya, pero los continuos ataques de los de Casado al Ejecutivo por su diálogo con las fuerzas independentistas aventuran que el acuerdo para abordar ese conflicto es también prácticamente imposible.

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