Bruselas diluye la prohibición de la munición de plomo que envenena la naturaleza a favor de los cazadores
Poco a poco, sesión a sesión, se está aguando la normativa sobre munición de caza en Europa que pretendía proteger los ecosistemas de acumular miles de toneladas de plomo tóxico cada año. Las toneladas que suman los perdigones y balas que se quedan en el campo todas las temporadas.
La últimas modificaciones del proyecto que se presentan este mes a los estados miembro para debatir el 29 de abril ya han descartado que las restricciones se apliquen a las balas y contempla ampliar los años en los que podrá seguir usándose cartuchos de plomo hasta que el sector se ponga al día: de tres a cinco.
En el inicio, la Agencia Europea de Sustancias Químicas (ECHA) recomendó en una evaluación técnica la prohibición de esta munición para impedir el vertido de, al menos, 630.000 toneladas de metal pesado en 20 años. La Comisión Europea tardó dos años en hacer suyas las indicaciones: su propuesta de reglamento llegó en febrero de 2025, justo acaba de cumplir un año.
Ahora, la Comisión ha cambiado el proyecto de normativa para tratar de contentar a los opuestos. El último borrador que prevé discutirse y, en su caso, votarse no solo ha excluido las balas de la restricción –ahora solo contempla los perdigones–, sino que también han aceptado reabrir “la extensión del periodo de transición”. Aun así, todavía hay estados que “consideran que no es el momento adecuado para imponer ningún coste o cambio a la industria de la munición”, según las actas de las reuniones.
Fuentes del Ministerio de Transición Ecológica cuentan que su postura no ha cambiado y la intención es abogar por la “mayor ambición” que se recogía en la versión original del borrador. Esto significa que la representación española tratará, dicen, de que “se aplique la restricción también a la munición de caza mayor” y que se mantenga “el periodo de adaptación inicial”.
A pesar de que todas las modificaciones son favorables a las peticiones de los cazadores, la Federación Española de Caza todavía lo califica como “insuficiente”. La RFEC afirma que “los plazos siguen sin ser realistas”. Tampoco les gusta que pueda revisarse en un futuro la exclusión de las balas de esta normativa: “Puede ser un arma de doble filo”, dice la RFEC.
De cara a la votación y adopción final del reglamento, los cazadores consideran que el plazo transitorio no debería ser “menor a diez años”.
La opinión y deseos del sector cinegético contrasta con el análisis científico. De hecho más de 140 investigadores españoles de instituciones como el CSIC, la Estación Biológica de Doñana y las Universidades Complutense, la Rey Juan Carlos, la de Murcia, la de Granada, la de Córdoba o la de Santiago de Compostela afirman en un escrito que las “muchas evidencias” recogidas sobre “los riesgos que representa para la salud pública y ambiental el uso del plomo en la caza, tiro deportivo y pesca” hacen que debiera aprobarse el reglamento de restricción “sin moratorias ni excepciones”.
En este sentido explican que “el plomo acumulado año tras año no va a desaparecer, seguirá siendo plomo y una vez se haya disgregado el perdigón no hará más que contaminar suelos, aguas y la red trófica”. Por eso entienden que las dilataciones y moratorias son un riesgo: “Cuanto más se tarde en prohibir el uso del plomo en la munición de caza, más contaminado estará nuestro medio ambiente, ya que la descontaminación de estos suelos será casi imposible”.
Así que cada temporada de prórroga son miles de toneladas extra de metal pesado tóxico que se acumula en los ecosistemas y perdura de manera casi perenne. En este sentido es ilustrativo el caso de la duna llamada el Cerro de los Ánsares en el Parque Nacional de Doñana. En ese gran arenero elevado todavía persisten un par de toneladas de perdigones de plomo fruto de las cacerías de gansos, a pesar de las campañas de limpieza, a mano, que se repiten año tras año. Desde que se detuvo la caza allí, hace 40 años, se ha conseguido extraer unos 300 kilos, perdigón a perdigón.
El presidente de la Federación de Caza, Josep Escandell, critica al Gobierno por mantener la postura más restrictiva con la munición y proteccionista con el medio ambiente. “Es incomprensible”, ha dicho, porque “ignora la necesidad de disponer de grandes cantidades de munición para el control de especies como el conejo o el jabalí, y las condiciones de nuestra caza, que se desarrolla en terrenos donde alternativas como el acero pueden suponer un problema de seguridad”.
“Control de especies” significa batidas de caza para reducir las poblaciones justificadas por los daños que provocan a sectores económicos como la agricultura o la ganadería. En el caso del jabalí sirvió para que el Ministerio de Agricultura propusiera precisamente excluir la munición de plomo aplicada a estas batidas de la normativa europea.
De hecho, la reducción de poblaciones de jabalí mediante batidas de caza ha ganado impulso debido al episodio de peste porcina detectado en la sierra Collserola (Barcelona) en noviembre de 2025. El miedo a que afectara al potente sector del porcino intensivo hizo que las comunidades autónomas sacaran normativas más favorables a los cazadores.
Este es el argumento fuerza de los cazadores: “No hay alternativa aún al plomo” para sus actividades a lo que los científicos contestan que, si bien es “razonable un periodo de adaptación”, ya existen en el mercado “alternativas seguras y efectivas que están siendo usadas por cazadores de todo el mundo, incluida España”.
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