Urkullu, nacido para ser 'lehendakari'… por casualidad

El 'lehendakari', Iñigo Urkullu, ayer tras ser elegido para el cargo en segunda votación. / Efe

De joven, en su pueblo, Alonsotegi, no tenía mote. Ahora, en Sabin Etxea (sede central del PNV, en Bilbao), los más allegados se atreven a llamarle el hermético. Es extremadamente tímido, le gusta levantarse el cuello del niki, casi siempre de color negro, cuando viste de sport, suspende en gastronomía, tiene la manía de apuntarlo todo en un cuaderno, a mano, asfixia a sus colaboradores con correos electrónicos y mensajes de teléfono a cualquier hora del día o de la noche, es religioso y familiar, y no estaba destinado a ser lehendakari.

Iñigo Urkullu es uno de los chicos de partido del PNV. Quizá el más ejemplar. Mamó el nacionalismo desde la cuna, en su familia, de tradición peneuvista y obrera. A pesar de que Alonsotegi está situado en una de las zonas de Bizkaia con menor presencia del euskera, siempre buscó círculos euskaldunes. Participó de niño en la coral de su pueblo, bailó el aurresku (baile de honor vasco) y jugó en el equipo de fútbol juvenil, el Larramendi, logrando el ascenso a Primera Juvenil. Era defensa, rápido, constante, solidario, sin excesiva técnica, contundente, sin amilanarse.

Esas cualidades deportivas las ha mantenido en su carrera política. Sus pasos parecen predestinados. Ingresó en el partido en cuanto murió Franco y la formación peneuvista pudo salir de la clandestinidad. Fue presidente de EGI (juventudes del PNV). Conoció a su actual esposa, Lucia Arieta-Arunabeña, en una fiesta del partido. Porque también salía de fiesta. Aunque poco, y de forma controlada. De hecho, fue, durante dos años, presidente de la comisión de fiestas de Alonsotegi. Pero nadie recuerda ningún exceso de juventud.

Quizá para encuadrar aún mejor en los valores que encarna el PNV, cursó el Bachiller y Magisterio, por la rama de Filología vasca, en el Seminario de Derio. Y como dice Xabier Arzalluz, el paso por un seminario deja huella.

Sin embargo, no ha sido Arzalluz uno de los valedores de Urkullu. Igual que le sucede a Ronaldo con Messi, Urkullu tenía la competencia brutal de Josu Jon Imaz, un animal político preparado para la gestión y con un gran don de gentes; para colmo, el político guipuzcoano, un par de años más joven que él, conta­ba con el apoyo incondicional de Arzalluz.

Urkullu llegó muy joven a Sabin Etxea, aún sin concluir la década de los años 80, y eligió el bando ganador: Javier Atutxa, uno de los veteranos del partido en Bizkaia fue su valedor; lo convirtió en su número dos, y cuatro años después, y no por casualidad, el joven sustituyó al veterano en la presidencia de la ejecutiva del PNV de Bizkaia.

Como Ronaldo, Urkullu ha jugado en los mejores equipos. Presenció el adiós de Xabier Arzalluz y la entronación de Imaz como presidente del partido. Y esperó. Primero, ocurrió que el partido y sus bases fagocitaron a Imaz. Después, otra casualidad, Patxi López maniobró para dejar a Ibarretxe sin la Lehendakaritza. Y, de repente, Urkullu se quedó como la única estrella sobre el campo de juego. Es como si Messi sufriera rotura de la triada.

Todas las coincidencias han favorecido al actual lehendakari. Incluso hay otras coincidencias que sin ser influyentes llaman la atención. Urkullu fue maestro en la ikastola Astileku de Portugalete. También lo fue Laura Mintegi, la única candidata que ha disputado al peneuvista la Lehendakaritza. Actualmente, está en excedencia en el colegio Landako de Durango.

Y es que Urkullu se fue a vivir a Durango, al pueblo de la familia de su esposa. Reside en un adosado, con su esposa, sus tres hijos, Malen, Karlos y Kerman, y dos perros que le permiten tener la excusa para pasear, una de sus grandes pasiones. La montaña y la bicicleta son sus otras dos aficiones, aunque no es ningún machaca. La pala la tiene algo más olvidada. En ningún caso asomaba para figura deportiva, como el padre de su esposa, que llegó a jugar en el Athletic.

Sin embargo, desde este viernes, Urkullu es la principal figura política de Euskadi. Para sus aduladores, su seriedad es su principal virtud. Para los contrincantes, su seriedad es su principal hándicap. Como Ronaldo, no logra la unanimidad. El futbolista es una máquina perfecta, pero no enamora. El político no comete un solo error, pero le falta espontaneidad, frescura, pasión incluso, dicen sus detractores. En Sabin Etxea replican que Iñigo es extremadamente cercano y cariñoso. Con la prensa siempre ha sido muy atento. En los años 90, cuando sus responsabilidades políticas eran algo menores, los fines de semana respondía al teléfono fijo de su casa con alguno de sus hijos en brazos y contestaba a las preguntas del periodista mientras tranquilizaba a la criatura. Y se enorgullecía de ello.

El viernes, tras ser elegido lehendakari en el Parlamento vasco, permaneció varios segundos mudo, inmóvil casi. No dibujó ninguna sonrisa en su rostro. Pero de cerca se podía apreciar el tono vidrioso de sus ojos, la inmensa emoción contenida. Miró al cielo, no por fe religiosa, sino porque en la planta alta estaba su familia, esa que le puso mil pegas antes de aceptar ser candidato a lehendakari por el PNV. Pero sabían que para Iñigo ser lehendakari representa mucho más que un Balón de Oro. Significa todos los títulos del mundo.

En la jura del cargo ante el árbol de Gernika, la fórmula elegida por Iñigo Urkullu es la misma que la del primer lehendakari, José Antonio Agirre: "Ante Dios humillado, en pie sobre la tierra vasca…", aunque sin poner su mano sobre la Biblia, y sin que el crucifijo robe protagonismo en el encuadre. No por falta de vocación religiosa, ya que es hombre de misa, sino por evitar el mínimo atisbo de polémica. Así es Iñigo. Hombre de misa y de familia.

Al día siguiente de la victoria electoral del PNV en las autonómicas se desplazó a Alonsotegi, un municipio que se independizó de Barakaldo en los años noventa, después de que Urkullu se independizara de su familia. Pasó la última hora de la tarde con su madre, una mujer que, casualmente, no quiere fotos, ni cámaras, ni entrevistas.

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15 de diciembre de 2012 - 08:51 h

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