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La Cumbre del Clima de Polonia probará si el mundo se toma en serio su propio acuerdo contra el cambio climático

Inundaciones en Málaga en 2016.

Raúl Rejón

Los países se sentarán frente a frente para comprobar cómo está cumpliendo cada uno con su parte en la lucha contra el cambio climático acordada en París en 2015 y que tiene un objetivo claro: limitar el calentamiento de la Tierra a menos de 2º C. El proceso se llama oficialmente Diálogo de Talanoa y debe completarse en la Cumbre del Clima de Katowice (Polonia) del 2 al 14 de diciembre. De la sinceridad de ese diálogo depende la revisión de esfuerzos climáticos que los firmantes del acuerdo tienen que presentar en 2020.

Los datos globales recogidos por los científicos ya han dado un respuesta general a esa pregunta: los compromisos actuales son cortísimos. La suma de lo que ha puesto cada estado encima de la mesa sobre reducción de emisiones de gases de efecto invernadero proyecta un calentamiento planetario por encima de 3 grados. Lógicamente, las emisiones actuales están muy por encima de lo necesario. En 2017 se lanzaron 53,5 gigatoneladas de CO, 0,7 más que un año antes. Para cumplir con París el volumen de 2017 debe recortarse un 25% (para los 2ºC) o un 55% para el 1,5, según ha calculado la ONU.

La COP 24 de Polonia no tiene el glamur de la cumbre parisina, pero pondrá a prueba si se toma en serio el cambio climático o se queda en palabras. De este Diálogo de Talanoa (un término tomado de la tradición fiyiana para resolver conflictos cara a cara) debería saberse dónde está China, EEUU, Brasil o Suráfrica, todos grandes emisores de CO. La directora de la Oficina Española de Cambio Climático, Valvanera Ulargui, tiene bastante claro que “la ambición global tiene que elevarse”. Y espera que el mensaje de la Unión Europea en ese sentido cale.

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, tiene turno en la sesión plenaria de jefes de Estado y Gobierno que se celebra este lunes en la ciudad polaca. La ministra para la Transición Ecológica, Teresa Ribera, encabezará la delegación durante la crucial semana política que empieza el 10 de diciembre. Una vez trazadas las líneas de las negociaciones en los primeros días de la cumbre, la intervención de los políticos marcan el éxito o el fracaso de estos encuentros internacionales.

El galimatías esconde mucho de política

El lenguaje de las cumbres es laberíntico, pero detrás del galimatías técnico, este diálogo “esconde mucho impulso político”, admiten fuentes del Gobierno días antes de marchar a Polonia. Si durante Talanoa, los países reconocen la realidad “mandaría un mensaje concreto potente”, concluyen. Ese mensaje debe traducirse en planes climáticos más profundos por parte de los firmantes del Acuerdo de París. ¿Fecha límite? El texto dice 2020.

Esos planes tienen un nombre, Intented National Determined Contribution (INDC), muy significativo: son las contribuciones que propone aportar cada país. No llevan la palabra compromiso. Ya en vísperas de la cumbre de París en 2015, la entonces responsable de la ONU sobre cambio climático, Cristina Figueres, afirmaba que estos planes dejarían el calentamiento en 2,7 ºC. La realidad científica es que lo llevarían a 3,4ºC.

El problema, hasta ahora, es que cada estado presenta el INDC como mejor entiende: algunos concretan mucho, otros hablan de generalidades poco comprobables… lo que dificulta mucho hacer una composición fidedigna. Así que en Katowice también va a discutirse un estándar para elaborar la siguiente ronda de INDC. España y Europa pretenden generalizar su modelo: “Que sean homogéneos, que se haga un seguimiento en toneladas de carbono”. Es una discusión “muy técnica”, admiten en el Gobierno. Pero es la única manera de comprobar si se está en la senda de mitigación de emisiones o no.

Durante las dos semanas previstas de la COP24 se abordarán otros temas desde la adaptación a los efectos que ya está provocando el cambio climático a la financiación para conseguir llegar a una economía descarbonizada. En ese sentido, el hecho de que la cumbre se celebre en Silesia, zona minera de carbón, es un movimiento explícito del Gobierno polaco para forzar medidas de transición justa. Es decir, que los sectores económicos y los empleos asociados con actividades lesivas para el clima tengan apoyo para reconvertirse. Y los mineros de carbón polaco sirven de ejemplo para poner esa realidad sobre la mesa.

La ecuación Katowice

Así que, la ecuación en Katowice 2018 es la siguiente: los científicos han dejado claro que son necesarias y urgentes “medidas sin precedentes” para evitar lo peor del cambio climático. Incluso dieron el plazo de una década para contener el calentamiento en 1,5ºC. La diferencia de impactos y millones de afectados entre una subida de 2 o 1,5 grados es superlativa, según expuso el Panel Internacional sobre Cambio Climatico en octubre pasado.

Las emisiones de gases de efecto invernadero han vuelto a subir y los esfuerzos deben multiplicarse por tres o cinco veces para hacer realidad el objetivo de París, según informó ONU-Medio Ambiente hace unos días. Los planes presentados por las partes del acuerdo proyectan un calentamiento de 3,4 ºC. Los países revisarán la situación en Polonia con vistas a la renovación de contribuciones obligatoria de 2020. El 14 de diciembre debería conocerse si se han mirado a un espejo real o deformado.

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