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ENTREVISTA | La candidata de Unidas Podemos por Las Palmas

Victoria Rosell: "No es fácil volver, pero hay que hacer esfuerzos porque los Derechos Humanos y la igualdad están en riesgo"

La jueza retoma su carrera política de la mano de Unidas Podemos tras dimitir en 2016 por una acusación dirigida por el exministro Soria que se demostró falsa

"La fortaleza de un proyecto se demuestra en las urnas, no en las encuestas previas", asegura sobre el difícil momento de Podemos

"El wasap de Cosidó fue traumático. Estamos pensando cómo y con qué personas recuperar el prestigio de un órgano que lo necesita", dice sobre el Poder Judicial

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Victoria Rosell

La candidata de Unidas Podemos Victoria Rosell en una imagen de archivo.

La jueza Victoria Rosell (Murcia, 1968) se prepara para un segundo asalto a la arena política. En su primer intento, dimitió para poder afrontar una campaña de acusaciones mediáticas y judiciales que se demostraron falsas. Sus principales precursores, el juez Salvador Alba y el exministro José Manuel Soria, han salido peor parados.

Justo tres años después de aquella dimisión, Rosell vuelve a encabezar una candidatura, la de Unidas Podemos por Las Palmas. Desde su casa, donde está convaleciente por una lesión, responde a eldiario.es sobre los motivos que le han llevado a dar este paso.

¿Por qué ha decidido volver a la primera línea política?

No es una situación fácil, pero el panorama invita a hacer todos los esfuerzos que estén al alcance de cada una para luchar por algo que es evidente y que muchas fuerzas políticas no ven. Mantener unos estándares de Derechos Humanos, de igualdad y de civilización que de nuevo están en riesgo.

En su primer paso por la política protagonizó portadas que luego se demostraron falsas y una persecución judicial que se archivó. Tuvo que dimitir para poder librarse de aquello. ¿Confía en que no vuelva a ocurrir?

Agradezco lo que dices, porque fue así. Pero de una falsedad no se escapa. Una falsedad se afronta. Y yo enfrenté todo esto pese al poder que tenían el dúo que lo lideró, el juez [Salvador Alba] y el ministro [por el exresponsable de Industria José Manuel Soria]. Pese a su evidente poder, se demostró que todo era falso. Las personas que pudieran estar esperando a resucitar aquellas falsedades saben que yo les haré frente. Espero que no vuelva a suceder, no creo que haya gente igual de corrupta hoy en la judicatura y en el Gobierno.

Otra cosa son los trolls. Todavía están accesibles las falsedades y montajes. Pero a eso hay que hacerle caso omiso. No nos podemos situar en la realidad paralela y el mundo de mentiras en el que otras personas viven tan a gusto.

Podemos no atraviesa por su mejor momento. Las encuestas apuntan a un resultado peor que el de 2015 o 2016. ¿Por qué se anima a dar el paso en estas circunstancias?

No comparto el criterio de que Unidas Podemos esté en una situación interna peor que el PP, el PSOE o Ciudadanos, por hablar de las fuerzas democráticas estatales. Hay una gran parte de voluntarismo en ese tipo de análisis.

De todas maneras, yo no me integro en el partido. Entre otras cosas, porque está prohibido por la Constitución. Voy a intentar apoyar con todo lo que pueda a un grupo parlamentario. El poder legislativo y la función que se hace en las instituciones supera con mucho los problemas internos en cualquiera de los partidos.

En las primeras elecciones generales y sin dinero prestado, me enfrenté al cabeza de lista del PP que no solo tenía la financiación del PP, que estaba entonces en el Gobierno, sino una propia financiación pagada por empresas privadas de 450.000 euros extra. Todo para hablar bien de Soria. Pese a eso, gané las elecciones en Fuerteventura y en Lanzarote. Y en la provincia, me quedé a 9.000 votos y por encima del PSOE. La fortaleza de un proyecto se demuestra en las urnas, no en las encuestas previas.

Es peligroso hablar siempre de los problemas internos. Genera desafección y devalúa la función pública. En todos los partidos hay personas muy válidas. Es verdad que la política tiene que estar a la altura, pero soy muy reacia a mirar hacia adentro y sacar las pugnas internas, tan propias de estructuras como los partidos.

Hace unos meses sonó su nombre para el CGPJ. ¿Por qué se cayó aquella candidatura?

No lo tengo muy claro. Me presenté por mi asociación judicial, a la que pertenezco desde hace 20 años. Hubo una negociación muy poco transparente y en la que participaron solo el Gobierno del PSOE y el PP. Mis noticias siempre fueron que estaba en ese listado, pero es verdad que las personas confirmadas en la prensa siempre sumaron más de 12, que son las que corresponden a las asociaciones.

Pero después lo que nos impactó fue cómo terminó la negociación, no que yo saliera o no. Yo habría apostado por hacer comparecencias en la Comisión de Justicia del Congreso porque el método de elección no favorece que podamos conocer el perfil y la valía de las personas.

El final de la negociación, con aquel wasap de Cosidó, fue traumático para la función judicial. Estamos todavía intentando correr un tupido velo y pensando cómo y con qué personas se podría recuperar el prestigio de un órgano que lo necesita.

Hablaba antes del prestigio de la clase política y de los partidos. Los tejemanejes para controlar el CGPJ lastran también la imagen de la judicatura. ¿Qué reformas hacen falta en el Poder Judicial español?

(Ríe) Me parece inabarcable la pregunta. Vamos a distinguir porque quiero ser muy tajante. El Poder Judicial tiene un prestigio en su base muy superior a la denuncia de falta de independencia que afecta sobre todo a su cúpula. La gente tiene la visión, razonable y basada en información, de que cuanto más se aleja la judicatura de la base menos independencia tiene esa persona. Lo cual es muy grave porque ahí están las presidencias de los tribunales o los altos cargos judiciales. En segundo lugar, hay que superar la imagen de la apertura del año judicial con la Sala de Gobierno formada exclusivamente por hombres. Es una auténtica anomalía democrática.

Otro punto es el CGPJ. Es un órgano político y se encuentra en un momento de mucho desprestigio. Después de un acuerdo unánime para renovarlo después de las sentencias del Impuesto de Actos Jurídicos Documentos, que fue el detonante de intentar la renovación, llegó el wasap de Cosidó que hablábamos antes y que cayó como una bomba. Ese desprestigio nos contagia a la carrera judicial, pero merece una reflexión aparte. Aunque no tiene mucho predicamento entre mis colegas, yo propongo revisar el sistema de acceso con seriedad y con todas las fuerzas.

Ese wasap del que habla hacía referencia al presidente del tribunal que juzga el caso del procés, a Manuel Marchena. ¿Está siguiendo el juicio? Como magistrada, ¿qué le está pareciendo?

He seguido algunas sesiones porque estoy de baja con un tobillo roto. El tribunal está haciendo un enorme esfuerzo de transparencia de cara a los medios y al público y creo que la gente está comprendiendo algunas cosas de la Justicia y del proceso que no está de más. Es una cuestión de cultura democrática que nos falta en este país.

Del fondo, de sus decisiones procesales, prefiero no verter una opinión. Sería una falta de respeto. Hay cosas que son discutibles, pero el debate está tan polarizado y en el juicio son tan importantes las formas para el fondo, que prefiero no pronunciarme.

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