Sobre este blog

La política y sus consecuencias sobre nuestras vidas. Análisis de las decisiones del Gobierno y las respuestas de la oposición. Porque necesitamos saber para poder decidir. Escribe Salomé García

Ponferrada es un espejo

Ponferrada no es sólo el último grano en el culo del PSOE. El epicentro de su última vergüenza. La postrera demostración de sus problemas como organización. Ponferrada es un paradigma, un espejo en el que contemplar los males que aquejan a esta democracia diarreica, a los dos grandes partidos y a la sociedad en general. Un espejo en el que deberíamos mirarnos para eliminar de una vez todo lo que refleja.

Ponferrada es una ciudad de provincias de esas que no son la capital pero podrían serlo por número de habitantes y volumen de aspiraciones. Menos aeropuerto, tiene de todo lo que se hacía cuando creíamos que aquello duraría siempre: universidad, museo, autovía, circunvalación, desarrollo urbanístico exagerado y hasta centro de investigación. Tiene una corporación municipal de 25 concejales con alcalde a razón de 59.000 euros al año, más dietas. Tiene una deuda municipal desorbitada (supera sus ingresos anuales) y ha tenido que acudir al plan de proveedores para pagar facturas pendientes. Hasta aquí, una más.

Pese a esa gestión demencial de los recursos, la ciudadanía ha depositado el poder reiteradamente en manos del PP, que gobierna la ciudad desde que Ismael Álvarez se alzó en 1995 a la alcaldía apoyado en sus 11 concejales del PP... y en 3 tránsfugas del PSOE. Hasta entonces, gobernaba el PSOE.

En marzo de 2001, Ponferrada saltó a las páginas de los diarios nacionales cuando la concejala Nevenka Fernández denunció al alcalde por acoso sexual. Entonces supimos que Nevenka no llegó a las listas al ayuntamiento por cuota de igualdad, eso va en contra de los principios del PP, ni por méritos propios, como propugna Cospedal. Llegó por ser joven, guapa, licenciada en económicas y, sobre todo, hija de un importante empresario de la pizarra amigo del que luego sería su torturador. Su ausencia absoluta de conocimientos de gestión municipal no impidió a Ismael Álvarez colocarla al frente de una de las concejalías más sensibles, la de Hacienda.

Luego llegó el acoso de su jefe, la denuncia ante los tribunales, el juicio y la sentencia contra el acosador, rebajada después por el Supremo a una multa de 2.160 euros al entender que no existe relación de superioridad jerárquica entre un alcalde y una concejala, por lo que no puede haber abuso de autoridad.

La justicia lo condenó, pero poco. La política prefirió condenarla a ella (el PP por aquel entonces defendió con uñas y dientes la inocencia de Ismael Álvarez y la oposición se puso de perfil aprovechando que era un lío interno del PP) y buena parte de la ciudadanía se quedó con la machista idea de que era una fresca arribista que había seducido al político.

Esa es la España real, la verdadera, la que escupe el espejo. Ocho años después, llegó la prueba de que la única condenada (al ostracismo, a la desaparición) fue Nevenka.

El acosador volvió a concurrir a las elecciones en 2011... y los ciudadanos lo premiaron con 5 concejales. ¿Lo despreciaron sus compañeros políticos? Qué va. Es la llave del Gobierno municipal! Con su apoyo llegó el PP a la alcaldía sin tener la mayoría absoluta y con su connivencia le ha arrebatado ahora el PSOE el bastón de mando. Con los suyos ha aprobado el PP todas sus decisiones desde 2011 y con los mismos gobernará el ex socialista hasta 2015.

Es la política que le vale al PP. La que le valía al PSOE hasta que el escándalo le reventó en la cara. Es lo que ha aceptado la ciudadanía. Es lo que somos. Es lo que deberíamos dejar de ser.

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Publicado el
11 de marzo de 2013 - 21:12 h

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