Has elegido la edición de . Verás las noticias de esta portada en el módulo de ediciones locales de la home de elDiario.es.
La portada de mañana
Acceder
La compra del ático temporal de Ayuso exigió confidencialidad al vendedor
La mayor entrada a Ceuta desde 2021: "Queremos ayudar a nuestros padres"
Opinión - 'No es una rectificación, es una pillada', por Esther Palomera

¿Qué hacer después del fuego?: “Volver al mismo paisaje no va a ser posible”

Superficie forestal quemada durante el incendio forestal de La Mierla en Muriel.

Gemma Barra

30 de julio de 2026 22:27 h

2

En lo que va de 2026, el fuego ha calcinado en España unas 200.000 hectáreas. Es el tercer peor año en una década, tras 2022 y 2025, y alrededor de 100.000 personas han sido evacuadas o confinadas por las llamas que han arrasado los municipios de Madrid, Ávila y Toledo. Ahora, con el regreso a casa de la mayoría de afectados y la estabilización de los incendios, surge la pregunta: ¿Qué ocurre después del fuego?

Pese a que “las personas que viven en el territorio quieren que el paisaje vuelva a ser como el que teníamos antes de que se produjera el incendio y una restauración inmediata”, el jefe de sección de gestión forestal de Ávila, Ángel Iglesias Aranz, advierte de que “la naturaleza va a un ritmo mucho más lento que el nuestro”. “Lo mismo nunca va a ser posible”, lamenta el técnico forestal, José Ramón González Pan.

Los expertos coinciden en que esta regeneración forestal debe ser “planificada” e insisten en que las actuaciones de reforestación no deben hacerse de forma “precipitada”. “Lo primero es hacer una evaluación de toda la situación, no se puede improvisar. Hay que analizar las unidades de las zonas y las unidades de obra —las áreas en las que se dividen los montes en función del tipo de vegetación y los trabajos que se realizan en ellas—”, señala González Pan. La vicedecana del Colegio Oficial de Técnicos Forestales, Marta Corella, explica que el análisis debe ser minucioso e ir “detalle a detalle”, aunque la prioridad justo después de extinguir o estabilizar un incendio es “atender a la población afectada, porque han perdido el entorno y su espacio”.

Justo después, coinciden en que debe “protegerse el suelo”. La principal preocupación son las fuertes lluvias. “Tras la época de incendios, e incluso durante ella, hay fenómenos torrenciales. Esas lluvias generan un segundo drama, que es la enorme pérdida de suelo que se produce”, explica Iglesias Aranz. Es una cuestión clave, puesto que “el suelo es el sustento de la vida” en la naturaleza.

Regeneración de la naturaleza o intervención

Inmediatamente después de la extinción no pueden comenzarse las labores de restauración forestal. Además del análisis exhaustivo de cada una de las zonas, ya que no todas responden igual ni han padecido el mismo tipo de fuego, hay que “dejar que la naturaleza responda, y ver cómo [lo hace], porque no hay prisa en repoblar”, cuenta el jefe de sección de gestión forestal de Ávila.

Estima que en la primera primavera tras los incendios se puede percibir si los mecanismos de autoregeneración han actuado: “A partir de ahí, tenemos que ver en qué zonas no se ha producido la regeneración natural, cuáles son las causas y analizar qué podemos hacer en el territorio para tratar de conseguir que vuelva a haber un estrato arbóreo”.

La intervención está condicionada por múltiples factores, uno de ellos es la “intensidad a la que haya pasado el fuego”, explica el divulgador y agente de medio ambiente de parques nacionales, David del Rosario. De nuevo, cada sitio tiene su peculiaridad: “No es sota, caballo y rey”.

González Pan señala la pendiente, la orientación, el grado de humedad o la aparición de rocas, como otras cuestiones a tener en cuenta. Los expertos también mencionan el arrastre que padece el agua de las lluvias, denominado como escorrentía.

Tras el análisis en el que los ingenieros forestales o de montes determinan “que había, que hay y cuál es la importancia de cada especie”, según del Rosario, se establecen las medidas de actuación en cada caso y siempre que sea necesario. Los responsables “elaboran un proyecto técnico en el que en un mismo monte se pueden tomar siete decisiones diferentes”, explica González Pan, que ejemplifica con algunas medidas: “En muchas zonas se toma la decisión de hacer macrosiembras con maquinaria manual y drones, en otros sitios se hacen plantaciones más costosas, planta a planta, también hay que retirar la madera...”.

Tareas de reforestación tras un incendio.

El técnico en gestión forestal Iglesias Aranz, denomina estos trabajos como restauración forestal, que se elabora mediante “técnicas de repoblación, preparación del terreno y plantación de especies”.

Sin capacidad de regeneración

Aunque muchas zonas se regeneran, por sí solas o con ayuda, otras no pueden debido a la “intensidad” con la que ha pasado el fuego. “Cuando un incendio libera una energía tan alta, acaba con el reservorio de semillas que siempre existen en el suelo, con lo cual no tiene capacidad de regeneración”, explica Marta Corella.

“Hay fuegos que lo queman todo”, sintetiza del Rosario, que señala a las especies: “Algunas no están acostumbradas al fuego, como las mediterráneas. Si el fuego es muy intenso, esa especie muere y te puedes cargar ese ecosistema”.

Corella e Iglesias explican que la reiteración de incendios en una misma zona dificulta e incluso imposibilita su regeneración: “Se pierde una superficie que es muy difícil de recuperar después de estos grandes incendios”.

El jefe de gestión forestal en Ávila recuerda que, pese a todos los años que lleva abordando trabajos de restauración, “nunca hemos alcanzado el 100% de éxito”. Esto se debe, según relata, a que hay zonas donde “la regeneración natural no se produce” y con “técnicas de repoblación” no son “capaces de llegar” al objetivo. Habla también sobre la “dificultad” de repoblar un terreno con mucha pedregosidad o “una pendiente muy elevada”.

Pese a la situación, hay ejemplos esperanzadores. El divulgador David del Rosario lo ilustra con el incendio de 2016 en La Palma: Aunque “fue un fuego bastante fuerte, ahora pasas por la zona y parece que no lo hubo”. Cuenta que se puede percibir por “las cortezas de los pinos que están negras”, pero toda la demás biodiversidad “está como si no se hubiera quemado”.

Incendio en La Palma en agosto de 2016.

Gestión y cambio climático

Aunque la emergencia climática está multiplicando su virulencia, los incendios son la tónica habitual cada verano. Por eso, España cuenta con una hemeroteca llena de planes de reforestación. Sin embargo, lamenta González Pan, es que estos no evitan que el monte “vuelva a arder 60 o 80 años después”. “Esa es nuestra tragedia, volvemos a quedarnos en el punto cero otra vez y toca volver a esperar años para la regeneración”, matiza.

“Debemos mejorar la infraestructura de defensa para tratar de evitar que se produzcan de nuevo. Si se ha producido un incendio tan grande es porque no teníamos una red sólida de defensa frente a los incendios”, explica Iglesias Aranz.

Corella considera que la estrategia debe ir más allá y abrir nuevas ventanas: “Gestionar el territorio nos ayudará a prevenir, pero también nos permitirá impulsar la bioeconomía, generar oportunidades en el medio rural y descargar la presión demográfica de las ciudades, entre otras”. La vicedecana insiste en que “no podemos dar la espalda” al 60% del territorio, que es el forestal. “¿Cómo es posible que un espacio que tiene tantísimos recursos no esté generando oportunidades en nuestra sociedad?”, reflexiona.

En general, insisten en que debe cuidarse el territorio. “Tenemos un paisaje de mosaico, que se convierte en cortafuegos. Pero sí está descuidado, como por ejemplo en el incendio de Zaragoza, el fuego sobre la superficie agraria va a mucha más velocidad”, expone el técnico forestal. Coincide Corella, que indica que “si no se trata”, puede convertirse en “mecha” para el siguiente incendio: “En nuestro país hay muchas zonas que se han regenerado después de un gran incendio. Por ejemplo, la Riba de Saelices, en Guadalajara, se ha regenerado, pero necesita un tratamiento. Si ahí volviera a entrar el fuego, yesca otra vez”.

Todos los expertos coinciden en que el cambio climático ha fomentado estos incendios por “las altas temperaturas, la pérdida de humedad de la vegetación, vientos fuertes”, pero González Pan señala a la ciudadanía: “El problema de todo esto es que si miramos para atrás, el 95% de los incendios no los provoca el cambio climático, son provocados por origen humano”. Por ello insta a que “se cometa menos imprudencias”: “La regeneración es trabajo de años, hay que hacer prevención sobre la víctima, el bosque, y sobre el que lo genera”.

Según los datos de la Unidad de Medioambiente de la Fiscalía General del Estado, más del 90% de los incendios forestales en España son causados por los humanos ya sea adrede, por accidentes o una negligencia. El 70% de los siniestros investigados se atribuyen a la última categoría. Pero el cambio climático es un factor que aviva estas catástrofes forestales porque “afecta al rigor climatológico”, cuestión que perjudica a la “evolución del fuego, a la severidad y, por consiguiente, a la forma de abordar la restauración de los incendios”, según Iglesias Ranz. El divulgador ambiental, David del Rosario, explica que este fenómeno “complica y ralentiza” la recuperación, además “aumenta la posibilidad de haya otro incendio antes de que se regenere el ecosistema”.

Marta Corella subraya que la naturaleza sigue un “proceso adaptativo” y que, mediante la Estrategia Forestal Española horizonte 2050 y el Plan Forestal 2032, el objetivo es “llegar con el territorio adaptado” a esta situación. “Si nosotros actuamos bien y si no actuamos es igual, al 2050 te garantizo que la naturaleza llegará adaptada”, sintetiza. Y alerta de la situación: “Es algo muy serio lo que estamos viendo, creo que la gente no está entendiendo la magnitud”.

Etiquetas
stats