Nacida en Moldavia pero criada en Catalunya, esta tenista se retira tras demostrar una gran personalidad dentro y fuera de la pista

Fuera de la pista, su curiosidad intelectual la llevó a cursar estudios superiores de Historia, Geografía e Historia del Arte

Alberto Gómez

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La tenista Aliona Bolsova ha decidido guardar su raqueta para siempre y bajar el telón de su carrera profesional en el mismo lugar donde sus sueños empezaron a cobrar forma competitiva. Nacida en la ciudad moldava de Chisináu pero afincada desde su infancia en Palafrugell, en la provincia de Girona, esta deportista ha representado la dualidad de una identidad forjada entre dos tierras lejanas. Su despedida oficial del tenis se ha producido en el torneo WTA 125 de La Bisbal d’Empordà, un escenario cargado de simbolismo emocional situado a escasos kilómetros de su hogar. 

A los veintiocho años, la tenista catalana cierra un ciclo vital marcado por la búsqueda constante de su propio bienestar emocional y personal. Se retira con la paz de haber cumplido sus objetivos personales, priorizando ahora su salud sobre la exigencia del circuito. El adiós definitivo tuvo lugar en un ambiente de profunda camaradería y respeto deportivo frente a su gran amiga Marina Bassols sobre la pista gerundense. Aunque el marcador final favoreció a su rival, el resultado fue lo de menos en una jornada dedicada enteramente al tributo. Bolsova demostró su carácter combativo hasta el último segundo, forzando un tenso desempate que mantuvo al público expectante antes del abrazo final en la red. 

Tras el encuentro individual, la jugadora aún se permitió un “último baile” profesional participando en el cuadro de dobles junto a la propia Bassols. Fue un cierre circular y coherente para una atleta que siempre valoró los vínculos humanos por encima de las frías estadísticas. La trayectoria de Bolsova alcanzó su cenit mediático durante el torneo de Roland Garros en su edición de 2019, donde llegó de forma sorprendente a octavos de final. Aquella incursión desde la fase previa la situó bajo un foco internacional que, paradójicamente, llegó a abrumarla profundamente debido a su naturaleza reservada y discreta. 

Su preferencia por jugar con pantalones cortos en lugar de la tradicional falda fue solo una muestra externa de sus profundas convicciones feministas y sociales

Logró alcanzar el puesto 88 del ranking mundial, una cifra que ella siempre consideró secundaria frente a la necesidad de sentirse plenamente realizada. Para Aliona, el éxito en el tenis nunca se midió en trofeos o posiciones, sino en la capacidad de mantener su integridad personal intacta. Siempre fue una jugadora que cuestionó los estándares tradicionales de triunfo, buscando un camino mucho más auténtico y propio. Conocida por ser una tenista “underground”, Bolsova rompió moldes estéticos y sociales en un circuito que a menudo percibía como excesivamente superficial y elitista. Su preferencia por jugar con pantalones cortos en lugar de la tradicional falda fue solo una muestra externa de sus profundas convicciones feministas y sociales. 

Se sentía mucho más cómoda en ambientes liberales y diversos, alejándose voluntariamente del mundo de las grandes apariencias, los patrocinadores influyentes y los egos desmedidos. Esta autenticidad la convirtió en una figura referente para quienes buscan un deporte más humano, solidario y consciente de la realidad. Para ella, el tenis era una profesión, pero nunca permitió que esa identidad definiera la totalidad de su ser.

Sin embargo, el camino hacia esta paz interior no estuvo exento de momentos que pusieron a prueba su salud mental desde joven. A los dieciocho años ya optó por una primera retirada temporal debido a problemas de alimentación y una presión insoportable que no sabía gestionar. En aquel entonces, veía el tenis profesional como un “agujero negro” del que necesitaba escapar desesperadamente para poder sanar sus traumas de infancia. Aquella etapa en Estados Unidos, compaginando el estudio con el tenis universitario, fue su tabla de salvación para reconstruir una identidad que se sentía fragmentada. Fue un periodo necesario de alejamiento para entender que su bienestar físico y psicológico era lo más importante.

Su regreso al circuito profesional estuvo motivado por un deseo pragmático de independencia económica y por la voluntad de encarar sus miedos. Con la madurez de quien ha estado en el abismo, Aliona decidió utilizar el deporte como una herramienta de introspección para reconciliarse con su pasado. Logró ganar nueve títulos individuales del circuito ITF y representar a España en siete eliminatorias de la prestigiosa Billie Jean King Cup. Cada victoria en la pista era secundaria al proceso interno de entender que su valía personal no dependía de un resultado. El tenis se convirtió así en un campo de entrenamiento no solo físico, sino también para su propio autodescubrimiento emocional.

Curiosidad intelectual

A pesar de sus logros, Bolsova nunca ocultó su incomodidad con los ritmos frenéticos y la exigencia de un calendario que consume la energía vital de los jugadores. La tenista ha criticado abiertamente la falta de descanso en la sociedad actual. Para ella, estar veinticuatro horas centrada en la profesión suponía un sacrificio que ya no estaba dispuesta a realizar a cambio de subir puestos. Prefirió la solidaridad de los torneos de menor categoría, donde las jugadoras se apoyan mutuamente, frente a la fría competitividad de la élite. Esta visión crítica sobre la salud mental y la precariedad del sistema la desmarcó del discurso deportivo más convencional.

Fuera de las líneas blancas de la pista, su curiosidad intelectual la llevó a cursar estudios superiores de Historia, Geografía e Historia del Arte con éxito notable. Aliona se describe como una apasionada de la escultura clásica, dedicando sus ratos libres entre torneos a estudiar apuntes y preparar exámenes finales en la universidad. Esta faceta académica le ha permitido entender que existe un mundo vasto y fascinante más allá de la etiqueta reduccionista de “tenista profesional”. Ahora se preparará para explorar otras salidas profesionales que conecten con sus verdaderas inquietudes vitales. Su retirada no es un final, sino el comienzo de una etapa donde podrá explotar todas sus facetas ocultas.

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