Javier Moreno (PSOE): "Hay que hacer todo lo posible para que no tengamos una generación perdida"

El jefe de la delegación del PSOE en la Eurocámara, Javier Moreno.

Javier Moreno (Ginebra, 1965) es hijo de emigrantes españoles y jefe de la delegación del PSOE en el Parlamento Europeo, donde estas semanas se están viviendo negociaciones fundamentales para la puesta en marcha de los presupuestos de la UE para 2021-2027 y el plan de recuperación de 750.000 millones de euros, de los cuales 140.000 están asignados a España (unos 72.000 en subvenciones y el resto en créditos).

¿Cómo está viendo las negociaciones que ahora se abren entre el Parlamento y el Consejo sobre el fondo de recuperación? 

Lo primero es que estamos ante una crisis como nunca. Es verdad que la Unión Europea ha vivido todo tipo de crisis desde que se fundó, tuvimos crisis institucionales, recuerdo a De Gaulle con la silla vacía, hemos tenido la crisis financiera... Pero esta es la mayor y lo bueno es que la Unión ha respondido rápidamente y bien, no como en 2008, que respondió tarde y mal y nos llevó a la austeridad, el desastre que ha causado en nuestras sociedades y la imagen de los hombres de negro. Fue un periodo muy, muy, muy desagradable.

Ahora, por ejemplo, en marzo, en el primer pleno, ya desbloqueamos un fondo para los productos sanitarios, paramos los aviones que volaban vacíos... Hemos respondido muy rápidamente. Y hemos llegado en julio al acuerdo histórico después de cinco días en el Consejo. Y es verdad que los principios y las ideas están bien pero ahora hay que entrar en lo concreto y la negociación.

El Consejo no tiene que olvidar que somos colegisladores, el Parlamento es colegislador, con lo cual no puede tratar de imponer su acuerdo y sus ideas. Tiene que darse cuenta de que tenemos que negociar. Efectivamente están los trílogos, tenemos a Eider Gardiazabal que lleva los fondos, y la portuguesa Margarita, que también está llevando las negociaciones, y esto es, como siempre, un tira y afloja y al final lo más importante es que lleguen los fondos y que se consiga un acuerdo, porque sino apaga y vámonos.

Esta es una oportunidad histórica e irrepetible, y los ciudadanos esperan que lleguen los fondos, sobre todo los más necesitados, igual que las empresas, las regiones y los países que más lo necesitan, incluido el nuestro.

En el último consejo hubo varios jefes de gobierno, incluso el nuestro que metían un poco de prisa al parlamento. ¿Notan la presión?

Este mes es el mes presupuestario. Normalmente en el mes de octubre votamos el presupuesto. Pero este año, además del presupuesto, tenemos que sacar el fondo de recuperación y establecer el marco financiero plurianual (MFF). Y no paramos de recordar al Consejo Europeo [los gobiernos] que llevamos dos años tratando de poner en marcha el MFF, y la pandemia lo acelera todo. Y para que esté en pie para el 1 de enero hay que ponerse manos a la obra y sacarlo.

¿Qué es lo que interesa más en estas conversaciones? ¿Qué temores hay?

Ahora está el asunto, en el que se ha hecho fuerte el Parlamento, del Estado de Derecho. Pero hay que matizar. Hay tres posiciones. La nuestra, que queremos que se respete en los países el Estado de Derecho, que la condicionalidad esté ahí pero que salga el fondo.

Están obviamente los que no cumplen. Y luego están algunos listos, los frugales, que quieren Estado de Derecho, pero que utilizan ese argumento para retrasar o incluso tumbar el plan.

Lo bueno que tiene el Parlamento, de momento, es que los tres grandes grupos, el PPE, Renew y nosotros, a los que se han sumado los verdes, estamos muy unidos. Y en esa unidad, incluso los diputados del Partido Popular y de Ciudadanos están con nosotros.

Y yo lo que les pido es que tengan esa coherencia de que trasladen a sus jefes que esa lealtad y esa coherencia también se refleje en Madrid, porque aquí tenemos que trabajar todos juntos para sacar esto adelante.

Hace unos meses, publicamos un artículo Esteban González Pons, Luis Garicano y yo en este sentido, que en estos momentos hay que cambiar el clima político y hay que ir a dialogar y dejar las broncas fuera porque los ciudadanos lo que quieren es que esto salga adelante porque es lo necesario.

Hay otro asunto que preocupa, las condicionalidades macro, la vinculación con el semestre europeo...

Esto es siempre un tira y afloja. Y lo más importante es que saquemos este plan. Además, España es el segundo país más beneficiado después de Italia. Con lo cual, a nosotros nos interesa que el texto salga adelante en el Parlamento, y vamos a ir a sacar lo máximo y poner las condicionalidades que son necesarias, pero a ver si al final nos cargamos el plan, eso es lo que no podemos hacer.

¿Cómo se puede cargar el plan?

Lo que más se está comentando ahora es el asunto del Estado de Derecho, con motivos muy diferentes unos de otros. Los frugales estarían encantados de que esto se retrase o que no salga. Entonces, hay que forzar y hacer todos un ejercicio de responsabilidad para que salga el plan lo antes posible. Porque si nos demoramos seis meses más o tres meses más... El dinero tiene que llegar cuanto antes a la gente que lo necesita.

Además, con el rebrote y esta segunda ola no podemos olvidar nunca que la salud y la economía van ligadas. Si no tienes salud, no puedes ir a trabajar, la economía se para. 

Este miércoles estuvo el Gobierno presentando las líneas generales de los planes de reforma. ¿Creen que Bruselas puede empujar hacia algún tipo de reforma laboral, reforma de las pensiones a cambio del dinero?

Primero hay que recordar que Pedro Sánchez fue el primero que ya en marzo comenzó a hablar de un plan Marshall y se dio cuenta de que lo que se avecinaba era algo que nunca habíamos vivido.

Y luego, desde que estamos en la Comunidad Europea, España siempre ha cumplido tanto con los fondos de cohesión como los fondos estructurales de manera transparente.

En cuanto a la reforma laboral, cada país es soberano a la hora de llevar sus políticas. Lo que sí creo es que es un plan ambicioso con los ejes que ya teníamos tanto en España como la Unión Europea.

Lo que eran prioridades al inicio de la legislatura en el Parlamento Europeo, la transición ecológica justa, la transformación digital, la cohesión territorial y social y la igualdad de género, con la pandemia se han convertido en urgencias a las que tenemos que responder, pero ya.

Tenemos que ver los detalles, pero España y este Gobierno tienen capacidad, y tenemos una administración que está a la altura y responder. Lo más importante es poner todos los medios humanos y financieros y materiales para que el dinero llegue y llegue a la ciudadanía.

Como en el semestre europeo de 2019 se hablaba de la sostenibilidad de las pensiones, siempre queda la duda de si la Comisión puede pedir algún tipo de reforma.

No olvidemos que estamos en una situación en comparación con lo que teníamos hace un año que es una revolución total. No sólo en España, en todos el países la situación es inédita, que nunca hemos conocido y habrá que adaptarse.

Todos tenemos el mismo objetivo, que es que las economías se recuperen, que los ciudadanos puedan seguir y hay una gran preocupación. Yo tengo tres hijos, que tienen entre 20 y 23 años, y tenemos que pensar en nuestros jóvenes porque lo que están viviendo y lo que se avecina no es alentador. Hay que hacer todo lo posible para que no tengamos una generación perdida.

Luego hay un tema en el que insistimos mucho, aunque ahora se habla menos, que son los recursos propios. Los Estados miembros tienen que entender que de esos recursos propios procede ese dinero que vamos a poder conseguir adicional para que los Estados miembros no tengan por tanto. Eso nos va a permitir hacer muchas más cosas, y por eso hemos estado desde siempre en el Parlamento apostando por los recursos propios.

Los que están sobre la mesa son importantes. Por ejemplo, el impuesto sobre las transacciones financieras ya lo estuve trabajando hace 10 años cuando empezamos a proponerlo, analizarlo, a elaborarlo y llevamos diez años y ahora se está planteando a ver si de verdad lo llevamos a cabo. Estos recursos propios pueden ser importantes.

Además, hay un efecto psicológico, que no viene mal en estos tiempos, y es pensar un poco como europeos y darle un poco de fuerza al proyecto europeo. Porque ahora hay muchas fuerzas que quieren destrozarlo y los europeístas como somos nosotros este tipo de cosas demuestran al ciudadano que la Unión Europea en su vida cotidiana le aporta mucho.

El otro día, después del Eurogrupo, Gentiloni vino a confirmar que todo el año próximo estaremos con la cláusula de escape activada del Pacto de Estabilidad.

Tenemos una situación completamente nueva y por mucho que intentemos prever lo que va a pasar es un poco complicado. Ya habíamos dicho que esta segunda ola iba a ser fuerte y la temo más que la primera. Porque en la primera no sabíamos muy bien lo que había, la gente tenía miedo, se quedaba en casa. Pero ahora va a ser mucho más complicado contener todo esto.  

Mientras no tengamos la vacuna y esto siga alargándose, para decidir qué medidas tomamos y qué hacemos con el pacto de estabilidad habrá que verlo un poco sobre la marcha.

Cuando se quiera volver a poner en práctica, habrá que ver cómo están las cuentas, si el pacto vale o no vale o cómo se vuelve a aplicar. Será un escenario difícil.

Y luego están las relaciones internacionales, el papel de Europa en el mundo, con China por un lado, Estados Unidos por otro... Y el asunto de la migración. La gente sigue viniendo, sigue ahogándose en el Mediterráneo, y nosotros no podemos quedarnos con los brazos cruzados.

Estuvimos toda la semana pasada con el pacto migratorio. A nosotros nos sabe a poco. Es una base con la que tenemos que trabajar y nosotros, como familia socialdemócrata y socialista queremos insistir también mucho en la inmigración legal, que la necesitamos además.

Esto de que nos invaden, este discurso de la extrema derecha de que nos quitan el trabajo, pero no es verdad, es todo lo contrario.

España tenía el temor de que fuera una propuesta de solidaridad a la carta. Es verdad que puede parecer un gesto para los que no quieren inmigrantes, porque le das la opción de que colaboren en el retorno. Pero luego a Visegrado tampoco le ha gustado.

A los países de Visegrado les queda un recorrido en la UE y se tienen que dar cuenta que la gente se mueve de siempre, y eso de que las sociedades se mezclen y en todos los países hay gentes de todos los colores que enriquecen las sociedades.

Pero tal y como es el mecanismo de la Unión, es difícil encontrar un pacto migratorio en el que pueda estar cómodo un Gobierno como el español o un Gobierno como el húngaro.

Eso es lo que ha hecho la Comisión, que ha recorrido las 27 capitales y ha visto un poco hasta dónde podía llegar. Pero la Comisión tiene dos opciones: lo que ha hecho ahora y lo que hacía Barroso para ver lo que se podía hacer y se llegaba a lo mínimo. O el método Delors, en el que la Comisión fuerte con el Parlamento detrás iba y presionaba para tener propuestas más ambiciosas.

Es verdad que eran otros tiempos, y la Unión tenía 12 y luego 15 países, ahora son 27 y ahora se ha incorporado todo el bloque del Este. Es más complicado, pero yo creo que la Comisión tiene que ser más ambiciosa y tratar de ir de la mano del Parlamento a hacer propuestas más ambiciosa, porque si no al final es lo mínimo de los 27 y las propuestas son muy débiles pero la Comisión tiene que ser más valiente.

Sí, pero luego también te chocas con la unanimidad del Consejo, que eso al final es un freno para todas las ambiciones.

La otra gran asignatura pendiente es la reforma institucional para eliminar el derecho de veto de los Estados miembros, eso sería una revolución.

Pero otra revolución que hemos hecho que pensábamos que era imposible y se ha hecho, y es que por primera vez se va a emitir deuda europea con el plan. Por eso nosotros, el Parlamento y la Comisión tenemos que insistir, y algún día igual lo conseguimos. Está claro que lo de la unanimidad te frena todo y ya lo conocemos desde el principio: en el 65 De Gaulle bloqueó todo con la silla vacía hasta que se llegó al compromiso de Luxemburgo para poder desbloquearlo.

Hay que buscar las vías, pero requiere mucha diplomacia, para la abstención constructiva: tú no te opones, te abstienes, pero permites que vaya adelante. Yo creo que es un camino intermediario que habría que explorar. Por ejemplo, Hungría se opone al pacto migratorio, pero se abstiene y permite seguir.

O como en el Consejo Europeo del otro día, con un bloqueo hasta la una de la madrugada porque Chipre no permitía las sanciones a Bielorrusia en tanto que no las hubiera con Turquía.

Se necesita mucha diplomacia, muchas horas, pero lo importante es que al final se saque el acuerdo.  

Y luego está el reto este de convertir la Unión Europea en un actor geoestratégico.

Es otra de las asignatura pendientes que tenemos, porque en las ayudas al desarrollo y cooperación somos el número uno, pero cuando nuestro peso político en cualquier conflicto es complicado ponernos los 27 de acuerdo y de verdad pesar en el mapa mundial.

Claro, para mí, que soy europeísta de toda la vida y federalista, lo bueno sería que el Alto Representante, el ministro de Exteriores de la UE, tuviera una sola voz y con peso, y que incluso en el Consejo de Seguridad de la ONU pudiera tener la Unión Europea una voz. Pero eso igual lo verán mis nietos.

Y ahora a ver qué pasa el 3 de noviembre en Estados Unidos, puede también determinar hacia dónde van los próximos años. Porque el problema de las elecciones americanas es que afectan al mundo entero, pero nosotros no votamos.

Y mientras, el Brexit también está estancado.

De momento lo he aparcado un poco en mi mente. Llevamos casi cuatro años con esto y no sé cómo va a acabar. Si salimos sin acuerdo será un desastre para todos, para ellos y para nosotros. Ellos han jugado desde el inicio a tratar de dividir. Y los 27 detrás de Barnier han estado impecables. Al inicio, hace tres años, los británicos, que son son increíbles, los mejores negociadores del mundo, empezaron a mandar funcionarios de segundo o tercer nivel a los países, sobre todo a los del Este, para tratar de negociar y de romper la unidad. Pero menos mal que Barnier lo retomó y no ha habido ninguna fisura que permita a los británicos dividirnos.

El otro día el Gobierno alemán puso en duda que el 1 de enero entrara en vigor el presupuesto y el fondo europeo. ¿Cómo se ve desde el Parlamento Europeo?

No nos lo podemos permitir. No es un plan ni del Consejo ni del Parlamento Europeo, es un plan de y para los ciudadanos y ciudadanas, y para las empresarias y los empresarios. No podemos permitirnos responder a la pandemia con un bloqueo institucional. Significaría que la UE no sirve para nada. Y espero que seamos todos lo suficientemente responsables. No es una opción, es una obligación. No se puede retrasar mucho, los presupuestos van ligados al plan como ha presentado el gobierno, no nos podemos permitir ir sin fondos.

Está el riesgo de la tramitación nacional, para el techo de gasto y los recursos propios. Y ahí es donde ellos pueden bloquear al primer ministro húngaro, Viktor Orbán; y el primer ministro holandés, Mark Rutte, o quien sea.

La presión cada vez que ha habido crisis así permite salir adelante y tendrán que ceder, si no sus propios ciudadanos los necesitan y tienen que sacarlo. Si no, ni UE ni nada.

Hemos contestado muy rápidamente a esta crisis y con mucha ambición, ahora no nos tiremos para atrás, perdemos credibilidad. Por una vez que reaccionamos bien no podemos tirar para atrás.

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