El depósito de tu coche no está lleno de dinosaurios licuados y la realidad es menos impactante: así se consigue el petróleo realmente

Gasolina

Héctor Farrés

9 de agosto de 2025 13:56 h

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La imagen de un gran meteorito atravesando el cielo se vincula con uno de los episodios más drásticos de la historia de la Tierra. En aquel momento, hace unos 66 millones de años, los dinosaurios vivían repartidos por todos los continentes y mantenían ecosistemas completos con especies terrestres, voladoras y marinas. Un asteroide de unos 10 kilómetros de diámetro irrumpió en la atmósfera liberando una energía colosal que transformó el planeta.

El impacto, que tuvo lugar en la actual península de Yucatán, desencadenó incendios masivos, tsunamis y una nube de polvo que bloqueó la luz solar durante meses. Esa cadena de acontecimientos cambió de forma irreversible el curso de la vida y marcó el final de la era mesozoica, lo que conecta directamente con el mito que atribuye el petróleo a estos animales extinguidos.

La ciencia demuestra que el petróleo se formó gracias a diminutos organismos marinos y no a los grandes reptiles del pasado

Aunque se haya repetido con insistencia, la idea de que el petróleo proviene de dinosaurios carece de respaldo científico. Las investigaciones geológicas explican que la mayor parte de este recurso se formó a partir de organismos microscópicos marinos como el plancton y ciertas algas, que se depositaron en fondos marinos carentes de oxígeno y quedaron enterrados bajo sedimentos.

Con el paso de millones de años, el calor y la presión transformaron esa materia orgánica en hidrocarburos líquidos. Este proceso ha sido documentado por múltiples estudios, entre ellos los publicados por la Universidad de Oslo, donde el geólogo Reidar Müller detalla que los fósiles de grandes reptiles prehistóricos hallados en capas cercanas a depósitos de crudo no implican un origen común.

La ciencia desmonta la creencia de que el petróleo provenga de dinosaurios

Las condiciones necesarias para generar petróleo son muy específicas y poco compatibles con los restos de grandes animales. Un plesiosaurio, por ejemplo, al morir en el mar habría atraído rápidamente a peces, crustáceos y otros carroñeros que descompondrían su cuerpo en poco tiempo. Este fenómeno es similar al observado hoy cuando un cadáver de ballena llega al fondo oceánico, donde se convierte en una fuente de alimento para múltiples especies antes de que pueda quedar cubierto por sedimentos. En cambio, los organismos microscópicos que forman la base del petróleo se acumulan en grandes cantidades, lo que permite que queden aislados del oxígeno y se preserven el tiempo suficiente para transformarse.

La presencia de fósiles en yacimientos petrolíferos no implica que se transformaran en combustible

Los registros geológicos muestran que gran parte de las reservas actuales se originaron entre hace 65 y 252 millones de años, en mares poco profundos que combinaban aguas ricas en vida en la superficie y fondos estancados sin oxígeno. Allí, el material orgánico caía en capas sucesivas que lo protegían de la descomposición.

La presión de los sedimentos superiores y el calor interno de la Tierra acababan generando el crudo, que quedaba atrapado en formaciones rocosas impermeables hasta que una perforación o un fenómeno natural lo liberaban.

Las excavaciones petrolíferas han encontrado fósiles en las proximidades de algunos yacimientos, pero su presencia no significa que esos animales se transformaran en combustible. De hecho, un fósil bien conservado es prueba de que el organismo quedó enterrado sin descomponerse por completo, en un entorno diferente al que produce hidrocarburos. Si hubiera pasado por ese proceso, no quedaría resto físico que excavar, solo compuestos químicos convertidos en petróleo o gas.

La publicidad del siglo XX reforzó la falsa relación entre dinosaurios y petróleo

El mito de los dinosaurios como fuente del petróleo no solo se ha mantenido por desconocimiento científico, sino también por campañas publicitarias muy efectivas. Una de las más influyentes fue la de la compañía estadounidense Sinclair Oil, que en la Exposición Mundial de Chicago de 1933 utilizó figuras de dinosaurios para asociar el crudo con la era mesozoica.

Campañas como las de Sinclair Oil en ferias internacionales usaron la imagen de estos animales extintos para asociar la era mesozoica con el origen del crudo

Décadas después, repitieron la estrategia en la Feria Mundial de Nueva York de 1964, consolidando la imagen del brontosaurio como emblema corporativo y reforzando la creencia en generaciones enteras.

El carbón procede de antiguos bosques y no guarda relación con la extinción de los dinosaurios

En cuanto al carbón, otro combustible fósil, su origen está aún más alejado de los dinosaurios. Procede de acumulaciones de materia vegetal de épocas como el Carbonífero, hace más de 300 millones de años, cuando vastos bosques y pantanos cubrían la Tierra.

Formado hace más de 300 millones de años a partir de acumulaciones vegetales en zonas pantanosas, el carbón surgió de la presión y el calor sobre esa biomasa

Al quedar sepultada bajo sedimentos, esa biomasa vegetal se transformó bajo presión y temperatura en el mineral sólido que hoy se extrae, con fósiles vegetales y ocasionalmente animales preservados en su interior, pero sin que estos participaran en su formación.

Por lo tanto, el atractivo de imaginar coches moviéndose gracias a restos de tiranosaurios o triceratops ha sido útil para campañas comerciales, aunque la realidad científica se sustenta en una historia mucho más diminuta. Son los organismos invisibles para el ojo humano los que, tras millones de años de cambios geológicos, dieron lugar a una de las fuentes de energía más usadas por nuestra especie, algo que los grandes reptiles de la era mesozoica jamás habrían podido prever.

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