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Descubriendo a...

Tres autores de las meninas callejeras: “Si tuviéramos que diseñar una menina sobre la política española, habría que hacerla muy cabreada”

Samuel Martínez

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Nunca el Museo del Prado fue tan grande como ahora que Diego Velázquez tiene sus meninas esparcidas por toda la ciudad. Cada una, además, es de su padre y de su madre y ninguna de ellas luce las galas con las que las vistió el pintor sevillano, ni tan siquiera tienen su mismo rostro. Así lo ideó el artista plástico Antonio Azzato cuando, en 2018, propulsó la iniciativa 'Meninas Madrid Gallery', con la que pretendía, tal y como se explica en la página web de la galería, “que distintos artistas expresaran a través de las meninas todo aquello que les evoca la ciudad de Madrid”. La muestra ha alcanzado en 2020 su tercera edición y por ella han pasado diseñadores, pintores, escultores, arquitectos, cantantes y algún que otro influencer. Este año, hasta 34 artistas han puesto su imaginación y sus manos al servicio tanto de los madrileños, que día tras día hasta el 15 de diciembre pueden disfrutar de sus obras en la calle, como de la solidaridad, toda vez que los fondos recaudados tras la subasta de cada una de las figuras irán destinados al Banco de Alimentos por su función social durante la pandemia de COVID-19. 

Xoan Viqueira, Keka Martínez y Arturo Garrido. Son los autores de tres de las 34 meninas que decoran la vía pública madrileña. “Es un arte muy vivo”, explica Viqueira, ilustrador con una tienda en Chueca. “Tanto”, bromea, “que el otro día me rayaron la mía. Suerte que era con rotulador y lo pudimos solucionar”. A su lado, el arquitecto Arturo Garrido recoge el guante del chiste: “La mía la han instalado hoy y es especialmente delicada… Si queréis hacerle fotos, daos prisa”. Los tres ríen, pero también los tres coinciden en que es ese dinamismo el que otorga un carácter especial a sus piezas. Cualquiera las puede tocar, son distintas dependiendo de si hace sol o si está nublado y cada una tiene su particular manera de integrarse en el paisaje. “Eso sí”, interrumpe la instagramer venezolana afincada en Madrid Keka Martínez: “Yo muchas veces me escapo para comprobar que el velo y el tapabocas siguen en su sitio”. Su menina, que encontró acomodo en calle de Serrano con Juan Bravo, tiene detrás una historia personal. Ella iba a casarse, pero llegó la pandemia. 

La Novia 2020:  “Va por las novias a quienes el virus retrasó su día”

El amor todo lo puede. Eso debió de pensar Keka cuando se vio obligada a posponer su boda por la irrupción —casi la 'erupción', por lo repentino y violento del asunto— de la pandemia en España. “Como a mí”, señala, “le pasó a mucha gente”. Sin embargo, lejos de deprimirse o enfadarse, la instagramer trató de quitarle hierro al asunto a través de sus redes sociales. La guinda del pastel, no obstante, fue la menina que le encargaron. “Sentí una gran responsabilidad”, reconoce. Lo que buscó con su proyecto fue “tener un gesto” con todas las personas a las que el virus retrasó “el día más feliz de su vida”, en las palabras de la propia Keka. 

Para ello, enfundó la figura en un traje de novia, la coronó con un velo y, cómo no, la protegió con una mascarilla. “Muchas personas se acercan a ella”, apunta la influencer, cuya obra se ubica muy cerca de varias tiendas de novias. En su caso, ese encaje con el comercio de la zona le confiere, además del artístico y el solidario, un valor comercial. “Pedí a mis seguidores que me mandaran frases que le dirían a las novias que tuvieron que aplazar su boda”, concluye. Por eso, en el manto del vestido pueden leerse mensajes tiernos como 'El amor no se cancela' y otros más suspicaces como 'No te cases, quizás todo esto sea una señal'. 

#Soycomosoy: “He querido hacer un homenaje al colectivo trans”

“Tenía que estar en Chueca”, sonríe el gallego Xoan Viqueira. Cada vez que sale de casa para ir a trabajar en su pequeña tienda en la calle Gravina, el ilustrador pasa por la plaza de Pedro Zerolo y controla que todo esté en su sitio, que su creación no haya sufrido ningún percance. “Yo tenía muy claro que con la menina quería hacer un homenaje al colectivo trans”, subraya: “Creo que dentro del LGTBI+ es uno de los que está más silenciado”. No obstante, antes de lanzarse con el diseño se aseguró de que todas las asociaciones estuvieran de acuerdo. “Si algo quería evitar a toda costa era sembrar ningún tipo de polémica”. Con su menina barbuda —seña de identidad de su marca—, Viqueria pretende aportar su grano de arena para la normalización del colectivo. Por eso, y de forma excepcional, el dinero recaudado con la subasta de la figura #Soycomosoy se destinará precisamente a ayudar a las personas trans.

Walking museum: “La monumentalidad de una estructura en construcción”

La del arquitecto Arturo Garrido es la más abstracta de las tres. “He construido la menina de la mano de la empresa Clorofila Digital, quien me encargó el diseño”, aclara, “y con ella busco transmitir la monumentalidad de una escultura en construcción”. Para ello, ha rodeado la figura “de una especie de andamios” y ha añadido “unas personas pequeñitas” impresas con 3D para que el viandante tenga la sensación de que la menina “parece mucho más grande de lo que en realidad es”. Además, ha aprovechado la figura, ubicada en Galería Canalejas, para realizar un pequeño muestrario de todos los materiales con los que trabaja la empresa de impresión que lo ha acompañado en el proyecto. 

“¿Una menina sobre la política? Tendría que estar muy cabreada”

“Las ventas en mi tienda han caído un 80%”. Si Xoan Viqueira tuviera que diseñar una menina pensando en la política española, tiene claro que debería hacerla “muy, muy cabreada”. El ilustrador pide a la clase política que “vaya toda a una” y que supere las diferencias en un momento tan complicado como el actual, tanto en términos de salud como en términos económicos. Keka Martínez se muestra de acuerdo y añade que “también habría que pintarle un gesto confundido”, en referencia a la incertidumbre que siente el ciudadano. “Yo voy a ser un poco más cursi”, avisa Garrido. “Lo que haría yo es una menina llena de espejos, para que cada uno de los políticos se viera reflejado en ella”. “Y por supuesto”, coinciden los tres, “las pondríamos en el Congreso, que la vieran cada día”.

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