Has elegido la edición de . Verás las noticias de esta portada en el módulo de ediciones locales de la home de elDiario.es.

El consumo compulsivo de pornografía en los jóvenes: “Podía estar cinco o seis horas seguidas embobado frente a la pantalla”

­

Ariadna Martínez

18 de enero de 2026 23:40 h

0

Lucas (29 años) recuerda la manera en la que la pornografía irrumpió en su vida. Fue con 11 años y “por accidente”: “No recuerdo exactamente cómo, pero acabé en una página pornográfica. Creo que pasó porque hice una búsqueda de algo relacionado con un videojuego y me salieron personajes infantiles sexualizados. Hoy en día es mucho más loco”, explica. 

Sebastián (35) echa también la vista atrás: su primer contacto fue en papel. Sus primos y amigos más mayores le enseñaron revistas. 11 y 25 años después, respectivamente, ambos se vieron en la situación de tener que buscar ayuda terapéutica. “A mí me hubiese gustado que me hubieran dicho: 'Oye, mira, la pornografía es como el tabaco, como el alcohol. Que sepas que tiene riesgos', dice.

En España, el 66,8% de los jóvenes de entre 14 y 18 años admite haber consumido pornografía al menos una vez en su vida, el 58,6% en los últimos 12 meses y el 44,5% en los últimos 30 días, según un informe del Ministerio de Sanidad.

Y se estima que aproximadamente que entre un 8 y un 19% de personas a nivel global podrían presentar algún patrón de uso de pornografía que se pueda calificar como “problemático”, en base al metaanálisis Prevalence of problematic pornography use. Sin embargo, es un campo de estudio que aún presenta limitaciones, por lo que hay que tomar estos resultados con cierta cautela.

El consumo perjudicial de pornografía puede causar disfunciones sexuales, la cosificación de uno mismo o de los demás, y está correlacionado con trastornos depresivos o ansiosos

Gabriel Serrano Psicólogo en la asociación Dale Una Vuelta

“El consumo perjudicial de pornografía (especialmente si tiene que ver con un comportamiento sexual compulsivo), puede causar disfunciones sexuales (eréctil en el hombre y del deseo y del orgasmo en el hombre y en la mujer), la cosificación de uno mismo o de los demás, y está correlacionado con trastornos depresivos o ansiosos”, señala Gabriel Serrano, psicólogo en Dale Una Vuelta, asociación sin ánimo de lucro que trabaja sobre este campo.

“Puede afectar también a la pareja si se introduce violencia dentro de la relación afectivo-sexual. Luego tendríamos consecuencias propias de adicción como la tolerancia o la escalada de conducta. Es decir, empiezo con pornografía y acabo consumiendo prostitución, webcams, o pornografía de pago”, profundiza.

El riesgo de caer en un ‘agujero negro’

Lucas y Sebastián forman parte de ese grupo de personas que cae en ese “agujero negro” de consumo marcadamente perjudicial de porno. “Desde los 13 empecé a tener un consumo más o menos frecuente. A los 22 pedí ayuda”, cuenta Lucas.

“Me drenaba muchísimo la energía, porque podía estar 5 o 6 horas seguidas embobado en la pantalla. Mi vida sexual más allá del porno era inexistente. Es una cosa que yo veía que sucedía alrededor y que yo no entendía, porque había aprendido a ser sexual a través de una pantalla y en soledad”, relata.

En los círculos de ambos este tipo de contenido estaba muy normalizado. “Siempre había chistes o temas de conversación alrededor de ello. Tengo el recuerdo incluso de ver porno con un amigo en su casa. Además, teníamos una forma de ser y de hablar respecto a la mujer que obviamente estaba trastocada por ello”, prosigue Lucas. 

En el fondo creo que todos los que consumimos (o hemos consumido) pornografía compulsivamente sabemos que en el fondo algo no va bien

Lucas, 29 años

“Y no concebía el hecho de poder tener una amistad con una chica, porque ellas representaban lo que yo veía en el porno, que era alcanzar un fin, algo sexual”, dice. Sebastián rememora que tuvo varias novias y que “las culpaba” por no excitarle o ‘provocarle’ lo suficiente. “Tuve problemas de anorgasmia. Ahora me doy cuenta de que el problema era mío. Cada vez necesitas estímulos más fuertes para alcanzar el clímax. Ellas también son víctimas de todo esto”, reconoce.

A ambos les deterioró la autoestima: “En el fondo creo que todos los que consumimos (o hemos consumido) pornografía compulsivamente sabemos que en el fondo algo no va bien”, afirma Lucas. “Yendo a terapia entiendo muchísimas cosas de mi personalidad que se han ido desarrollando, que he ido adquiriendo a lo largo del tiempo, causadas por este problema”, asegura Sebastián.

El porno de hoy es “otro mundo”

José Luis García, Doctor en Psicología especializado en Sexología, remarca que la pornografía de antes no tiene nada que ver con la de ahora: “Lo de hoy en día es otro mundo. Hay millones de vídeos de relaciones entre padres e hijos, hijas, abuelos con nietas, con títulos tan terribles como ‘madrastra viola a su hijastro’, y los adolescentes aún no tienen un córtex cerebral maduro para poder evaluar lo que están viendo, sobre todo cuando no tienen una educación sexual que les permita compensar eso”.

“Además, el consumo entre ellos y ellas se está equilibrando. La industria no es tonta: está intentando también captar la atención de ellas”, expone. Sabemos que los menores, lo busquen o no, se van a encontrar con estos contenidos. Yo siempre digo que dondequiera que haya un smartphone, ahí estará el porno. En X, por ejemplo, hay barbaridades. Vamos muy tarde“, prosigue.

Yo siempre digo que dondequiera que haya un smartphone, ahí estará el porno. En X, por ejemplo, hay barbaridades

José Luis García Sexólogo

Según una investigación, casi la mitad de los vídeos publicados en la página de pornografía gratuita más famosa del mundo contenían al menos un acto de agresión física que, en el 97% de los casos, tenía como objetivo a mujeres. Pero no todas las formas de violencia estaban incluidas: no evaluaba explícitamente escenas que involucrasen secuestro, menores, distribución no consentida, etc., por lo que la cifra podría ser bastante mayor. Pese a ello, la industria mueve miles de millones de euros anuales y su fortuna no deja de crecer.

A consecuencia de todo este “cambio de paradigma” el concepto de violencia sexual que tienen los chicos y las chicas y los adultos, asegura el sexólogo, difiere mucho: “Yo hablo con los adolescentes y les paso una escala de violencia sexual y hay cosas que les parecen normales. No saben que eso puede ser violencia sexual”. Recomienda series como Pubertat (2025) o Generación Porno (2023) para entender esto.

Un problema que se vive en soledad

Cuando una persona se ve atrapada en un consumo compulsivo de porno, la soledad es abrumadora. “¿Con quién vas a hablar esto? En los hombres es bastante tabú hablar de sexo de forma sincera. Hablas de que ‘te has tirado esta chica’, pero no de tus sentimientos o preocupaciones respecto a tu vida sexual como, por ejemplo, que has tenido una disfunción eréctil, porque tienes que ser ‘un machote’”, asegura Sebastián.

Además, es un problema que aún no tiene nombre definitivo. El manual de la OMS de Clasificación Internacional de Enfermedades y Problemas de Salud Relacionados (CIE-11), por ejemplo, no incluye un diagnóstico específico de “adicción a la pornografía” o de “trastorno por consumo de pornografía”, pero sí contempla el “trastorno del comportamiento sexual compulsivo”, dentro del que muchos profesionales lo ubican para intentar abordarlo en consulta. Hay que esperar a que el volumen de investigación crezca.

Pregúntate: ‘¿Para qué utilizo la pornografía? ¿La uso para regularme emocionalmente? ¿Hasta qué punto esto me genera un malestar significativo? ¿Me está ocasionando problemas? ¿Por más que intento dejarlo, no puedo? ¿Cuando no puedo consumir qué sucede conmigo?” - Gabriel Serrano, psicólogo en la asociación Dale Una Vuelta

Gabriel Serrano Psicólogo en la asociación Dale Una Vuelta

Pero un consumo perjudicial no solo se mide en frecuencia, explica Serrano: “Si piensas que puedes tener un problema, pregúntate: ‘¿Para qué utilizo la pornografía? ¿La uso para regularme emocionalmente? ¿Hasta qué punto esto me genera un malestar significativo? ¿Me está ocasionando problemas en mi vida? ¿Por más que intento dejarlo, no puedo? ¿Cuando no puedo consumir qué sucede conmigo?”.

El camino de salida, más difícil de lo que parece

Tras sus respectivos puntos de inflexión, Lucas y Sebastián decidieron embarcarse en el camino de alejar la pornografía de sus vidas. “Me di cuenta de que no recordaba cuándo había sido la última vez que había estado más de 2 días seguidos sin consumir porno. Lo dejé 2 semanas y me cambió la vida. Empecé a sentirme muchísimo mejor. Se me fue parte de la ansiedad y del nerviosismo que había tenido durante gran parte de mi vida”, explica Lucas.

“Empecé terapia y la psicóloga me hizo ver que el proceso de recuperación no era lineal y me enseñó herramientas de manejo de impulsos. He tenido (y a veces sigo teniendo) recaídas, pero si llevas nueve meses sin consumir, y recaes un día, no significa que hayas perdido el progreso. De adolescente consumía de cinco a seis veces al día. Es un cambio importante”, desarrolla. Ahora puede tener amistad con las mujeres con normalidad, ha aumentado su vida social, ha cambiado sus hábitos, y su autoestima ha mejorado significativamente.

Además, lo habló con su familia y ahora conversar sobre ello “está ya muy normalizado” en su casa. “Tengo un hermano que ahora tiene 17. Me habla del porno que consumen sus amigos con cierto rechazo o malestar. Nos ha contado que a veces ha discutido con ellos sobre que el porno puede ser malo. Lo interpreto como que marqué un poco la diferencia”. 

La pornografía muchas veces es la consecuencia de problemas que están por debajo

Sebastián, 35 años

Sebastián, por su parte, aún sigue activamente batallando contra ello. Comenzó a abordar seriamente el problema el año pasado en la terapia grupal que facilita Dale Una Vuelta. “Me di cuenta de que no sabía gestionar el estrés y mis emociones. La pornografía muchas veces es la consecuencia de problemas que están por debajo”. “Es un poco agridulce porque todavía estoy en el proceso, pero me siento mejor en el sentido de que he ganado educación afectivo-sexual y me conozco más”.

García, a aquellos que se nieguen rotundamente a alejarse de la pornografía ―y que no tengan un consumo compulsivo―, les recomendaría lo siguiente: “No veas violencia sexual; no veas películas humillantes, vejantes, para la mujer o donde hay chicas aniñadas o extremadamente jóvenes. Por supuesto, no veas películas donde aparezcan niños y niñas, personas mayores, personas con discapacidad intelectual, padres, madres; no veas películas con títulos violentos. No colabores con todo esto. Y si ves que no puedes conseguirlo, ponte en manos de un profesional. Hay líneas rojas que no podemos traspasar”.

A una escala más allá de la individual, asegura, “está todo por hacer”. Medidas de control de acceso, educación sexual y emocional en todos los centros escolares, concienciación a las familias, o la creación de servicios en los centros de salud orientados a ayudar a los jóvenes que tengan este tipo de problemas, son algunas de sus propuestas en este sentido. Serrano añade: “Establecer una red segura entre padres e hijos que facilite poder hablar de esto. Si pillas a tu hijo viendo pornografía y le echas la bronca, estás perdiendo una oportunidad”.

Etiquetas
stats